“La actividad no se detiene nunca: la mercadería está en movimiento las 24 horas y los inconvenientes pueden surgir en cualquier momento”, advierte Alejandro al describir la intensidad del trabajo en este sector. Además, señala el impacto de la tecnología en la forma de hacer negocios y destaca la importancia de la pasión por la logística y el comercio exterior para poder enfrentar los desafíos que presentan.
¿Cuánto tiempo llevás vinculado a la logística y el comercio exterior?
Desde que nací, porque tanto mi papá como mi mamá estaban vinculados con el comercio exterior. Por ese motivo, toda mi vida estuve vinculado a este sector. Eso también permitió que mi inserción laboral se diera de manera muy natural.
En términos profesionales empecé en 2001 y sigo entusiasmado con esta actividad. Es un rubro donde se necesita mucha pasión para sostenerse, porque demanda mucho tiempo y dedicación. Se mete en tu vida de una manera que si no tenés entusiasmo, se vuelve insostenible.
¿Qué tiene de particular la logística internacional que la hace tan absorbente?
Trabajamos con diferentes husos horarios y países, cada uno con sus propias costumbres y restricciones. Algunas culturas tienen días en los que no operan, otras requieren ciertos protocolos específicos para los negocios. La actividad no se detiene nunca: la mercadería está en movimiento las 24 horas y los inconvenientes pueden surgir en cualquier momento.
Si bien hoy contamos con tecnología y equipos que permiten delegar muchas tareas, la dinámica de la logística muchas veces se mezcla con la vida personal. Pero si te apasiona lo que hacés, no se vuelve un peso. Al contrario, yo disfruto de estos desafíos.
¿Cómo influyen las existencias de, entre otras cosas, diferencias culturales en el comercio internacional?
Las diferencias culturales afectan tanto la manera de hacer negocios como la interacción cotidiana. Un ejemplo claro son las diferencias religiosas, que determinan días hábiles y formas de vincularse. Pero también hay diferencias en hábitos de consumo, protocolos comerciales y maneras de negociar.
Para poder entender estos matices, me ha tocado viajar muchas veces. He estado en China más de 40 veces y, al principio, mis viajes eran para conocer las ciudades y su gente, para aprender cómo comunicarme mejor. Lo mismo hice en Japón, donde incluso me quedé en una universidad para aprender desde adentro su cultura de negocios. Esa experiencia me permitió interpretar mejor las necesidades de cada mercado y mejorar la forma en la que ofrecemos soluciones logísticas.
¿Qué diferencias hay entre la logística de hoy y la de hace 15 años?
Es totalmente distinta. La tecnología ha acelerado los procesos, transformando la manera de hacer negocios. Antes, los vínculos personales eran clave; hoy, en cambio, muchas decisiones se toman a través de sistemas automatizados. La digitalización ha hecho que los negocios sean más rápidos y eficientes.
También hubo una fuerte concentración de empresas. Antes había más jugadores y opciones en el mercado. A pesar de esto, la creatividad humana sigue siendo fundamental para interpretar y adaptarse a las necesidades cambiantes del comercio global.
¿Cómo ves la actualidad argentina en relación al comercio exterior?
Desde que empecé en este rubro, Argentina siempre ha requerido una gran capacidad de adaptación. Nunca hubo estabilidad en las condiciones de mercado, por lo que quienes mejorar lograron interpretar la situación y tuvieron más flexibilidad fueron quienes lograron sostenerse.
Independientemente del contexto político o económico, lo importante es mantener el entusiasmo y la capacidad de innovar. Si bien hay desafíos constantes, también hay oportunidades para quienes estén dispuestos a adaptarse y entender la dinámica cambiante del comercio internacional.
¿Hacia dónde creés que nos lleva la inteligencia artificial?
Hace 15 años intenté desarrollar tecnología específica para el sector, pero era prematuro: la infraestructura no estaba lista. Hoy la situación es diferente. La inteligencia artificial ya está transformando la logística: desde almacenes automatizados hasta vehículos autónomos.
En los próximos años, los cambios se acelerarán aún más. Lo que vemos hoy es solo el comienzo. Los sistemas de gestión se volverán más inteligentes y permitirán optimizar la logística de formas que hoy ni imaginamos.
Como líder, ¿qué estrategias implementás para transmitir la pasión por este sector?
La comunicación es fundamental. Tener reuniones periódicas, escuchar al equipo e intercambiar ideas es clave para fomentar el crecimiento. Me gusta enseñar y transmitir la pasión por este negocio, sobre todo a los más jóvenes.
En este sector, muchas veces no se valora tanto la experiencia previa como el interés y las ganas de aprender. Cuando encontrás gente apasionada, vale la pena dedicar tiempo para formarlos. Este es un negocio que exige renovación constante y necesitamos formar a las próximas generaciones para que continúen evolucionando y aportando valor al comercio internacional.