La productividad y la competitividad son los nuevos ejes de la coyuntura política actual. En ese sentido, la industria debe transitar este nuevo escenario para seguir estando en el sistema. Vaca Muerta no escapa a esta necesidad y requiere de una dinámica que se rediseñe constantemente como estrategia para posicionarse como una alternativa permanente en el mercado global de hidrocarburos.
En este esquema, la logística y el transporte funcionan como un sistema que conecta áreas, decisiones y procesos dentro de una empresa, con un objetivo claro: Lograr el mejor resultado final para el cliente. Trabajar con datos permite optimizar tiempos, recursos y costos. Dentro de esta cadena, la arena juega un papel preponderante, ya que es un insumo crítico para sostener la realidad de Vaca Muerta en el tiempo.
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El desafío de la velocidad y el equilibrio con la calidad
Todo este circuito productivo tiene un desafío cada vez más marcado: La velocidad. Hoy los cambios son rápidos y las demandas del cliente también lo son. Lo que antes podía esperar días o incluso semanas, hoy se exige prácticamente de manera inmediata. La logística, por lo tanto, no puede quedar afuera de esa dinámica.
Sin embargo, la rapidez no puede ir en contra de la calidad. Responder rápido es importante, pero hacerlo bien es fundamental. Encontrar ese equilibrio es uno de los grandes desafíos actuales: Ser eficientes, reducir costos, optimizar procesos y, al mismo tiempo, cumplir con los tiempos y las expectativas del cliente.
En este contexto, la tecnología tuvo y sigue teniendo un rol central. La incorporación de sistemas de gestión, herramientas de análisis de datos y soluciones que permiten integrar la información marcaron un cambio importante en la forma de trabajar. Todo indica que este proceso va a continuar, con nuevas herramientas que van a seguir transformando la logística.
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Estructura de costos: la dependencia de las distancias
En la actualidad, existe una dependencia de las denominadas “arenas de lejanías”, que representan un 80% de la demanda total. Este material proviene de Entre Ríos, lo que implica recorrer 1.200 kilómetros con los costos asociados que esto representa en el transporte. El 20% restante corresponde a “arena de cercanías”.
Hoy, el costo de la arena de lejanía puesta en el yacimiento ronda los 185 dólares por tonelada. Esta cifra representa más del doble de lo que cuesta en Permian (Estados Unidos), la cuenca homóloga a Vaca Muerta. Resulta imperioso trabajar sobre esta estructura de costos para lograr la reducción del valor de este insumo crítico.
Para alcanzar este objetivo a corto plazo, existen tres pilares fundamentales que pueden permitir reducir costos:
1. Corredor de red vial: Contar con rutas asfaltadas que vinculen todo el corredor petrolero y las zonas de influencia, aportando un menor tiempo de recorrido, la reducción de desperfectos mecánicos y un menor consumo de combustible.
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2. Gestión de tiempos logísticos: Mejorar los tiempos de espera en la carga y descarga. Estos tiempos muertos generan costos asociados, por lo que es necesario aplicar un sistema Just In Time (JIT).
3. Equipos de transporte adaptados: Utilizar flotas con configuración especial de ejes para transportar mayor capacidad de carga, como por ejemplo bateas 3+1 o bitrenes de bateas.
La mirada multimodal y las proyecciones futuras
Estos tres pilares son una alternativa necesaria en el corto plazo. No obstante, a mediano y largo plazo, no debemos descartar el transporte multimodal. Esto se lograría mediante el proyecto de un corredor fluvial operado por barcazas desde Entre Ríos a Bahía Blanca, seguido de un tendido de ferrocarril desde Bahía Blanca hasta Añelo y, de allí, por vía terrestre hasta el yacimiento.
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Las estimaciones operativas respaldan la urgencia de estas medidas. Para el período 2027/2028 se prevén entre 8 y 9 millones de toneladas de arena, lo que representa un 40% más respecto a la previsión del ciclo 2025/2026. En coincidencia con este incremento del insumo, de cara al año 2027 se estiman unas 39.000 etapas de fractura, lo que también representa un salto del 40%.
El desafío de los próximos años no está en el límite técnico del subsuelo, sino en la superficie. Para seguir desarrollando el potencial que le queda a Vaca Muerta, del cual en la actualidad hemos alcanzado apenas el 9%, debemos entender que la política energética debe ser considerada verdaderamente como una “política de estado”.
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