Cómo se escribe según la RAE: azotar un lugar o azotar a un lugar

Aunque escribir bien no es una tarea sencilla, requiere de práctica y de conocer las estructuras de la lengua

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En un mundo regido por la inmediatez parecería que la ortografía ha dejado de tener importancia, sin embargo, el escribir textos con coherencia y sin erratas siempre traerá beneficios en todos los ámbitos.

En lo laboral, el escribir de forma correcta deja ver a los demás las habilidades y conocimientos que se poseen; además, ayuda a construir una imagen óptima a través de la cual puedes parecer más serio y confiable. El tener errores de ortografía y sintaxis pueden, por el contrario, dar un pensamiento negativo que te haría parecer descuidado o poco preparado.

Por otro lado, el tener la capacidad de hacer un texto bien escrito habla también de la personalidad, al mostrar interés por siempre construir un buen puente de comunicación con los interlocutores.

Aunque escribir bien no es una tarea sencilla, requiere de mucha práctica y de conocer las estructuras de la lengua, por lo que leer puede ser un gran apoyo para la riqueza del léxico.

En este sentido, la Real Academia Española (RAE) se ha convertido en la institución más relevante para la regularización lingüística, a través de la promulgación de normas para fomentar la unidad idiomática del mundo hispanohablante.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu), una institución sin ánimo de lucro que tiene como objetivo el impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación, se ha aliado con la RAE y emite en su página web y de manera constante diversos tips para que los ciudadanos puedan resolver sus dudas sobre cómo se escribe correctamente cierta palabra, cómo se usa una expresión o tips de temáticas varias.

Usos y ejemplos

Para indicar que se sufren daños o destrozos en un lugar, lo más adecuado es que el complemento de azotar se construya sin a: azotar una región, mejor que azotar a una región.

Sin embargo, es frecuente encontrar en la prensa ejemplos como «El temporal de lluvia y viento azotó a Gijón», «Las precipitaciones azotan a gran parte del territorio nacional» o «Así fue la tormenta solar extrema que azotó a la Tierra hace 9200 años».

Como apunta el Diccionario de la lengua española, el verbo azotar significa, en uno de sus sentidos, ‘producir daños o destrozos de gran importancia’. En este caso, el complemento del verbo señala qué se ve afectado por tal situación y, al referirse a lugares, lo más indicado es que no se emplee la preposición a.

El uso de a sí es adecuado en los casos en los que existe una personificación del lugar damnificado, tal como señala la gramática académica. Así, es válido escribir la preposición en ejemplos como «La sequía azota al país, que deberá reducir su consumo de agua», en el que país no se refiere al territorio, sino que designa a las personas que habitan en él. Igualmente, cuando este verbo se utiliza con el sentido de ‘dar azotes a alguien’, se emplea la preposición: «Un comerciante azotó a un hombre al que acusó de haberle robado».

Así pues, en los ejemplos del inicio habría sido preferible escribir «El temporal de lluvia y viento azotó Gijón», «Las precipitaciones azotan gran parte del territorio nacional» y «Así fue la tormenta solar extrema que azotó la Tierra hace 9200 años».

¿Para qué sirve la RAE?

Fundada en Madrid en 1713 por iniciativa del octavo marqués de Villena, Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, la RAE es la institución que busca preservar el buen uso y la unidad de una lengua en permanente evolución y expansión.

Sus más recientes estatutos (actualizados en 1993), establecen que la función principal de la Real Academia es “velar por que la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad”.

Este compromiso se ha plasmado en la denominada política lingüística panhispánica, compartida con las otras 22 corporaciones que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), creada en México en 1951.

Actualmente, la institución está constituida por 46 académicos, entre ellos el director y los demás cargos de la Junta de Gobierno, elegidos para mandatos temporales.

Una de las críticas que se le han hecho a la RAE es su negativa a reconocer palabras o expresiones que han surgido entre las generaciones más jóvenes, sobre todo a raíz de la aparición de las redes sociales. Una de las polémicas más recientes es el reconocimiento del lenguaje inclusivo.

Sin embargo, en el 2020 optó por lanzar el Observatorio de Palabras, un repositorio digital que ofrece información sobre palabras o acepciones de palabras y expresiones que no aparecen en el Diccionario de la Lengua Española (DLE), pero que han generado dudas en cuanto a su uso, tales como neologismos, extranjerismos, tecnicismos, regionalismos, entre otros.

La información contenida en el Observatorio es provisional al no estar contemplada en las obras académicas, por lo que puede verse modificada y cambiar con el paso del tiempo, pero ello no implica que se acepte su uso.

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