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Ocho de cada diez incidentes con mercancías peligrosas en carga aérea son envíos no declarados

La IATA pidió reforzar los controles desde el origen de la cadena y advirtió que el escaneo de seguridad fue diseñado para detectar explosivos, no baterías de litio ni aerosoles ocultos

La masificación de productos con acumuladores de litio, como teléfonos, computadoras, cargadores portátiles, herramientas, juguetes o equipos médicos, hizo que muchos consumidores dejaran de percibirlos como un material regulado (Foto: Shutterstock)

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) pidió reforzar la acción coordinada en toda la cadena de suministro de carga aérea para frenar los riesgos que generan las mercancías peligrosas no declaradas o declaradas de forma incorrecta. El planteo quedó plasmado en un documento técnico difundido el 24 de septiembre en Budapest.

Según los registros del organismo, de los 3.465 incidentes con este tipo de productos reportados entre enero y junio de 2025, 2.798 correspondieron a envíos no declarados u ocultos, es decir, el 81% del total. Las baterías de litio, los cigarrillos electrónicos, los aerosoles y los perfumes figuran entre los artículos detectados con mayor frecuencia.

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El pronunciamiento llega en medio de discusiones entre reguladores sobre el papel que deberían cumplir los actuales controles de seguridad aeroportuaria como barrera principal. La entidad sostiene que la inspección de carga es una capa de protección relevante, pero advierte que no puede asumir por sí sola la tarea de detectar todo el universo de productos riesgosos.

“Las mercancías peligrosas se transportan de forma segura por avión todos los días. El riesgo aparece cuando ingresan al sistema sin declarar o declaradas incorrectamente”, afirmó Brendan Sullivan, responsable global de carga de IATA. El directivo sostuvo que se necesita un enfoque multicapa que comience lo más temprano posible en la cadena.

Por qué el escáner no alcanza

En el informe explican que las tecnologías de escaneo de carga, sus algoritmos y los programas de capacitación fueron desarrollados para detectar armas y explosivos, no la gama completa de sustancias reguladas. Además, una porción significativa de la carga aérea mundial no pasa por rayos X debido a su tamaño, forma, peso o densidad.

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A esto se suma que aún no existe una lista priorizada de las mercancías peligrosas de mayor riesgo elaborada por especialistas, lo que dificulta orientar la búsqueda. El nivel de formación de los operadores de los equipos también varía entre países, y la apertura manual de bultos requiere tiempo, personal entrenado y, en muchas jurisdicciones, autorización del remitente.

La entidad advierte que ampliar las funciones de seguridad sin objetivos definidos, tecnología adecuada ni recursos suficientes podría multiplicar las falsas alarmas, las verificaciones físicas y los costos operativos. Ese escenario afectaría el ritmo de procesamiento en las terminales y restaría atención al objetivo central de estos controles, que es prevenir actos de interferencia ilícita.

En este informe, la IATA plantea contar con áreas de almacenamiento segregadas, sistemas de detección de incendios y simulacros que incluyan escenarios como la fuga térmica de baterías (Foto: Shutterstock)

Comercio electrónico y dispositivos incendiarios

El informe vincula el aumento del riesgo con el crecimiento del comercio electrónico. Millones de envíos individuales circulan a diario por redes que conectan fabricantes, plataformas de venta, centros de preparación de pedidos, operadores postales, agentes de carga y aerolíneas, muchas veces con remitentes sin conocimiento de las normas del transporte aéreo.

La masificación de productos con acumuladores de litio, como teléfonos, computadoras, cargadores portátiles, herramientas, juguetes o equipos médicos, hizo que muchos consumidores dejaran de percibirlos como un material regulado. Por eso, estos artículos suelen ingresar al sistema como mercadería general, sin la documentación, el embalaje ni el etiquetado exigidos.

El texto también menciona una amenaza deliberada: en julio de 2024 se detectaron en Europa dispositivos incendiarios improvisados ocultos dentro de aparatos electrónicos de consumo despachados como carga, con nuevos episodios reportados más tarde ese año y en 2025. Según IATA, esos casos expusieron vulnerabilidades en los programas nacionales e internacionales de seguridad aérea.

Responsabilidades a lo largo de la cadena

La entidad asigna tareas concretas a cada actor. A los gobiernos les pide reforzar la supervisión y la aplicación de las normas en todo el circuito, mientras que a fabricantes y plataformas de venta en línea les reclama identificar y certificar correctamente estos productos, además de publicar información precisa sobre ellos.

Los remitentes, agentes de carga y operadores postales deberían fortalecer la capacitación, los controles de aceptación y el uso de datos de clientes y envíos para detectar cargamentos de mayor riesgo antes de que lleguen al aeropuerto. A las aerolíneas y a los prestadores de asistencia en tierra se les solicita intensificar las verificaciones previas al embarque.

Entre las herramientas sugeridas figuran el análisis automático de palabras clave en guías aéreas y facturas comerciales, para detectar términos como batería, motor, químico o muestra, la comparación entre el peso declarado y el real, y el cruce de las hojas de datos de seguridad con el contenido informado. También recomienda contenedores y cubiertas resistentes al fuego.

En el caso de los aeropuertos, el documento propone conformar comités que reúnan a aerolíneas, operadores de terminales, aduanas, autoridades de seguridad y servicios de emergencia. Plantea además contar con áreas de almacenamiento segregadas, sistemas de detección de incendios y simulacros que incluyan escenarios como la fuga térmica de baterías.

El planteo anticipa un cambio en la gestión del riesgo, donde la identificación temprana en origen, apoyada en datos y en el conocimiento del cliente, ganaría peso frente a la inspección en la terminal. Para exportadores, importadores y operadores logísticos de América Latina, esto podría traducirse en mayores exigencias documentales y de capacitación en los envíos con este tipo de mercancías.

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