Al referirse al ritmo del sector, Yesica comenta que “comercio exterior es adrenalina pura. El tiempo vale oro y los errores significan más dinero”. En esta entrevista, analiza los desafíos operativos y normativos que atraviesan las importaciones y exportaciones, la importancia de la planificación para evitar sobrecostos y el rol estratégico del área en la toma de decisiones empresariales.
¿Cómo describirías la actualidad del comercio exterior en tu industria?
En la actualidad el comercio exterior está en constantes cambios normativos y operativos. Eso hace que la empresa tenga que estar mucho más anticipada y ordenada para evitar extracostos o demoras.
Cada vez hay una normativa nueva y uno tiene que adaptarse rápido y trasladarlo a la empresa en forma clara. Es fundamental comunicar bien el impacto de cada cambio para que se pueda tomar una decisión anticipada y no reaccionar cuando el problema ya apareció.
¿Cuáles son los principales desafíos en una importación?
El principal desafío es la planificación. Antes de mover la mercadería hay que tener claro el costo final, los tiempos y todos los requisitos. Si eso no está previsto, después aparecen demoras, gastos innecesarios y mucho estrés.
En una importación es clave entender cada proceso. Cuando la mercadería llega a puerto, por ejemplo, hay cinco días de plazo forzoso para nacionalizar y retirar. Hoy las terminales trabajan con turnos y no siempre se consiguen fácilmente. Si no estás encima, el costo extra aparece.
¿Qué tipo de costos pueden surgir por no anticiparse?
Por ejemplo, los turnos pueden aparecer a las 23:00. Eso implica un costo adicional por horario inhábil y, además, el transporte no llega a descargar en el día, entonces se generan días de estadía de camión.
A veces uno está desde las 7 de la mañana intentando conseguir turno. Si no se reclama o no se está pendiente, el gasto se traslada al producto final. El comercio exterior tiene eso: lo que no se anticipa, se paga.
¿Y en las exportaciones cuáles son los puntos más sensibles?
En exportación el transporte es clave. Si coordinás una carga y el camión no llega, o si hay una diferencia en el packing, podés incurrir en un falso flete. Ese costo no estaba planificado y hay que asumirlo.
Siempre es planificación, pero también ejecución en el momento. Hay situaciones que surgen y uno tiene que estar un paso adelante y otro atrás, siguiendo cada proceso de la operación, tanto en importación como en exportación.
¿Cómo describirías el ritmo de trabajo en el área?
Comercio exterior es adrenalina pura. El tiempo vale oro y los errores significan más dinero. No podés relajarte porque cualquier descuido genera un costo adicional.
Es agotador, pero es necesario estar encima. Si no seguís cada detalle, la operación se complica. El control permanente es parte del trabajo.
¿Qué habilidades profesionales considerás claves para este sector?
La capacidad de análisis, la organización y la comunicación clara son fundamentales. Uno tiene que traducir lo técnico en un lenguaje entendible para que la empresa pueda decidir con información.
Muchas veces la empresa no conoce todos los riesgos o implicancias. El rol del área es anticiparse, explicar el impacto y proponer soluciones. Si no se comunica bien, se pueden tomar decisiones que generan costos innecesarios.
¿Qué recomendación harías a las pymes que están empezando a importar o exportar?
Es importante contar con alguien que haga un análisis integral de la operación. No siempre es necesario tener un área interna, pero sí asesoramiento profesional que pueda prever riesgos y costos.
Hay gastos que siempre están contemplados, pero otros aparecen si no se tuvieron en cuenta. Y en algunos casos, si no pagás, no podés retirar la mercadería. Para una pyme eso puede ser un problema serio si no estaba previsto.
En tu industria, ¿cómo es el esquema de abastecimiento entre lo nacional y lo importado?
En mi caso, me toca trabajar con importaciones de gránulos de polietileno, lo cual se trae bajo régimen temporal para luego exportarlos transformados. También hay abastecimiento nacional. Con esa materia prima se produce film stretch, que en parte se exporta y en parte se comercializa localmente.
El régimen temporal exige un control muy preciso de los volúmenes y plazos, porque hay que cumplir con la posterior exportación. Ahí la planificación vuelve a ser determinante.
¿Qué perspectivas ves hacia el futuro?
Creo que va a haber cada vez más cambios normativos, más modificaciones operativas y más ajustes tecnológicos. Las plataformas cambian, los portales se actualizan y uno tiene que adaptarse rápido.
No alcanza con leer una normativa. Hay que interpretarla, traducirla y entender en qué impacta y cómo solucionarlo. Comercio exterior es adaptación constante y capacitación permanente.
¿Cómo definirías el rol del comercio exterior dentro de una empresa?
Es un área estratégica. No solo ejecuta trámites, sino que analiza, anticipa y comunica. El comercio exterior traduce lo normativo en decisiones concretas que impactan en costos y tiempos.
Es una función que requiere compromiso, atención constante y capacidad de adaptación. Si se trabaja con planificación y claridad, la operación puede salir con los menores costos posibles. Si no, el impacto se siente inmediatamente en el resultado final.