El calentamiento global podría reducir entre 18,52 y 25,15 años la vida útil de infraestructuras hacia 2100, según un estudio desarrollado por investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV) y especialistas de China. El trabajo suma una nueva dimensión a un desafío creciente para la logística: mantener operativos puentes, rutas, puertos y conexiones frente a condiciones ambientales cada vez más exigentes.
La investigación analiza especialmente puentes atirantados de hormigón y estima que el calentamiento del último siglo habría provocado envejecimiento prematuro en alrededor del 8,67% de las estructuras estudiadas. Los autores advierten que las temperaturas extremas aceleran la degradación y pueden generar reparaciones o reemplazos antes de lo previsto.
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Cuando una falla de infraestructura altera toda la cadena
Para la logística, el impacto puede comenzar mucho antes de que una estructura quede inutilizada. Restricciones de peso, obras imprevistas, cierres parciales o desvíos pueden aumentar distancias, tiempos de tránsito y costos, además de concentrar cargas en corredores alternativos.
El problema se extiende a otros fenómenos. Olas de calor pueden deteriorar pavimentos y afectar vías ferroviarias; las precipitaciones intensas generan inundaciones y cortes; las sequías reducen la capacidad de navegación fluvial; y tormentas, huracanes o ciclones pueden obligar a cerrar puertos y suspender operaciones.
La OCDE proyecta que, bajo un escenario moderado de emisiones, 6,8 millones de kilómetros de rutas y vías ferroviarias podrían quedar expuestos a precipitaciones extremas más frecuentes hacia mediados de siglo, aumentando la necesidad de adaptar las redes de transporte.
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El costo tampoco se limita a reconstruir el activo dañado. Una interrupción puede traducirse en camiones desviados, plantas sin insumos, mercadería demorada, mayores inventarios de seguridad o embarques que pierden una ventana logística.
Eventos extremos que ya modificaron flujos comerciales
La vulnerabilidad quedó expuesta en los últimos años en distintos corredores internacionales. Durante la sequía que afectó al Canal de Panamá entre 2023 y 2024, la menor disponibilidad de agua obligó a reducir tránsitos y capacidad de carga. En enero de 2024, los cruces llegaron a ubicarse 49% por debajo del máximo observado en diciembre de 2021.
Los ciclones también pueden detener nodos completos. En marzo de 2025, la llegada del ciclón Alfred provocó el cierre del canal de navegación del Puerto de Brisbane y la suspensión de distintas operaciones de carga, generando demoras y congestión en la red australiana.
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En julio de 2024, el huracán Beryl afectó instalaciones energéticas en Texas y obligó a detener temporalmente la terminal de exportación de gas natural licuado de Freeport. La recuperación posterior generó esperas de buques y cancelaciones de cargamentos, mostrando cómo un evento localizado puede repercutir rápidamente sobre cadenas internacionales.
Los terremotos representan un riesgo diferente, ya que no están vinculados al cambio climático, pero muestran la misma vulnerabilidad de las redes interconectadas. El sismo que afectó Taiwán en 2024 obligó a fabricantes de semiconductores a detener temporalmente instalaciones para realizar inspecciones, generando preocupación por una cadena estratégica para numerosas industrias.
Diseñar infraestructura para mantener las cargas en movimiento
El estudio de la UPV incorpora un problema menos visible que la destrucción provocada por un gran desastre: el cambio climático también puede deteriorar progresivamente una infraestructura y acortar el período durante el cual puede operar con normalidad.
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Los investigadores proponen incorporar escenarios climáticos futuros desde las etapas de diseño, mantenimiento y refuerzo. Para las cadenas de suministro, esa adaptación adquiere una dimensión económica: cuanto más resiliente sea un puente, una ruta o un puerto, menor será la probabilidad de interrupciones, recorridos alternativos y costos extraordinarios.
En un sistema donde rutas, ferrocarriles, puertos y vías navegables dependen unos de otros, la resistencia de la infraestructura pasa así a ser una condición para sostener la continuidad del comercio. El desafío ya no consiste únicamente en construir para soportar las condiciones actuales, sino en preparar las redes logísticas para los eventos y temperaturas que deberán enfrentar durante las próximas décadas.
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