
“Vivimos acelerados, como si tuviéramos leones persiguiéndonos”, afirma Marcos, quien comparte en esta entrevista su mirada sobre el estrés crónico en los trabajadores del sector, y propone iniciativas prácticas y útiles para alcanzar una mejor calidad de vida.
¿Qué síntomas o problemáticas comunes encontrás en los profesionales del comercio exterior y la logística?
Trabajo con varios y conozco bien sus desafíos. Además del estrés que compartimos todos, este sector sufre factores específicos: cambios de husos horarios, viajes frecuentes, dificultades para mantener una alimentación y un descanso estables, menos actividad física regular y un nivel de atención 24/7.
Todo esto genera un desajuste de los ciclos circadianos y un estrés crónico. Por eso recomiendo estrategias simples: higiene del sueño, técnicas de respiración y meditación breve, conexión con la naturaleza aunque sea urbana, y prácticas como el grounding, que ayudan a sincronizar el organismo al viajar.
Si tuviéramos que simplificar, ¿qué hábitos clave recomendarías para ellos?
Tres hábitos básicos:
Higiene del sueño: hacer un detox tecnológico una hora antes de dormir, comer tres horas antes del descanso y exponerse a la luz natural al despertar.
Gestión del estrés: usar técnicas de respiración o micro meditaciones que permitan recuperar el eje en pocos minutos.
Conexión con la naturaleza: buscar contacto diario, aunque sea en plazas o parques, para reconectar y recuperar energía.
Estos hábitos simples mejoran el rendimiento, la energía y ayudan a sostener un trabajo tan exigente física y mentalmente.
Venís de la psicología, pero incorporaste otras disciplinas, ¿qué te impulso a seguir ese camino?
En mi trabajo descubrí que no solo existen cambios “top down”, de la mente al cuerpo, sino también “bottom up”, de abajo hacia arriba, los llamados cambios somato-psíquicos. Para lograr un bienestar integral, empecé a combinar la psicología con el entrenamiento físico, la alimentación, el sueño, la energía y el contacto con la naturaleza. Así fui sumando herramientas para que los cambios de las personas sean más profundos y duraderos.
¿Qué aspectos observás hoy como claves para el bienestar de los trabajadores?
Uno de los grandes problemas es la hiperconectividad tecnológica y la desconexión de los vínculos sociales y de la naturaleza. El estrés crónico se volvió el común denominador: vivimos acelerados, como si tuviéramos leones persiguiéndonos, cargados de ansiedad y desconectados de nosotros mismos.
El multitasking es otro problema: hacer muchas tareas a la vez desgasta la memoria de trabajo y las funciones cognitivas. Eso nos deja agotados, administrando mal la energía y dependiendo de estimulantes como la cafeína, mientras caemos en sedentarismo, mala alimentación y déficit de sueño. Nos llenamos de malos hábitos urbanos que nos vuelven ansiosos y desconectados.

¿Y qué consecuencias traen estos malos hábitos a largo plazo?
Desemboca en lo que llamo los “cuatro jinetes del Apocalipsis”: enfermedades cardiovasculares, cáncer, accidentes cerebrovasculares y enfermedades neurodegenerativas. Ocho de cada diez personas mayores de 40 mueren por estas causas, todas ligadas a nuestros hábitos. Mejorar sueño, alimentación, actividad física, gestión del estrés y contacto con la naturaleza es fundamental. El biohacking busca recuperar esos hábitos ancestrales, respaldados por ciencia y tecnología.
¿Existe algún método de autodiagnóstico sencillo para conocer cómo estamos?
Sí. En biohacking decimos, “lo que medimos tiende a mejorar”. Podemos pesarnos, pero también observarnos: ¿me siento con energía al despertar?, ¿tengo foco, claridad, vitalidad?, ¿descanso bien? Esos son trackeos subjetivos muy poderosos. Además, se pueden usar dispositivos que miden parámetros objetivos, pero lo más importante es el auto registrodiario.
¿Qué impacto tienen hoy las tecnologías en la mente y el cuerpo?
Estamos en un momento bisagra. La inteligencia artificial es un arma de doble filo: puede potenciar productividad y creatividad, pero también fomentar un “sedentarismo cognitivo”. Funciones que no se entrenan, se atrofian. Ya tenemos menos foco que un pez dorado y una memoria de trabajo deteriorada por el multitasking. Si delegamos todo en la IA, podemos generar “deuda cognitiva”, perdiendo vocabulario, memoria y pensamiento crítico. En el futuro, el verdadero superpoder será saber pensar.
Frente a este panorama, ¿cómo ves el rol de la tecnología?
No hay que luchar contra el avance. La clave es usarla a favor. Podemos pedirle a la IA ejercicios para entrenar la mente, hábitos saludables o ayuda en tareas repetitivas. Todo depende de cómo la usemos. Si se integra con conciencia, puede ser una gran aliada.
¿Cómo definirías el biohacking?
Es un estilo de vida. Se trata de potenciar biología y mentalidad a través de hábitos: sueño, alimentación, actividad física, gestión del estrés, contacto con la naturaleza y, en algunos casos, dispositivos tecnológicos. Pero ante todo busca recuperar hábitos ancestrales: caminar descalzos sobre la tierra, exponernos al frío y al calor, alimentarnos con comida real. El biohacking combina lo ancestral con la ciencia para alcanzar una vida larga, vigorosa y plena.
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