El momento en que Antonieta Herrera vio uno de sus vestidos en una boda en Seúl confirmó que su vida había dado un giro notable. La joven que partió de Jalapa en 2000, dejando a sus hijos en Nicaragua, había conseguido que su trabajo cruzara fronteras y llegara a clientas en Asia y Europa. Hoy, Herrera dirige un atelier en Madrid, donde su nombre se asocia tanto con celebridades como Luis Miguel y Richard Gere como con novias e invitadas de distintos países.
Las prendas creadas en su taller han vestido a novias de Inglaterra, Corea del Sur, China y Japón. En abril de 2025, uno de sus diseños fue elegido por Alejandra Capetillo para su preboda, consolidando su presencia en el mundo de la alta costura, según relató la propia diseñadora a Confidencial.digital.
De Jalapa a la alta costura en Madrid
La historia de Herrera comenzó en una casa llena de máquinas de pedal y retazos. La costura era una tradición familiar: su bisabuela ya era costurera y su madre atesoraba esa máquina como un bien irremplazable. A los 12 años, Antonieta tomó su primer curso de corte y confección y, antes de terminar la secundaria, ya tenía clientas propias.
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La idea de emigrar nació temprano. Según contó al medio Confidencial.digital, desde niña repetía que se iría a vivir fuera y que tendría una firma con su nombre. Cuando llegó el momento, investigó academias en Milán, París y Madrid, eligiendo España por la rapidez de respuesta y la comodidad del idioma. El 11 de octubre de 2000 aterrizó en Madrid, y al día siguiente ya estaba en la academia.
Antes de establecerse en la capital, vivió en Valencia y Cádiz, pero siempre mantuvo el vínculo con su formación y con una profesora que la animaba a regresar a Madrid. El salto profesional llegó cuando le ofrecieron ser jefa de taller en Jorge Blanco Costur, donde trabajaban figuras como Nuria March y Marta Sánchez. Ese fue su primer empleo formal en la industria.
Herrera compaginó estudios y trabajo, sin apoyo económico familiar y con la presión de reunir a sus hijos en España. Cuando abrió su primera tienda, la clientela ya la conocía, pero lo que más la emocionó fue ver su nombre en el rótulo. Además, durante varios años gestionó un almacén de mercerías en el centro de Madrid, donde conoció a Tamara Falcó, quien, tras ver los vestidos en el local, pidió su contacto y se inició una amistad que resultó clave para futuras oportunidades, como detalló a Confidencial.digital.
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Clientes de alto perfil y una estética personal
Durante la pandemia, Tamara Falcó la recomendó a Isabel Preysler, quien necesitaba una nueva modista tras la jubilación de su costurera de toda la vida. Desde entonces, Herrera confecciona, ajusta y arregla prendas para Preysler, incluyendo piezas de firmas internacionales. Ese círculo de confianza la llevó a encargos para Luis Miguel, Richard Gere, Marta Sánchez y Margarita Vargas, y en Italia conoció a Denny Méndez. Según relató, a través de una firma colaboradora, ha confeccionado piezas para la reina Letizia cuando así lo requieren.
La explicación de cómo una diseñadora nicaragüense alcanzó un sector tan exclusivo está en su constancia, formación y una red de contactos forjada con el tiempo. Su clientela abarca desde la realeza hasta novias que buscan seguridad y distinción en un día especial.
Herrera define su propuesta como minimalista y elegante, con prendas que buscan la distinción sin sobrecarga. “Menos es más. Entre menos recargas una prenda, más elegante es”, afirma. Pero, en sus palabras, esa sobriedad convive con el colorido y la alegría que asocia con Nicaragua. Su colección Europa sintetiza la fusión entre la sofisticación continental y el toque del trópico. Hoy, con sus hijos ya establecidos en España, Herrera sigue cumpliendo el plan que imaginó de niña: confeccionar historias y acompañar a sus clientas en momentos únicos, según recoge Confidencial.digital.
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