La administración de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha presentado en los últimos años una imagen de modernización y expansión de la red hospitalaria pública en Nicaragua, destacando la construcción de nuevos “megahospitales” y presumiendo ante la opinión pública una supuesta cobertura sanitaria sin precedentes. Sin embargo, una investigación realizada por el medio Confidencial revela que detrás de la propaganda oficialista existe una realidad opaca, marcada por el inflado de cifras, sobrecostos financieros y una capacidad hospitalaria muy por debajo de los estándares recomendados a nivel internacional.
De acuerdo con los datos oficiales difundidos por el Ministerio de Salud (MINSA) y replicados por altos funcionarios del régimen, Nicaragua cuenta con 79 hospitales en funcionamiento, cifra que ubicaría al país como poseedor de la red hospitalaria más grande de Centroamérica. Sin embargo, el análisis de Confidencial demuestra que esta cifra es producto de una manipulación: el régimen sumó a la cuenta oficial clínicas del Seguro Social y pequeños centros conocidos como “hospitalitos” de baja capacidad, incrementando artificialmente el número de unidades de atención.
La capacidad real, medida en camas censables, es insuficiente: según la Organización Mundial de la Salud, debería haber entre dos y cuatro camas por cada mil habitantes, pero Nicaragua apenas alcanza una cama por cada mil habitantes, ubicándose entre los países con menor disponibilidad en la región.
El emblema de la política hospitalaria del régimen son los llamados “megahospitales”, grandes infraestructuras con fachada en tonos “rosado chicha” y rojinegro, colores asociados al Frente Sandinista y a la propaganda oficial. No obstante, estos proyectos han estado marcados por sobrecostos que alcanzan hasta el 74% respecto al presupuesto original. Cinco de estas construcciones, inauguradas apresuradamente y sin estar completamente listas, costaron USD 112,7 millones más de lo previsto, de acuerdo con la investigación de Confidencial.
Uno de los casos más emblemáticos es el del Hospital Fernando Vélez Paiz, en Managua, cuya inversión inicial fue de USD 76,5 millones, pero terminó costando USD 90 millones tras incrementos no previstos. En el Hospital Escuela Oscar Danilo Rosales Argüello, de León, el costo final fue de USD 105,8 millones, muy por encima de los USD 85 millones contemplados en el préstamo original aprobado por el Banco Interamericano de Desarrollo. En ambos casos, las autoridades inauguraron los hospitales pese a que aún tenían áreas inconclusas y no estaban listos para brindar atención sanitaria adecuada.
El patrón se repite en los hospitales de Ocotal y Chinandega, donde los reemplazos de infraestructuras previas también registraron sobrecostos significativos: el Hospital “Héroes de Las Segovias” costó USD 21 millones más de lo presupuestado, y el Hospital Departamental Dr. Mauricio Abdalah, USD 9 millones adicionales. La propaganda oficialista promocionó el hospital de Chinandega como el más grande de Centroamérica, con 591 camas, aunque el Hospital Roosevelt de Guatemala supera el doble de esa capacidad, según datos regionales.
El “megahospital” de Bilwi, en la Costa Caribe Norte, es el caso más polémico y representa el mayor sobrecosto registrado. Prometido como un centro de alta tecnología que beneficiaría a más de medio millón de personas, la obra terminó costando USD 60,9 millones, con un sobrecosto de USD 45,1 millones y una historia marcada por la ruptura diplomática con Países Bajos, uno de los principales cooperantes del proyecto. Países Bajos decidió congelar su aporte tras la represión de las protestas de 2018, lo que obligó al Estado nicaragüense a buscar financiamiento alternativo y elevó aún más el gasto público.
La inauguración del hospital en febrero de 2026 ocurrió después de años de retrasos, cambios en el financiamiento y la salida definitiva de los cooperantes europeos, en un contexto de relaciones diplomáticas fracturadas y señalamientos de opacidad en la ejecución de los fondos.
Una red estancada, lejos de la realidad que vende el régimen
Pese a los discursos oficiales, la capacidad hospitalaria real de Nicaragua permanece estancada. Muchos de los “nuevos” hospitales son en realidad sustituciones de viejos edificios que ya no daban abasto, y varios fueron inaugurados sin estar completamente operativos. El país mantiene el promedio de médicos más bajo de Centroamérica y su infraestructura hospitalaria no alcanza los estándares internacionales de cobertura.
La investigación de Confidencial desmonta la narrativa promovida por Ortega y Murillo, exhibiendo cómo la propaganda, los sobrecostos y la manipulación de cifras han ocultado la precariedad de la red sanitaria pública, los problemas de financiamiento y la limitada capacidad de atención en Nicaragua.