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El desafío de mover lo liviano y voluminoso en la industria manufacturera

Hernán Claudio Coyanis, supervisor en una multinacional, cuenta cómo el transporte intermodal y el liderazgo de equipos multigeneracionales ordenan la logística de una industria manufacturera

Hernán Claudio Coyanis es supervisor en una multinacional (Foto: Movant Connection)

Hernán sostiene que “no hay nada que reemplace a la experiencia para entender cómo transmitir un mensaje” y esa idea atraviesa su recorrido, que empezó en la ingeniería ferroviaria. Hoy lo tiene al frente de un equipo de logística en una industria manufacturera, donde el transporte intermodal, la gestión de stock de materiales voluminosos y livianos, y el liderazgo de equipos multigeneracionales son parte de la operación diaria desde una mirada de comercio exterior.

¿Cómo fue que pasaste de la ingeniería ferroviaria al rol que tenés hoy en logística, y cómo se vinculan esos dos mundos?

La ingeniería ferroviaria que estudié comenzó en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora a partir de un proyecto del ingeniero Hugo Rolón, en 2017. Al terminar el secundario técnico no tenía en claro qué ingeniería seguir, pero el transporte me interesaba, y esa era la carrera más relacionada con ese campo.

Dentro de esa carrera hay varios ejes: infraestructura, operación, seguridad. La logística, tanto de pasajeros como de cargas, es un componente central. Al empezar a trabajar en una industria de manufactura me interesé por los sectores logístico y de producción, y con el tiempo me incliné por la logística.

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Tu tesis abordó el transporte intermodal. ¿Qué te llama la atención de la interconexión entre los distintos medios de transporte?

Para la tesis noté un desbalance en la matriz de cargas a nivel nacional. No existe un sistema ideal para lo que necesitan las industrias, que requieren menor costo logístico y mayor eficiencia. Una matriz origen-destino con datos certeros ayudaría a generar ventanas de carga y reducir costos.

Sin quitarle mérito al trabajo de los camiones, la clave está en generar sinergia entre los modos de transporte. Un tren hasta Vaca Muerta, por ejemplo, sería hoy muy eficiente para transportar la arena que se usa en el fracking. Los países desarrollados suelen tener una buena matriz intermodal.

Trabajás con productos voluminosos y livianos, como la lana de vidrio. ¿Cuál es la particularidad logística de ese tipo de material?

Ser voluminoso y liviano a la vez complica tanto al cliente como el espacio físico disponible, sobre todo en una industria manufacturera. Ese tipo de industria no se especializa en tener un almacén apto para el producto: se especializa en fabricar, y esa es la prioridad. El almacenamiento queda en un segundo plano.

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Lo crítico, además, es el abastecimiento de materia prima. Con el tiempo se desarrolla un conocimiento propio sobre cómo transportarla, a partir de tener en cuenta lo voluminoso del producto y hacia dónde se transporta en cada caso particular.

¿Cómo se organiza la gestión con transportistas y proveedores, y qué particularidades tienen las exportaciones?

La gestión se da a nivel piso, combinando lo operativo con lo administrativo. Tengo a cargo un equipo de diez personas distribuidas en turnos, en contacto constante con los equipos de carga e inventario y con los proveedores de transporte, con quienes la relación es amena.

"Me gustaría instalar el debate sobre el sistema de cargas en Argentina: el rol que ocupa hoy el camión y el que podría ocupar en el futuro, el rol del transporte ferroviario y el de los puertos", sostiene Hernán (Foto: Shutterstock)

La particularidad es que el servicio de transporte se contrata: un porcentaje bajo de los envíos es retiro del cliente. Las exportaciones, con destinos como Chile, Uruguay, Bolivia y Brasil, suelen manejarse con transporte contratado por el propio cliente.

Con 24 años ya liderás un equipo de diez personas. ¿Cómo fue construir esa estrategia de liderazgo?

El liderazgo en la industria, a una edad corta, fue difícil. Comencé a los 20 años en la supervisión, y el primer choque fue que nadie en el equipo iba a ser más joven que yo: era un grupo multigeneracional, con personas de 30, 40 y 50 años. Pasar de pasante a supervisor en el mismo lugar también fue un desafío.

No hay nada que reemplace a la experiencia para entender cómo transmitir un mensaje. Cuando a un supervisor le bajan un objetivo, el desafío es compartirlo con el equipo, y en la logística de depósito eso no siempre se valora tanto como en producción, aunque implique el mismo trabajo pesado.

¿Qué es lo que más te atrae de la logística como rubro, y qué le dirías a un joven profesional que se está metiendo en este mundo?

Lo que más me gusta es su carácter multifactorial: la diversidad de temas y la dinámica que tiene. Se puede entender por qué un producto llega al almacén de determinada manera, la calidad que se espera y cómo eso afecta la satisfacción del cliente. Da una visión panorámica que otras áreas no ofrecen de entrada.

Un joven profesional puede empezar como analista o pasante de logística. A diferencia de producción, donde uno se mete de lleno en procesos específicos, la logística permite una visión más general, y desde ahí cada uno puede especializarse en lo que le interese.

¿Hay algo que te gustaría dejar como reflexión final?

Me gustaría instalar el debate sobre el sistema de cargas en Argentina: el rol que ocupa hoy el camión y el que podría ocupar en el futuro, el rol del transporte ferroviario y el de los puertos. Vaca Muerta es un buen punto de partida, tanto para exportación como para importación, sobre todo si se avanza con datos a nivel nacional.