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Diplomacia pública desde el Zócalo: México también le habla al mundo

La Feria Internacional del Libro del Zócalo puede trascender la promoción de la lectura para convertirse en una plataforma de diplomacia pública

TALYA ISCAN, Académica de la Escuela de Gobierno y Economia de la Universidad Panamericana y de la Facultad de Empresariales, experta en política internacional y seguridad

Está cobrando fuerza una forma de presencia internacional que merece mayor atención en México: las ciudades que construyen relaciones con otras sociedades a través de la cultura, el debate público y las experiencias de gobierno. La diplomacia pública tiene una larga historia; lo que está cambiando es quién puede ejercerla y desde dónde.

Una feria del libro, una universidad o una plaza pueden convertirse en espacios donde se juega algo decisivo: cómo nos conocen en otros países y por qué estarían dispuestos a colaborar con nosotros.

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La diplomacia pública consiste en relacionarse con públicos extranjeros para construir confianza, entendimiento y cooperación. Incluye escuchar, explicar políticas, promover intercambios y mantener vínculos culturales.

El Centro de Diplomacia Pública de la Universidad del Sur de California destaca que, en la actualidad, los gobiernos, las organizaciones y los actores subnacionales participan en redes internacionales. El alcance de estas relaciones depende, en buena medida, de su credibilidad. Una campaña puede comprar visibilidad, pero la confianza requiere experiencias compartidas y continuidad.

Desde esta perspectiva, la Feria Internacional del Libro del Zócalo de 2026 merece una lectura que trascienda las ventas editoriales. Celebrada del 9 al 18 de octubre, su XXVI edición contempló una programación de 266 actividades, 353 editoriales y 317 ponentes, entre ellos 48 internacionales.

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Estas cifras describen una infraestructura de encuentro en la que autores, lectores y participantes de distintos países comparten debates y experiencias en uno de los principales espacios públicos de la capital mexicana.

La feria nació en 2001 con una vocación popular: acercar la producción editorial a quienes no necesariamente frecuentan librerías o encuentros especializados. Con el tiempo, consolidó redes entre grandes editoriales, sellos independientes, escritores, artistas y colectivos.

En 2018, por ejemplo, las Letras del Caribe fueron invitadas de honor. Su proyección internacional, por tanto, antecede a la administración actual. Reconocer esa continuidad permite valorar lo que Clara Brugada recibe, sostiene y tiene la oportunidad de transformar.

La edición de este año dejó señales de expansión. En 2025, el Gobierno de la Ciudad de México reportó más de 1.3 millones de asistentes. Al cierre de 2026, su directora, Paloma Saiz, estimó una afluencia superior al millón y medio, cercana a los dos millones, además de la entrega de alrededor de 40 mil libros.

Se trata de cifras reportadas o estimadas por los organizadores, sin una metodología pública comparable que permita calcular con precisión el crecimiento entre ambas ediciones. Aun con esa limitación, los datos apuntan a una capacidad de convocatoria considerable.

Sin embargo, la relevancia internacional de la feria no se mide automáticamente por la cantidad de visitantes. La mayoría de quienes recorren el Zócalo conforman un público local.

Su dimensión como instrumento de diplomacia pública surge cuando las conversaciones trascienden las fronteras, generan relaciones profesionales o propician espacios de reconocimiento mutuo. Invitar a escritores extranjeros abre una posibilidad; mantener traducciones, publicaciones y colaboraciones posteriores permite convertir ese encuentro en una relación duradera.

Este año, esa posibilidad adquirió una dimensión política explícita. La programación incorporó discusiones sobre fundamentalismos, neofascismos y el avance de la extrema derecha. Una feria del libro puede participar en debates globales desde México, sin limitarse a exhibir su patrimonio cultural o promover el turismo.

Esa ambición resulta valiosa siempre que preserve la apertura intelectual: una conversación internacional gana credibilidad cuando admite preguntas difíciles y desacuerdos, incluso frente a las autoridades que la financian.

En este contexto se inscribe Zohran Mamdani. Se anunció una conversación virtual entre el alcalde de Nueva York y Clara Brugada para la inauguración de la feria. Sin embargo, La Jornada informó que el diálogo había sido pospuesto, sin que en esa nota se confirmara una nueva fecha.

