
Hace unas décadas, incluso siglos, los ancestros acostumbraban a nombrar a sus hijos con el nombre del santo del día en que nacieron, no en vano en las famosas “Mañanitas” hay una estrofa que dice: “Hoy por ser día de tu santo te las cantamos aquí…”.
El onomástico hace alusión día en que se festeja algún santo, aunque es común que mucha gente lo use como sinónimo de cumpleaños, lo cual es erróneo, pues al hablar de él sólo se alude al listado de los nombres del santoral.
Como se indica en el calendario santoral, hoy también se conmemora a las mujeres y hombres que destacaron por tener conexiones especiales con las divinidades, que hicieron buenas acciones por el prójimo y que tenían una elevada ética y moral, motivos que los llevaron a ser canonizados o beatificados y formar parte del santoral.
Este es el santoral del viernes 16 de enero.
Celebración del día: San Marcelo I, Papa
En Roma, en el cementerio de Priscila, en la vía Salaria Nueva, sepultura de san Marcelo I, papa, que, como recuerda el papa san Dámaso, fue un verdadero pastor, por lo que sufrió mucho, siendo expulsado de su patria y muriendo en el destierro por haber sido denunciado falsamente ante el tirano por algunos que despreciaban la penitencia que les había impuesto. En la lista de los sucesores de Pedro hace el número treinta. Era una época en la que los papas vivían poco tiempo por las persecuciones. Si ser cristiano era un continuo peligro de perder la vida, ser elegido Pastor supremo, con carácter necesariamente visible, era un boleto con premio de martirio. Eso fue, con sus peculiaridades lo que sucedió con San Marcelo que sólo pudo gobernar la Iglesia un año, del 308 al 309. Tenía ya la Iglesia una innegable entidad en el siglo III. Las persecuciones de Decio y Valeriano habían conseguido robustecerla más que aniquilarla. Galieno abrió un período de paz que permitió pudiera organizarse mejor en todo lo que pudiera facilitar la atención espiritual a sus fieles y también con vistas a la difusión del misterio. Entre los años 284 al 305 es emperador Diocleciano que, repetuoso con los cristianos al principio termina con la más violentas de las persecuciones, la del 303 al 305, sembrando de mártires el Imperio. El papa San Marcelino fue una de sus víctimas en el año 304. Desde la muerte de este papa no pueden reunirse los obispos para elegir sumo pontífice y vaca la Santa Sede por un paréntesis de tres o cuatro años, dependiendo de que se date en el 307 o el 308 la elección de Marcelo, según se use el catálogo liberiano o se empleen otras fuentes. El hecho es que, elegido papa el presbítero romano Marcelo que en los días de persecución fue uno de los firmes puntales de la comunidad, se impone como tarea principal la reorganización de la Iglesia. Tiene un carácter fuerte, enérgico aunque sereno y templado; como don, la tenacidad en sus propósitos. Habilita nuevas iglesias, reorganiza la jerarquía, consagra obispos y sacerdotes, abre las puertas a la reconciliación -después de una oportuna penitencia- a los famosos ´lapsiª que tantos conflictos trajeron a la Iglesia en aquellos tiempos y que habían apostatado por debilidad en los días amargos de la persecución. Precisamente con este motivo una sección de la Iglesia comienza a tildar a Marcelo de excesivamente riguroso; otros en cambio le consideran blando por conceder el perdón. Es la consabida pugna entre el rigor intransigente y la indulgencia intolerable. Él sólo quiere mantener la indispensable disciplina penitencial. Pero en Roma hay revueltas callejeras entre los cristianos; algunos pierden el control y se llega en alguna ocasión hasta la sangre. Majencio hace responsable de los desórdenes a Marcelo y lo condena al destierro. Fue un atropello utilizar la cuestión interna de la Iglesia como pretexto para quitar la cabeza de la religión objeto de odio. En el año 308 o en el 309 según la documentación que se emplee, muere el papa Marcelo en su destierro consumido de dolor y privaciones. En las actas escritas varios siglos más tarde se adorna el oscuro tiempo de exilio con escenas que engrandecen la vida de Marcelo. Le hacen cumplir los oficios de criado; lo ponen limpiando el establo de sus dueños; alguien lo vió limpiado las caballerizas públicas de Roma y otros relatan que escribió cartas a los obispos de Antioquía pidiendo incondicional comunión con la Sede de Roma. Esto no se puede afirmar como cierto. Desde luego, maltrecho, desterrado, con la responsabilidad de toda la Iglesia, imposibilitado para cumplir su misión.. no lo debió pasar muy bien. Merece las gracias por su generosa fidelidad en el gobierno de la Barca de Pedro que anima nuestro ¡tantas veces! tibio amor y pobre conducta al secundar los silbidos del Buen Pastor.
Junto a este personaje hay otros santos y mártires a los que también se les celebra este viernes 16 de enero como los siguientes:
San Acursio (s. XIII)
San Pedro, mártir (s. XIII)
San Otón (s. XIII)
San Triverio (s. VI)
San Tiziano (s. V)
San Leobato (s. V)
San Melas (s. IV)
Santa Juana (s. XII)
Beato José Vaz (s. XVIII)
Beata Juana María Condesa Lluch (s. XX)
Beato José Antonio Tovini (s. XIX)
San Jacobo obispo de Tarantasia (s. V)
San Honorato (s. V)
San Furseo (s. VII)
San Danacto
San Adyuto (s. XIII)
Beatificación y canonización

El santoral es el conjunto de personas (mujeres y hombres) que son veneradas por la Iglesia al ser proclamados como santos o beatos en una fecha determinada en el calendario.
En el trayecto hacia la canonización hay cuatro pasos: el primero es ser nombrado como siervo de Dios, el segundo es ser venerable; el tercer paso es ser beato y, finalmente, el cuarto paso es ser santo.
La beatificación sólo la pueden lograr los fieles que hayan fallecido con fama de ser santos en diversos sitios y este proceso se puede llevar a cabo de dos formas: a través de una causa de virtudes heroicas y la segunda es el martirio, es decir, si la persona murió a causa de su fe.
Por otro lado, el proceso para convertirse en santo implica sumar el nombre de la persona santificada en el canon (lista de santos reconocidos) y con ello se permite que la comunidad creyente le rinda culto público y universal, en tanto, se le asigna una fiesta litúrgica, se le dedican altares, capillas y se reconoce su poder para interceder ante Dios.
Aunque la Iglesia no ha dado una cifra exacta, se cree que actualmente habría hasta nueve mil santos reconocidos. De acuerdo con el Martirologio Romano, actualizado en el 2005, la Iglesia Católica cuenta con al menos siete mil santos, aunque no se cuenta a los mártires, por lo que muchos piensan que incluso la cifra podría llegar a las 20 mil personas.
En la historia reciente, el Papa Juan Pablo II logró canonizar a 388 santos, mientras que el papa Francisco ha batido todos los récords luego de que al día de hoy ha canonizado a 898 santos, 800 de ellos al mismo tiempo.
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