Este 2026 se cumplen tres años del impacto del huracán Otis en las costas de Guerrero, el fenómeno meteorológico permanece como uno de los episodios más extremos registrados en el Pacífico mexicano.
El 25 de octubre de 2023, el ciclón llegó a Acapulco como una tormenta de categoría 5, con vientos sostenidos de 270 kilómetros por hora, después de intensificarse de manera extraordinaria en cuestión de horas.
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La fuerza del huracán provocó marejadas ciclónicas, inundaciones y deslizamientos de tierra, además de daños en infraestructura y en un aeropuerto de Guerrero. La rapidez con la que evolucionó sorprendió por la magnitud que alcanzó en un periodo tan corto, lo que también puso de manifiesto las dificultades que enfrenta la meteorología para anticipar cambios extremos en la intensidad de estos sistemas.
De acuerdo con información de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), Otis rompió récords regionales tanto por su fuerza como por la velocidad de su fortalecimiento. Su trayectoria y evolución continúan siendo relevantes para los investigadores que buscan comprender mejor las condiciones que favorecen la formación de huracanes de gran intensidad.
¿Cómo se intensificó el huracán Otis antes de llegar a Acapulco?
El 24 de octubre de 2023, Otis todavía era una tormenta tropical. Alrededor de las 2:30 horas, tiempo de Acapulco, se encontraba a unos 335 kilómetros al sur-sureste del puerto y presentaba vientos sostenidos de 100 kilómetros por hora, según los datos recopilados por la institución.
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Durante la tarde de ese mismo día comenzó a fortalecerse rápidamente hasta convertirse en un poderoso huracán. En cuestión de horas, pasó de tormenta tropical a categoría 5, un cambio que redujo el margen para anticipar la magnitud de su impacto.
El ciclón tocó tierra cerca de Acapulco durante la madrugada del 25 de octubre, con vientos sostenidos de 270 kilómetros por hora. Este fenómeno fue considerado el huracán más fuerte registrado en la costa del Pacífico mexicano y el de intensificación más rápida en el noreste del Pacífico, dejando 51 muertos y múltiples personas desaparecidas, de acuerdo a cifras oficiales del gobierno de México.
Asimismo, 47 municipios de Guerrero recibieron declaratoria de desastre, con daños severos concentrados en Acapulco.
Las condiciones que favorecieron la fuerza de Otis
Scott Braun, meteorólogo investigador del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, explicó que el ciclón reunió diversos factores ambientales favorables para una intensificación acelerada. No obstante, señaló que todavía resultaba difícil determinar por qué el fortalecimiento ocurrió con tanta rapidez y alcanzó semejante magnitud.
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Entre las condiciones identificadas destacan:
- Temperaturas cálidas en la superficie del mar, que aportaron energía al sistema.
- Una capa profunda de agua oceánica cálida, que favoreció el mantenimiento de esas condiciones.
- Abundante humedad, necesaria para alimentar la actividad de la tormenta.
- Baja cizalladura vertical del viento, que permitió un entorno más favorable para su desarrollo.
Aunque los modelos estadísticos consultados durante las discusiones de pronóstico en el Centro Nacional de Huracanes señalaban posibilidades de intensificación rápida, anticipar el momento exacto y la magnitud del cambio continuó siendo un desafío.
¿Qué aprendieron los científicos del huracán Otis?
La evolución de Otis también destacó la importancia de mejorar las herramientas de observación y los modelos utilizados para pronosticar ciclones tropicales. Antes de su llegada a Guerrero, el satélite NOAA-20 captó imágenes mediante el sensor VIIRS, que permitió observar las estructuras nubosas de la tormenta a través de datos infrarrojos.
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Asimismo, las observaciones de la misión TROPICS, dedicada al estudio de las precipitaciones y la intensidad de las tormentas, pueden ayudar a los investigadores a comprender mejor los factores ambientales que influyen en fenómenos similares.
Estos datos podrían contribuir al trabajo de organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el Centro Conjunto de Alerta de Tifones y otras agencias internacionales responsables de elaborar pronósticos meteorológicos.
A tres años de su impacto, Otis sigue siendo un caso relevante para la investigación científica: su rápida intensificación demuestra la complejidad de anticipar huracanes extremos y la necesidad de perfeccionar los sistemas de observación y alerta para reducir los riesgos ante futuros fenómenos meteorológicos.
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