Estados Unidos endureció sanciones migratorias contra funcionarios y allegados del gobierno de Nicaragua tras la muerte bajo custodia del líder indígena Brooklyn Rivera.
La medida, fue anunciada este lunes 8 de junio de 2026 por el secretario de Estado Marco Rubio, a través de un comunicado publicado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.
“La Administración Trump ha tomado medidas decisivas para imponer restricciones adicionales en materia de visados a más de 100 funcionarios de la dictadura y a sus familiares. Con este nuevo conjunto de restricciones, el Gobierno de Estados Unidos ha tomado medidas para imponer restricciones en materia de visados a más de 2,350 funcionarios nicaragüenses y a sus familiares por su papel cómplice en la dictadura de Rosario Murillo y Daniel Ortega. Estados Unidos permanece junto al pueblo nicaragüense que, al igual que Rivera, aspira a ver una Nicaragua libre”, detalla el comunicado.
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El gobierno de Estados Unidos responsabilizó a autoridades nicaragüenses por la falta de atención médica a Rivera y por negar a su familia derechos funerarios. Washington identificó a Lumberto Campbell Hooker entre los implicados y lo señaló por su intervención en la denegación de asistencia y el impedimento al sepelio.
La respuesta de Estados Unidos
Las nuevas sanciones migratorias, anunciadas por Rubio, buscan castigar a quienes, según Washington, participan o se benefician de políticas antidemocráticas y de restricciones a libertades básicas.
Estados Unidos justificó el aumento de sanciones con la proclama presidencial 10309, que prohíbe la entrada al país a quienes colaboren con prácticas represivas.
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La medida se suma a acciones previas, incluidos bloqueos a sectores como el oro y restricciones comerciales a empresas aliadas al régimen.
Rubio afirmó: “La dictadura Murillo-Ortega es enemiga de la humanidad. La Administración Trump no ignorará sus crímenes y brutalidad, incluido el papel singular de la dictadura en la muerte del líder de la oposición política Brooklyn Rivera”.
Contexto internacional y denuncias
Desde abril de 2018, Nicaragua enfrenta una escalada de represión documentada por organismos como la OEA y la ONU, que han señalado al régimen por crímenes de lesa humanidad.
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El país registró el cierre de organizaciones civiles, el encarcelamiento de opositores y el destierro de cientos de ciudadanos, entre ellos periodistas y religiosos.
El politólogo Manuel Orozco realizó un extenso análisis del impacto del régimen en el país, y lo calificó como “una etapa de desgaste acelerado tras la radicalización y la concentración del poder desde 2018 hasta 2026″.
De acuerdo con Orozco, en ese período, crecieron la represión, el deterioro de la economía familiar y el aislamiento internacional, en un ciclo que Orozco ubica en 14 años.
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Según Orozco, el 73% de los nicaragüenses no se percibe libre, el 45% considera que el país sigue un rumbo negativo y un 25% opta por el silencio por temor a represalias. El análisis advierte que la combinación de esos factores podría derivar en una nueva crisis política en los próximos meses.
Consolidación del poder y deterioro social
El estudio de Orozco señala que, tras la represión de las protestas de 2018, el régimen profundizó la persecución contra líderes civiles y religiosos, eliminó partidos políticos y reformó la Constitución para instaurar la copresidencia.
El saldo de esos años incluye más de 400 asesinatos impunes, 600 encarcelamientos de opositores bajo acusaciones falsas y la eliminación de más de 6.000 organizaciones de la sociedad civil.
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Desde 2018, la migración masiva se aceleró: más de 750,000 nicaragüenses abandonaron el país, con un éxodo especialmente intenso entre 2018 y 2024.
Las condiciones en los centros de detención fueron calificadas de inhumanas y se informaron desapariciones de presos políticos. El caso Rivera intensificó la respuesta diplomática de Estados Unidos y reactivó la vigilancia internacional sobre Managua.
Presión diplomática
El endurecimiento de sanciones impuesto por Estados Unidos y anunciado este lunes busca reforzar la presión internacional para que el gobierno de Ortega y Murillo rinda cuentas por los delitos cometidos durante su gestión y detenga la represión contra la sociedad civil.
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La política estadounidense se enmarca en un esfuerzo más amplio de la Administración Trump, que reiteró su apoyo al pueblo nicaragüense y a la promoción de la democracia en la región.
Las acciones adoptadas en junio de 2026 representan una de las respuestas de Estados Unidos frente al deterioro de la situación en Nicaragua. Washington dejó claro que “continuará empleando herramientas diplomáticas y sancionatorias para exigir justicia y transparencia”.