Ya veníamos hablando de los cambios en el mundo del trabajo mucho antes del COVID 19. Los motivos diversos y variados, aunque ninguno tan extremo como el que hoy nos toca transitar. La globalización, internet y las nuevas tecnologías nos hacían tener presente la “adaptabilidad” como un aspecto clave en todos los rubros y sectores.
Lo cierto es que la tecnología y el mundo del trabajo ya convivían, muy cerca por cierto y hace varios años nos hacían repensar las profesiones, las relaciones y los espacios de trabajo.
El trabajo remoto despertaba amores y odios. Para muchos una opción que permite optimizar el tiempo, aumentar la productividad y permitir un balance entre la vida personal y laboral, para otros una justificación para trabajar menos y un espacio de “comodidad” y poco rendimiento.
En contra de todos los pronósticos que ponían al home office en cuestionamiento “No tienen la experiencia para trabajar desde su casa” “No van a ser productivos” “Hay que controlar a la gente todo el tiempo para ver qué están haciendo”. Hoy el mundo digital es el que permite a muchas empresas seguir funcionando. Y si funciona hoy, con todos los condimentos que surgen de esta cuarentena, readaptando la cocina como sala de reunión, el sillón o el balcón como un nuevo ambiente, con la falta de equipos técnicos, y sumando la convivencia con nuestras familias, parejas, hijos, mascotas todos en el mismo lugar… deberíamos haber aprendido que el trabajo remoto si funciona.
Nos preguntamos entonces, qué pasara el día después ¿volveremos todos a la oficina? ¿El trabajo se volverá totalmente remoto? ¿Se flexibilizará para todos, para algunos?
Si bien quedo expuesto que el trabajo remoto funciona, también quedo en evidencia que el lugar de trabajo es mucho más que un espacio al que uno va a pasar gran parte de su día, es un lugar clave donde hacemos compañeros, amigos y por que no enemigos también, como en la vida. Es un espacio que nos obliga a ceder, a compartir, a convivir más que con nuestras familias. Al fin y al cabo, somos seres sociales, y, con lo bueno y lo malo necesitamos “al otro”.
No podemos olvidarnos que el mundo del trabajo sigue girando, pero no para todos. Más allá del home office hay muchos rubros y profesiones que se basan en ese contacto con “el otro”. CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) estableció que el potencial de trabajos que se puede realizar desde los hogares es del 27% al 29% de los totales, lo cual se reduce al 18% si tenemos en cuenta el uso efectivo de computadoras y tecnología necesaria, y, así y todo, por lo menos un 40% de trabajos no tienen posibilidades de realizarse desde los hogares.
Son muchos los ejemplos que nos vienen a la mente y mucha la gente que hoy, pese a toda la tecnología, las herramientas y la comunicación, no pueden generar ingresos. A día 30 nos preguntamos entonces qué sucederá el día después. ¿Se incorporaran nuevas prácticas? ¿Se flexibilizará el trabajo remoto? ¿Se integrará la tecnología a nuevos ámbitos? Si alguna lección hemos aprendido es que no lo sabemos. Cuando volverá todo a la normalidad es una pregunta que nos hacemos todos, aunque talvez debemos preguntarnos cuál será la nueva normalidad en el mundo del trabajo.
Linkedin Ayelén Kalenok