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Cadenas de suministro latinoamericanas ante El Niño y el calentamiento global

Las alteraciones climáticas afectan a proveedores, producción y transporte, poniendo en riesgo el abastecimiento, la continuidad operativa y la competitividad de las cadenas de suministro latinoamericanas

Roberto Rosales es especialista en logística, comercio y negocios internacionales, docente universitario

Reservar un buque, terminar un pedido y entregar la mercancía son compromisos distintos. Entre uno y otro intervienen caminos, energía, agua, almacenes y proveedores que la empresa rara vez controla por completo. Cuando alguno falla, la fecha de entrega se mueve, y con ella los costos y las condiciones de la venta.

El Canal de Panamá lo ilustra. Su aviso A-36-2026 ajustó cupos de reserva y calado autorizado en un contexto de gestión del agua. Para quien programa carga por esa ruta, la disponibilidad hídrica entra en el cálculo de capacidad y fechas, aunque la decisión se tome en el canal.

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La cuestión de fondo es cuánto tiempo sostienen sus entregas las cadenas latinoamericanas cuando cambian las condiciones de abastecimiento. El Niño altera lluvias y temperaturas sobre un clima que ya se calienta, y la OMM documenta cambios en el ciclo del agua, retroceso glaciar y presión sobre los sistemas agroalimentarios. Para decidir, esa exposición debe ubicarse en proveedores y recorridos concretos.

Las demoras cambian el negocio

En una cadena de alimentos refrigerados, el margen de espera tiene un límite físico. Supongamos que la materia prima sale tarde de la finca y pierde su turno de procesamiento. Reprogramar la planta resuelve una parte; quedan por ajustar el transporte, la recepción portuaria y la conexión marítima, y mientras tanto el producto consume vida comercial.

En este ejemplo hipotético, el flete más caro aparece en la factura de transporte, mientras que los días adicionales de refrigeración, el menor tiempo para vender y el cobro aplazado se reparten en otras cuentas. Por eso el flete no basta para medir el retraso.

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La electricidad añade una dependencia difícil de sustituir en una urgencia. La AIE advierte que los sistemas eléctricos de la región están expuestos a menores aportes hídricos y a daños por inundaciones, e insiste en preparar y probar las respuestas. En una cámara frigorífica, eso exige conocer la autonomía real del respaldo y si se puede reponer combustible con accesos restringidos.

Sin perecederos, basta que falte un componente aprobado para detener un pedido: sustituirlo exige comprobar especificaciones y aceptación del cliente, y ese tiempo debe entrar en la evaluación del proveedor.

Los informes oficiales de Ecuador y Perú muestran qué conviene afinar el análisis territorial, ya que dos proveedores del mismo país pueden enfrentar dificultades muy distintas (Foto: Shutterstock)

El país de origen dice poco sin conocer la ruta

Los informes oficiales de Ecuador y Perú muestran por qué conviene afinar el análisis territorial. El diagnóstico ecuatoriano del 22 de octubre registra lluvias elevadas en buena parte del Litoral y déficits en otras regiones; el comunicado peruano del 16 distingue perspectivas por zonas. Dos proveedores del mismo país pueden enfrentar dificultades muy distintas.

En agroexportación, pesca y acuicultura del Pacífico (Ecuador, Perú, Costa Rica y Colombia) interesa seguir el recorrido completo hasta el comprador: dónde se reúne la carga, cuánto tiempo admite el producto y qué ocurre si el camión llega después del cierre de recepción. Las respuestas dependen de cada operación y no suponen que esos corredores estén interrumpidos.

El Corredor Seco Centroamericano plantea otra presión: la FAO identifica efectos de El Niño sobre lluvias y ciclos agrícolas. En Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, la revisión debe conectar la disponibilidad de granos y forraje con las compras de la industria y la distribución de alimentos. Buscar producto en otro mercado implica financiarlo y esperarlo.

En México y Chile el enfoque va más allá de los alimentos. En una cadena manufacturera mexicana conviene comprobar si dos proveedores comparten puerto, carretera o servicio esencial; en una operación chilena, agua y energía deben leerse junto con los accesos terrestres y el cruce cordillerano. Hay que identificar qué tendría que fallar para detener el pedido.

Argentina suma la logística fluvial. El boletín hidrometeorológico del 22 de octubre describe una onda de crecida en el Paraná medio con ascenso previsto aguas abajo. Deben actualizarse antes de cada despacho. Las conexiones con Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia obligan a mirar aguas arriba y al otro lado de la frontera.

En Venezuela y el Caribe, el análisis parte de los suministros esenciales y sus conexiones marítimas: existencias, siguiente reposición y capacidad de reemplazo.

Las opciones también tienen restricciones

Si tres proveedores usan el mismo acceso, una sola interrupción los alcanza a todos. Además, cada uno debe pasar una comprobación comercial: capacidad libre, calidad aprobada, plazo y condiciones de pago. Solo entonces cuenta como suministro disponible.

Tampoco toda ruta admite la carga que se quiere desviar: UNCTAD documenta que los cambios de recorrido marítimo alargan viajes y elevan costos y emisiones. Aquí entra la geopolítica en la compra cotidiana: una sustitución motivada por el clima depende de la capacidad del transporte internacional, la reposición de combustibles e insumos y los requisitos del mercado de destino. La demora puede reaparecer en otro punto del recorrido.

Decidir con el pedido sobre la mesa

La preparación puede empezar revisando los pedidos pendientes. Para cada uno, compras identifica el insumo más difícil de reponer; producción estima cuánto seguiría trabajando si faltara; logística comprueba la ruta; y finanzas calcula el dinero necesario para adelantar la compra o cambiar el transporte.

Así se comparan dos plazos: cuánto dura la autonomía de la operación y cuánto tardaría en llegar una solución. Si la reposición demora más de lo que permiten las existencias, hay que intervenir antes del quiebre: compra anticipada, sustitución aprobada, entrega parcial o nueva fecha acordada con el cliente. Acumular inventario sin ese cálculo ocupa caja y espacio, expone a vencimiento y, si se concentra en un almacén inundable, crea una nueva dependencia.

Conviene probar las alternativas mientras hay margen: confirmar que otro proveedor cumple las especificaciones, verificar que la ruta admite la carga, comprobar el respaldo eléctrico y registrar cuánto tarda cada respuesta y quién la autoriza. El seguimiento necesita pocos datos, usados con regularidad: días de cobertura de insumos críticos, variación de plazos de entrega, autonomía eléctrica, pérdidas y pedidos entregados completos y a tiempo.

Cuando una fecha se vuelve incierta, el cliente necesita saber qué parte del pedido sigue siendo viable y qué opciones tiene. Acordar una respuesta con esa información, antes de que la mercancía llegue tarde sin explicación, es la mejor forma de proteger la relación comercial.

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