Es importante distinguir entre una participación anunciada y una conversación efectivamente realizada. Aun así, su inclusión en el programa revela una intención: vincular el encuentro literario con la construcción de alianzas entre gobiernos urbanos de orientación progresista.

El acercamiento entre ambos mandatarios tiene un antecedente verificable. En septiembre, Brugada participó en el encuentro Urban 20, celebrado en Nueva York, donde presentó propuestas sobre vivienda asequible y cuidados.

Mamdani destacó las Utopías y el Sistema Público de Cuidados de la capital mexicana. El intercambio situó experiencias de la Ciudad de México en el contexto de problemas compartidos por grandes metrópolis: cómo habitar una ciudad, permanecer en el propio barrio y acceder a servicios sin que el ejercicio de los derechos dependa exclusivamente del ingreso.

Este terreno corresponde a la paradiplomacia, es decir, la actuación internacional de los gobiernos subnacionales dentro de sus competencias. Aunque está relacionada con la diplomacia pública, ambas nociones describen dimensiones diferentes.

El intercambio entre administraciones municipales constituye una expresión de paradiplomacia; comunicar esas experiencias y dialogar con habitantes, universidades y asociaciones extranjeras incorpora una dimensión de diplomacia pública. Una conversación abierta durante la FIL habría permitido articular ambas funciones ante una audiencia amplia.

La escala de estas redes también importa. La alcaldía de Nueva York anunció que el Urban 20 de 2026 reuniría a 25 alcaldes y representantes de 34 ciudades, con la vivienda, el clima y la migración entre sus prioridades.

México puede participar en esas discusiones mediante la presentación de soluciones urbanas concretas. Para América Latina, esto abre la posibilidad de construir relaciones con ciudades del Norte Global desde una posición que no se limite a recibir modelos, sino que también aporte conocimientos y experiencias susceptibles de adaptación.

La administración de Brugada cuenta con iniciativas que podrían contribuir a esa proyección. La Noche de Primavera pasó de nueve sedes en 2024 a catorce en 2025, cuando extendió sus actividades más allá del Centro Histórico hacia otras zonas de la ciudad. La asistencia reportada aumentó de 230 mil a más de 240 mil personas.

Esta expansión territorial refleja una política cultural que busca ampliar el acceso a las actividades artísticas. Aunque esos datos no bastan para demostrar una mayor influencia internacional, sí permiten identificar experiencias urbanas que podrían compartirse con otras ciudades.

También es necesario distinguir las escalas de gobierno. Durante la administración federal de Claudia Sheinbaum, las exposiciones y colaboraciones culturales han contribuido al acercamiento con España. La cultura puede mantener abiertos canales de diálogo cuando las relaciones políticas atraviesan tensiones.

La FIL del Zócalo forma parte de un ecosistema cultural mexicano más amplio, aunque sus decisiones y resultados corresponden a actores e instituciones distintos.

La lección para América Latina consiste en transformar estos encuentros en mecanismos de cooperación verificables. Las ferias del libro pueden vincularse con bibliotecas extranjeras, impulsar residencias para autores, promover traducciones y facilitar proyectos conjuntos entre universidades y gobiernos municipales.

Las relaciones con ciudades como Nueva York, Barcelona o Los Ángeles podrían fortalecerse mediante iniciativas que conecten cultura, cuidados y vivienda a partir de experiencias compartidas. En ese proceso, las comunidades migrantes ofrecen interlocución, redes y conocimientos indispensables.

El desafío comienza después de que se desmontan los escenarios y termina la programación. La pregunta es qué permanece: acuerdos ejecutados, libros traducidos, públicos extranjeros alcanzados y colaboraciones que sobreviven al calendario político.

Para responderla, se necesitan mecanismos de seguimiento y evaluación que permitan distinguir entre la visibilidad de un evento y los resultados concretos de una relación internacional.

La FIL del Zócalo ofrece una plataforma para avanzar en esa dirección. Su mayor potencial reside en demostrar que una ciudad latinoamericana puede convocar al mundo desde una plaza abierta y convertir la cultura en un punto de partida para el diálogo y la cooperación. Porque, para construir relaciones internacionales, también hacen falta lectores, interlocutores y lugares donde encontrarse.

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