“Las nuevas generaciones ya no compran en locales, compran por internet, y eso afectó bastante a los importadores habituales”. Desde su rol como despachante, Javier observa cómo se cruzan la apertura comercial, el cambio de hábitos de consumo y la caída de la demanda en los sectores que más opera.
¿Cómo describís el momento actual del comercio exterior?
La dinámica de hoy es muy aperturista. Desde mi punto de vista, no es productiva. Prefiero otra modalidad del comercio exterior. Lo que veo es mucha importación que no tiene consistencia productiva: se importa para vender lo ya producido afuera, no para producir acá. Eso es muy diferente a lo que considero que debería ser.
¿En qué sectores se nota más ese impacto?
En electrodomésticos y electrónica, principalmente. Antes, las barreras paraarancelarias vigentes permitían que las empresas armaran los productos localmente, sin importar el terminado directamente. Eso generaba puestos de trabajo. Hoy eso no está pasando de la misma manera. En algunos casos todavía se importan partes y se ensamblan acá, donde los derechos de antidumping siguen vigentes. Pero se están cayendo sistemáticamente, y eso va a derivar en que cada vez más productos lleguen terminados.
Las máquinas se tapan y se importa terminado. Eso afecta directamente a los puestos de trabajo. No es una percepción: son empresas que dejaron de producir porque no pueden competir con el producto importado que llega listo para vender.
¿Y cómo impacta en la electrónica en particular?
La electrónica tiene una característica distinta: no admite sustitución de importaciones porque es muy difícil fabricar esos productos en Argentina. La alta complejidad tecnológica y las marcas hacen prácticamente imposible reemplazarlos con producción local.
Pero además hay otro factor: las nuevas generaciones ya no compran en locales, compran por internet. Plataformas que ofrecen productos con llegada rápida afectaron bastante a los importadores habituales que representan esas categorías. El consumo se redujo mucho.
¿Qué perspectivas ves para el resto del año?
Es incierto. No tengo visión clara de lo que puede pasar a futuro, y lo que viene pasando hasta ahora no me permite avizorar nada positivo. La caída del consumo es real y está afectando a todos. Eso también tiene que ver con el bolsillo de la gente, que es un factor que termina siendo determinante en cualquier análisis.
¿Quiénes creés que son los más afectados por este cambio de paradigma?
Afortunadamente, yo sigo trabajando normalmente porque tengo una trayectoria que me permite sostener clientes de muchos años, que son sólidos. A mí no me afecta de la misma manera.
Pero sí afecta a los que quieren empezar, a los nuevos que quieren ensamblarse al comercio exterior y emprender nuevos desafíos. Les va a costar bastante. Uno de los desafíos propios que tenemos es generar nuevos negocios a través de viajes a China, reunir nuevos importadores y promover productos con innovación tecnológica.
¿Hay algún frente técnico puntual en el que estés trabajando?
Trabajo mucho con un profesional que se destaca en el rubro de instrumentos musicales, pantallas, luminarias y bandejas para reproducción de eventos, que son los equipos que usan los DJ.
Esos productos están gravados con impuestos internos. Lo ideal sería lograr que esos impuestos se eliminen, porque son herramientas de trabajo, no productos de entretenimiento personal. Es un caso concreto de cómo la clasificación arancelaria y la carga tributaria impactan directamente en la competitividad de un sector.