Del escritorio a la mesa chica: el comercio exterior como pieza estratégica de la empresa

Alejandra Acosta, jefe de compras internacionales y comercio exterior, explica cómo fletes, abastecimiento y proveedores se volvieron decisiones que definen la competitividad de una empresa

Alejandra Acosta
Alejandra Acosta es jefe de compras internacionales y comercio exterior (Foto: Movant Connection)
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“Cuando suben los fletes internacionales, a veces uno deja de comprar para que no se encarezca el producto hasta que vuelven a bajar”. Alejandra lo plantea desde más de 15 años de trabajo en importaciones, primero en el rubro textil y hoy en alimentos. En la charla repasa qué cambió en las empresas con la apertura, cómo se arma el costo de un producto importado y por qué las pymes empiezan a sumar perfiles especializados.

Pasaste por distintos rubros dentro del comercio exterior. ¿Qué se puede trasladar de uno a otro?

El rubro en el que más tiempo estuve fue el textil, en diferentes empresas, y ahora estoy en alimentos. Son dos rubros bastante complicados a nivel de regulaciones y de trabas aduaneras. Hoy está más flexible, pero siguen siendo rubros muy específicos.

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Lo básico, que es el procedimiento de comercio exterior, se puede aplicar en cualquier rubro. Es un procedimiento bastante detallista en cuanto a embarques, arribos y costos, y eso lo comparten todos. Lo que cambia son los trámites: según la especificación del producto que vas a comercializar, son las regulaciones que vas a tener que cumplir.

¿Qué cambió en estos años en la forma en que las empresas miran el comercio exterior?

Cambió todo. Más allá de la flexibilización que se fue dando desde la SIMI, y de que hoy básicamente no hay licencias de importación, cambió la forma en que las empresas ven el comercio exterior. Antes era un departamento como cualquier otro; hoy es uno de los departamentos estratégicos para la visión de la empresa, donde pasa el grueso del negocio.

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No es solo importar y exportar. Es conseguir mejores precios, trabajar el tema de los fletes, que hoy están altísimos, para que no incidan en el producto, y ver que no se corte el abastecimiento. Por eso hay que darle una importancia esencial: puede cambiar el rumbo comercial de la compañía.

Cuando había tantas trabas y no salían las licencias de importación, la mayor parte era fabricación nacional, aunque no se consiguiera la misma calidad que afuera, y lo importado era la menor parte. Ahora es al revés: el mayor porcentaje es importado, tanto lo que se usa para revender como los insumos para fabricar, que después van al costo de lo que se vende en el mercado local.

Exportación e importación
"Hay que armar todo un rompecabezas para que acá llegue al mejor precio posible y después puedas competir en plaza", señala Alejandra (Foto: Shutterstock)

También hubo muchos cambios en cuanto a la estrategia de países. Se compró mucho de China, y hoy también se están buscando proveedores dentro de Latinoamérica para tener preferencia arancelaria. Por eso conseguir proveedores es una parte muy importante del trabajo.

Muchas pymes no tienen un área específica de comercio exterior. ¿Cómo se trabaja en esos casos?

Hoy trabajo en una pyme y desde mi ingreso se mejoraron un montón de variables. Antes las tareas de comercio exterior se distribuían entre otros sectores que quizás no tenían el conocimiento o la experiencia que se requiere para lograr un mejor resultado: que el producto esté más barato en plaza, que llegue más rápido y que no haya problemas en el resto de la cadena.

Si bien las pymes no lo consideraban algo estratégico, y quizás tercerizaban el comercio exterior en un forwarder o en una consultoría, hoy están siendo más específicas. Buscan que ese servicio esté 100% dentro de la empresa, porque necesitan estar constantemente atrás de cada operación.

¿Cuánto pesa la logística en el precio final de un producto importado?

Dentro de la cadena de comercio exterior, la logística pesa significativamente. Cuando suben los fletes internacionales, a veces uno deja de comprar para que no se encarezca el producto hasta que vuelven a bajar, y ahí se retoma la cadena. Para eso hay que tener un stock que permita no dejar de abastecerse, pero el peso es tal que te puede encarecer el producto y dejarte afuera de una venta.

¿Qué valorás a la hora de trabajar con un despachante de aduana?

En principio, la confianza y que conozca el sector. Cada rubro es diferente, y aduaneramente también. Si voy a trabajar con textil, busco un despachante que tenga experiencia en textiles; si voy a trabajar con alimentos, alguien que tenga experiencia en alimentos.

Más allá de la tarifa, que uno puede comparar y pelear para estar en un precio acorde al mercado, está el tema de la confianza: saber que es quien te va a representar ante cualquier entidad. Por eso es importante conocerse, que sepa cuáles son los valores de la empresa y qué se busca, para que la represente de esa manera.

¿Qué oportunidades y desafíos ves hoy en la Argentina para el comercio exterior?

Hoy la situación está mejor en cuanto a flexibilidad y trabas paraarancelarias. Se puede importar más, pero la dificultad está en el consumo, que bajó significativamente. Además, hay más competidores, entonces hay que salir a bajar precios, y eso ya no depende solamente del precio FOB.

El precio FOB importa, pero es toda la cadena: conseguir el mejor flete, el mejor honorario, que llegue a la terminal más económica y con menos trabas. Hay que armar todo un rompecabezas para que acá llegue al mejor precio posible y después puedas competir en plaza, porque hay pocos clientes y esos pocos son los que tenés que ir a buscar.

¿Qué lugar ocupa la inteligencia artificial en la gestión y qué valor sigue teniendo el criterio humano?

Se implementa, y es una ayuda bastante importante, en comercio exterior y en cualquier otro rubro. Sirve para sacar datos, analizarlos o compararlos. El valor agregado lo pone uno: leer ese comparativo y analizar cuál es la mejor opción, o cómo abordar una situación con todas las opciones que te da.

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