Ana Casas Broda recibirá la Medalla al Mérito Fotográfico, por parte de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, este 23 de octubre, en el 27 Encuentro Nacional de Fototecas. La ceremonia se realizará en el Museo Nacional de Antropología y reconocerá una trayectoria que combina obra de autor, docencia, edición y curaduría.
La Fototeca Nacional del INAH entregará el reconocimiento
La distinción llegará de manos de la Fototeca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia. El galardón premiará el trabajo de la fotógrafa nacida en Granada, España, en 1965, quien llegó a México a los nueve años tras una infancia repartida entre Austria y España.
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Su obra entreteje la creación de autor con el impulso de plataformas colectivas. Entre ellas destaca Hydra, espacio fundado en 2012 junto con Gerardo Montiel Klint y Gabriela González Reyes, dedicado a generar proyectos fotográficos.
Una fotografía con su abuela marcó el inicio de su vocación
El curador Alejandro Castellanos sostiene que “todo fotógrafo tiene una foto”. En el caso de Casas Broda, esa imagen muestra a la autora y a su abuela Hilda, desnudas, con las manos entrelazadas, mirando fijamente a la cámara.
“La fotografía creó un lazo de complicidad entre ambas. Nos salvó, identificó y acercó”, explica la creadora. El vínculo con su abuela, residente en Viena, se convirtió en la semilla de su primer proyecto de largo aliento.
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Durante sus visitas a Austria, Casas Broda fue descubriendo a una mujer que se relacionó con el mundo a través de la fotografía. Los autorretratos y diarios de Hilda derivaron en una curaduría sobre una vida marcada por la Segunda Guerra Mundial y la posterior restauración de Austria en los años cincuenta.
Álbum y Kinderwunsch exploran la intimidad familiar
Ese proceso de catorce años dio origen al fotolibro Álbum, publicado por Mestizo en el año 2000. La obra reconstruye el vínculo con su abuela y fija las raíces de su propia vocación fotográfica.
Su siguiente proyecto, Kinderwunsch, publicado por La Fábrica en 2013, aborda la experiencia de la maternidad y la relación con sus hijos. “Fue interesante observar que Kinderwunsch despertaba reacciones contradictorias, había quienes calificaban las imágenes de deprimentes y otras que reconocían el afecto detrás de ellas”, recuerda la artista visual.
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La fotógrafa añade que la maternidad y la infancia habitan “un espacio sin palabras, donde todo son sensaciones, emociones, y lo que se despierta a nivel inconsciente depende de la experiencia que hemos tenido siendo padres o hijos, o ambos”.
Fue asistente de Manuel Álvarez Bravo en los años ochenta
Casas Broda se describe a sí misma como obsesiva. Estudió historia, pintura y fotografía, y a inicios de los años ochenta trabajó como asistente de Manuel Álvarez Bravo, antes de enfocarse en su obra propia.
Su gusto por la narrativa se formó con el álbum de su abuela y con fotolibros de la editorial Scalo, entre ellos Raised by Wolves, de Jim Goldberg, publicado en 1995.
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“Para mí, la fotografía es un medio en constante cambio, de exploración del mundo y de uno mismo, el cual permite abrir puertas, mirar cosas, relacionarse con las personas, suscitar momentos que no sucederían de otra forma”, expresa.
Desde 1990 forma a nuevas generaciones de fotógrafos
Además de su producción artística, Casas Broda organiza desde 1990 programas de estudio, seminarios y talleres. Ha participado en el Centro de la Imagen, a través de su Seminario de Fotografía Contemporánea.
En 2016 impulsó, dentro de Hydra, el programa Incubadora de Fotolibros. “Mientras más singular se vuelve el trabajo, más universal es. Cuando profundizamos nos volvemos frágiles, humanos. Esos puntos de sinceridad son los que nos permiten conectar, independientemente del lugar y la cultura de los cuales vengamos”, concluye la fotógrafa.
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