En el año 2025, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Costa Rica registró 2,204 denuncias de menores de edad reportados como no localizados, con un foco particular en la población nicaragüense.
Según la Memoria Anual del OIJ, citada por el periódico La Prensa de Nicaragua, 140 de estos menores eran de nacionalidad nicaragüense. Respecto a los adultos, se presentaron 2,001 denuncias, de las cuales 238 correspondieron a la desaparición de ciudadanos nicaragüenses.
Las autoridades informaron que la mayoría de los menores reportados como no localizados eran niñas, con edades entre 12 y 17 años. En el grupo de adultos desaparecidos, predominaban los hombres, con 152 casos registrados.
El cantón de San José encabezó la lista de denuncias por personas no localizadas, con 263 reportes durante 2025. Otros cantones con cifras elevadas incluyeron Goicoechea (210), Desamparados (168), Alajuelita (106) y Limón (103). Ocho de los diez cantones con mayor cantidad de reportes exhibieron un aumento en las denuncias respecto a años anteriores.
Aumento de homicidios entre la población nicaragüense en Costa Rica
En paralelo a las desapariciones, el informe citado por La Prensa, indica que la población nicaragüense lideró las estadísticas de víctimas de homicidio doloso en Costa Rica durante 2025.
De los 870 homicidios dolosos registrados, 136 correspondieron a víctimas extranjeras, y de estas, 92 eran de origen nicaragüense, seis estadounidenses y 38 de otras nacionalidades.
Las autoridades atribuyeron los homicidios a causas como ajuste de cuentas, venganza, discusiones, riñas, comisión de otros delitos, violencia doméstica o profesional, además de respuestas a actividades delictivas y motivos no esclarecidos.
El informe del OIJ indicó un incremento sostenido en las denuncias por desaparición —notablemente entre mujeres menores de edad nicaragüenses— y un alto nivel de vulnerabilidad de esta población ante la violencia letal en Costa Rica.
Olas migratoria son consecuencia de décadas de crisis política
Las consecuencias de los flujos migratorios nicaragüenses en Costa Rica han transformado el mercado laboral y la percepción social en el país, detalla una publicación de peacebrigades.org
Lejos de tratarse de un fenómeno reciente, esta migración se origina en décadas de crisis políticas, económicas y sociales en Nicaragua, que han forzado a miles de personas a buscar alternativas al otro lado de la frontera, explica la nota.
Entre 2018 y marzo de 2020, Costa Rica recibió cerca de 63,000 solicitudes de refugio de ciudadanos nicaragüenses, según la Dirección General de Migración y Extranjería. Este aumento coincidió con el estallido de protestas en Nicaragua y la respuesta represiva del gobierno de Daniel Ortega, lo que llevó a miles a abandonar el país y buscar protección en territorio costarricense.
La migración nicaragüense hacia Costa Rica - detalla la publicación -es resultado de una combinación de factores, entre ellos la represión política, la violencia estatal, la pobreza y la falta de oportunidades.
Estos elementos han provocado, en distintos momentos históricos, que la llegada masiva de nicaragüenses represente la única alternativa para quienes buscan seguridad y desarrollo, de acuerdo con la Dirección General de Migración y Extranjería.
El perfil del migrante nicaragüense en Costa Rica, detalla la publicación de peacebrigades.org ha experimentado cambios significativos. Mientras las primeras olas incluían personalidades de la cultura y la política, las más recientes se caracterizan por su heterogeneidad, incluyendo jóvenes, estudiantes, campesinos y profesionales.
Esta diversidad desafía el imaginario social costarricense, tradicionalmente vinculado a una migración de baja calificación.
Las encuestas de la Universidad de Costa Rica indican que el 71% de los inmigrantes nicaragüenses trabaja en sectores como agricultura, construcción, comercio y manufactura. La mayoría posee únicamente educación primaria o secundaria, lo que limita sus opciones laborales. El mercado costarricense no absorbe adecuadamente a quienes cuentan con formación universitaria, por lo que muchas personas deben aceptar empleos por debajo de sus capacidades.
Costa Rica demanda mano de obra poco calificada en sectores como la agricultura y la construcción, mientras que Nicaragua ofrece pocas opciones para el desarrollo personal. Esta dinámica ha consolidado una relación de migración laboral transnacional entre ambos países.