El podcast de Ricardo Lorenzetti: el derecho a la igualdad y el olvido del progresismo

El episodio propone una revisión crítica del derecho a la igualdad a partir del derrumbe del Estado de bienestar, el aumento de la desigualdad y el desplazamiento del debate político desde los derechos sociales hacia las identidades y las oportunidades individuales

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La igualdad fue uno de los grandes pilares sobre los que se construyó la promesa democrática del siglo XX. Derechos sociales, estabilidad laboral y expansión de la clase media permitieron durante décadas reducir desigualdades y ordenar la vida colectiva. En el siglo XXI, ese modelo entró en crisis y el derecho a la igualdad volvió a discutirse, pero ya no desde las mismas bases ni con las mismas certezas.

“En el siglo veintiuno hay un aumento de la desigualdad en todo el mundo”, afirma Ricardo Lorenzetti al comenzar el Episodio 24 de El podcast de Ricardo Lorenzetti. A diferencia de otras épocas, explica, esa desigualdad no genera hoy una reacción colectiva organizada. La riqueza se exhibe de manera masiva a través de las redes sociales y, lejos de ser cuestionada, se imita. Ese fenómeno produce una sensación de inestabilidad permanente, sobre todo entre los jóvenes, que persiguen modelos de éxito inalcanzables. “Los sueños revolucionarios del siglo veinte fueron reemplazados por pesadillas, que es la pesadilla que produce lo inalcanzable”, señala.

El episodio vincula este cambio cultural con una transformación profunda del debate político. Los sectores que se identifican con la derecha cuestionan el derecho a la igualdad y sostienen que alcanza con garantizar educación y libertad de acción: a partir de allí, cada individuo debe asumir las consecuencias de sus decisiones. Del otro lado, la izquierda —históricamente asociada a la defensa de los derechos sociales— desplazó su foco hacia los derechos culturales y las identidades, reduciendo su compromiso con la igualdad material.

“En el siglo veintiuno se habló cada vez menos de derechos sociales y cada vez más de derechos culturales”, observa Lorenzetti. Ese corrimiento, explica, produjo un achicamiento del discurso progresista y una crisis política visible en buena parte de Occidente. La igualdad dejó de pensarse como una cuestión de condiciones de vida y pasó a vincularse principalmente con el reconocimiento simbólico.

Para comprender este proceso, el episodio reconstruye la evolución histórica del derecho a la igualdad. En el siglo XIX, la igualdad fue concebida como igualdad formal: todos los hombres nacen libres e iguales. Sin embargo, esa afirmación era abstracta y excluyente. Dejaba fuera a mujeres, esclavos y amplios sectores sociales, y omitía un dato central: la desigualdad económica condiciona de manera decisiva la libertad. “No es lo mismo la libertad de una persona que tiene riqueza que la de alguien que vive en la calle”, advierte Lorenzetti.

Esa constatación dio origen, en el siglo XX, al Estado de bienestar y a la búsqueda de una igualdad real. A través de los derechos sociales, se procuró estabilizar las condiciones de vida de quienes ocupaban determinadas posiciones laborales y profesionales. Trabajo, salud, educación, jubilación y protección frente al desempleo conformaron un entramado que permitió reducir la desigualdad y consolidar una amplia clase media.

Los derechos sociales, explica Lorenzetti, crearon “posiciones” que garantizaban estabilidad. Quien ocupaba una de esas posiciones accedía a un conjunto de beneficios que no dependían del mercado. Ese modelo fue aceptado tanto por gobiernos de izquierda como de derecha, en parte como un modo de evitar la radicalización política durante la Guerra Fría. “La derecha no le podía hacer nada a los médicos, a los notarios, a los campesinos, a los propietarios. Y la izquierda nunca podía tocar a los docentes, a los funcionarios, a los asalariados de las empresas públicas que los votan”, recuerda, citando a François Dubet.

En el siglo XXI, ese equilibrio se quebró. El derrumbe de la sociedad salarial, la precarización del empleo y la expansión de derechos hacia personas sin ingresos pusieron en tensión el financiamiento del Estado de bienestar. Al mismo tiempo, el discurso político comenzó a desplazarse hacia la igualdad de oportunidades. En lugar de garantizar posiciones estables, se propone ofrecer un punto de partida común y aceptar la desigualdad como resultado del mérito o del fracaso individual.

Ese cambio tiene consecuencias profundas. “Uno está permanentemente luchando para no caerse”, señala Lorenzetti, retomando a Robert Castel y su idea del “ascenso de las incertidumbres”. La igualdad de oportunidades consolida un escenario de riesgo permanente, donde la estabilidad desaparece y la caída social es siempre posible.

El episodio también revisa las críticas al modelo de igualdad de posiciones. Desde la izquierda, se advierte que la red de protección tiene agujeros: trabajadores precarios, jóvenes, mujeres solas, inmigrantes y sectores informales quedan fuera de muchos derechos sociales. Desde una perspectiva económica, se cuestiona la sustentabilidad del sistema en contextos de bajo crecimiento, envejecimiento poblacional y posibles aumentos del desempleo vinculados a la inteligencia artificial.

A estas críticas se suma una objeción política: el modelo de posiciones tiende a ser conservador. Quienes acceden a una posición protegida buscan conservarla, lo que puede desalentar la innovación y el cambio. También se señala el riesgo de generar dependencia del Estado y de transformar a los ciudadanos en deudores permanentes de políticas públicas.

Sin embargo, el episodio subraya que, pese a sus límites, la igualdad de posiciones tuvo un efecto decisivo: redujo la desigualdad, fortaleció la clase media y sostuvo la cohesión social durante décadas. Los países que apostaron por ese modelo —especialmente en el norte de Europa— exhiben niveles de desigualdad mucho menores que aquellos que adoptaron esquemas más liberales.

La crisis actual del derecho a la igualdad, concluye Lorenzetti, no es solo económica ni cultural: es política. El abandono de los derechos sociales por parte del progresismo y la exaltación unilateral de la igualdad de oportunidades por parte de la derecha dejaron un vacío que se traduce en frustración, inestabilidad y desconfianza. Lo que está en juego es la capacidad de las democracias para sostener un mínimo de cohesión social en sociedades atravesadas por la incertidumbre.

El debate continuará en el próximo episodio, dedicado a la igualdad de oportunidades y a sus implicancias jurídicas, sociales y políticas en el siglo XXI.

Todos los lunes a las 9, un nuevo episodio de El podcast de Ricardo Lorenzetti en Infobae y Spotify.