Flor de ayocote: el tesoro de la gastronomía mexicana con propiedades antiinflamatorias

La planta que la produce, Phaseolus coccineus L., forma parte de una tradición agrícola mexicana y concentra en sus semillas fenoles, antocianinas y péptidos de interés científico

Planta de frijol en maceta, tortillas, chiles y frijoles en una mesa junto a una ilustración del estómago y los intestinos humanos.
La flor de ayocote conserva un lugar en la cocina tradicional mexicana como quelite, aunque la investigación sobre sus propiedades nutricionales todavía es limitada. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La flor de ayocote forma parte de la cocina tradicional mexicana como quelite, ingrediente de guisos y relleno de tamales. Proviene de Phaseolus coccineus L., una leguminosa originaria de México y Centroamérica que se cultiva en la milpa desde hace miles de años.

Su consumo persiste en regiones campesinas e indígenas, sobre todo en el centro y sur del país. Aunque aún no existen análisis específicos sobre sus compuestos, la evidencia obtenida en las semillas de la especie sugiere un potencial antioxidante y antiinflamatorio que merece investigación.

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La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) señala que las flores de ayocote se comen como quelites, en guisos y tamales. Esta práctica vincula a la planta con una tradición que aprovecha hojas, vainas tiernas, granos y flores según la temporada agrícola.

La flor no debe presentarse como un tratamiento médico ni como una cura contra la inflamación. El interés científico surge porque las semillas de ayocote contienen fenoles, antocianinas, fibra y proteínas, mientras que estudios con extractos de la especie han identificado respuestas antiinflamatorias en modelos celulares. Falta comprobar si las flores tienen la misma composición y si producen efectos comparables en humanos.

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El ayocote es una leguminosa ligada a la milpa y a los quelites

El ayocote pertenece a una de las especies de frijol domesticadas en Mesoamérica. Junto con el maíz y la calabaza, integró sistemas agrícolas que aún sostienen buena parte de la alimentación rural mexicana.

La Revista Digital Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México explica que las comunidades mesoamericanas aprovechaban distintos órganos de las plantas de frijol. Consumían hojas, brotes, ejotes, granos tiernos y semillas maduras.

Dentro de esa lógica, las flores entran en la categoría de quelites. El término abarca hojas, brotes y flores comestibles que se incorporan a caldos, tamales, salsas y otros platillos regionales.

La CONABIO reconoce de forma expresa el consumo de las flores de ayocote. Este dato confirma que no se trata de un adorno culinario reciente, sino de un ingrediente asociado a prácticas alimentarias arraigadas.

El nombre ayocote procede de voces nahuas como ayocotl o ayecotl, vinculadas con la idea de un frijol grande. Sus semillas se distinguen por su tamaño y por una diversidad de colores que incluye tonos cafés, negros y morados.

La planta desarrolla tallos trepadores, hojas trifoliadas y flores que suelen ser rojas, aunque también existen variedades blancas, rosadas y bicolores. Las vainas jóvenes pueden comerse como ejotes y, en algunas comunidades, también se aprovechan raíces tuberosas.

Plato de barro con granos de ayocote, flores rosadas, vegetales y quelites sobre una mesa de madera, junto a una tortilla de maíz azul.
El ayocote pertenece a una de las especies de frijol domesticadas en Mesoamérica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La flor de ayocote se conserva en recetas de varias regiones mexicanas

El uso culinario de la flor está documentado en la gastronomía regional. La Revista Enfoques del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco indica que, en Chiapas, se prepara en caldillos de jitomate con chile.

Esa combinación reúne ingredientes característicos de la cocina mexicana: una flor de la milpa, jitomate y chiles. La preparación ilustra cómo los saberes locales integran productos disponibles en la parcela sin separar el valor nutricional de la costumbre familiar.

En Tlaxcala, las semillas de ayocote se cocinan como frijoles de la olla y se usan en tlatloyos y tamales. En Puebla, Veracruz y otras zonas del país aparecen en adobos, cocidos y preparaciones festivas.

La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural destaca que el ayocote mantiene presencia en comunidades indígenas y campesinas de las tierras altas del centro de México. Allí se valora como alimento de larga saciedad, ligado a las jornadas de trabajo en el campo.

En Puebla, los ayocotes también ocupan un lugar en las celebraciones decembrinas. Una crónica gastronómica de Grupo Animal describe su preparación en pasta oscura para acompañar los chipotles dulces rellenos de queso de cabra fresco.

Aunque esa receta se concentra en las semillas, muestra la relevancia cultural del color intenso del frijol. Los pigmentos que dan tonalidades oscuras a ciertas variedades han despertado interés por su contenido de compuestos fenólicos.

Las semillas concentran la evidencia sobre antioxidantes y compuestos bioactivos

La mayor parte de la investigación científica disponible se concentra en los granos de ayocote, no en sus flores. Un estudio de Alvarado-López y colaboradores analizó cuatro variedades mexicanas y encontró diferencias marcadas en sus compuestos fenólicos, flavonoides y antocianinas.

La variedad morada presentó los valores más altos de esos componentes y también registró una elevada capacidad antioxidante en pruebas de laboratorio. Las antocianinas son pigmentos responsables de colores rojos, morados y azulados en numerosos tejidos vegetales.

Los datos reunidos por la Revista Enfoques indican que variedades de ayocote, comba e ibes pueden aportar entre 17,7 y 25,5% de proteína. Además, investigaciones sobre harinas de ayocote hallaron proporciones elevadas de fibra dietaria.

La fibra, los carbohidratos complejos y las proteínas explican parte de la capacidad de saciedad atribuida al frijol. En conjunto, estos nutrientes también se relacionan con un mejor control de la glucosa y con beneficios para la salud intestinal.

Otro trabajo sobre semillas de ayocote identificó sacarosa y estaquiosa entre sus azúcares y oligosacáridos principales. Este último compuesto se asocia con efectos prebióticos en otras leguminosas, debido a su interacción con bacterias intestinales.

Planta con flores rojas, vainas verdes y tutor de madera dentro de una maceta de barro en un patio empedrado.
La mayor parte de la investigación científica disponible se concentra en los granos de ayocote, no en sus flores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cocción reduce pigmentos, pero el ayocote conserva parte de su actividad

La cocción modifica la composición química de las semillas. Un estudio publicado en PMC sobre variedades café, negra y morada registró descensos en fenoles, antocianinas y capacidad antioxidante después del hervido.

Las pérdidas se explican por la degradación térmica y por la liberación de compuestos al agua de cocción. Aun así, los frijoles cocidos mantuvieron una actividad antioxidante relevante y conservaron ciertas bioactividades.

Los investigadores también observaron que los extractos de ayocote crudo y cocido podían inhibir enzimas digestivas como α-glucosidasa y α-amilasa. Estas enzimas intervienen en la descomposición de carbohidratos y en la velocidad con que la glucosa llega a la sangre.

El consumo de los frijoles con su caldo puede ayudar a aprovechar parte de los compuestos solubles que pasan al líquido durante la cocción. Esta práctica coincide con la forma tradicional de servir los frijoles de la olla.

Las flores suelen cocinarse durante menos tiempo que las semillas, sobre todo cuando se agregan a caldillos. No obstante, no existen estudios específicos que hayan medido cuánto cambian sus antocianinas o fenoles durante la preparación culinaria.

Los extractos de semillas mostraron efectos antiinflamatorios en células

La evidencia más directa sobre actividad antiinflamatoria en Phaseolus coccineus proviene de extractos preparados con semillas. Un estudio disponible en PubMed Central evaluó fracciones ricas en péptidos y polifenoles en fibroblastos dérmicos humanos.

En ese modelo celular, una fracción denominada AsP100 redujo la liberación de IL-6, una citoquina vinculada a procesos inflamatorios. El resultado se produjo cuando las células fueron expuestas a una condición proinflamatoria inducida por una región de la proteína galectina-3.

El estudio no demuestra que comer flor de ayocote produzca el mismo efecto. Tampoco permite establecer dosis alimentarias, beneficios clínicos ni aplicaciones terapéuticas para personas con enfermedades inflamatorias.

Las revisiones sobre leguminosas citadas en Molecules y en el British Journal of Nutrition indican que fenoles, antocianinas, proteínas y péptidos pueden intervenir en vías relacionadas con la inflamación y el estrés oxidativo.

Entre los mecanismos examinados en estudios experimentales aparecen la reducción de mediadores como IL-6 y TNF-α, la inhibición de enzimas proinflamatorias y la modulación de rutas celulares como NF-κB y MAPK. Gran parte de esta evidencia procede de experimentos in vitro, modelos animales o investigaciones sobre otras legumbres.

Una mujer sentada frente a una mesa con una planta en maceta, flores rojas, recipientes de barro con granos y masa, un molcajete y tortillas.
La CONABIO reconoce de forma expresa el consumo de las flores de ayocote. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El potencial de la flor requiere estudios directos antes de hacer promesas de salud

Las flores vistosas del ayocote contienen pigmentos que participan en la atracción de polinizadores y en la protección de los tejidos vegetales. Por ello, es razonable plantear que podrían contener antocianinas y otros flavonoides.

Esa posibilidad no equivale a una demostración científica. La composición de una flor puede diferir de la semilla tanto en la cantidad como en el tipo de compuestos presentes.

La investigación pendiente debe medir fenoles, antocianinas, vitaminas, minerales, fibra y posibles antinutrientes en flores de distintas variedades. También tendría que evaluar su actividad antioxidante y su respuesta en modelos de inflamación.

Un paso posterior consistiría en estudiar preparaciones tradicionales concretas, como los caldillos chiapanecos o los tamales. Así sería posible conocer qué ocurre con sus compuestos durante la cocción y cuál es su aporte dentro de una dieta completa.

La revalorización de la flor de ayocote puede apoyar la diversidad alimentaria y el reconocimiento de conocimientos campesinos. Su valor está en la cocina, en la milpa y en una historia de aprovechamiento integral de la planta.

Presentarla con rigor implica sostener dos ideas a la vez: es un ingrediente tradicional mexicano con usos documentados y pertenece a una especie cuyas semillas han mostrado propiedades bioactivas en laboratorio. La confirmación de efectos antiinflamatorios propios de la flor todavía depende de investigaciones específicas.

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