Una serie de publicaciones en la red social X plantea que México y Canadá se integren a un bloque euroatlántico ampliado —al que su autor llama “EU50”— que incluiría la adopción del euro, el espacio Schengen y el libre comercio con la Unión Europea (UE). La propuesta, que ha circulado con los hashtags #EU50 y #FeelTheFehlinger, surge días después de que Bruselas ofreciera a Canadá convertirse en su primer “miembro asociado”, una figura inédita y distinta a la membresía plena.
¿Quién está detrás de la propuesta?
El autor de los mensajes es Günther Fehlinger-Jahn, un economista y activista político austriaco que se presenta en redes como presidente del “Comité Austriaco para la Ampliación de la OTAN”. Se trata, sin embargo, de una iniciativa personal y no de una institución reconocida: la propia OTAN emitió un comunicado en el que precisó que Fehlinger no tiene vínculos oficiales con la organización y que sus opiniones son suyas, no de la Alianza.
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En sus publicaciones, Fehlinger vincula directamente su propuesta con el nuevo estatus de Canadá en la UE, y suma un guiño histórico poco común: recuerda que en 1864 el archiduque austriaco Maximiliano se convirtió en emperador de México, un episodio que usa como base para su comparación satírica entre Viena y la Ciudad de México.
Vale la pena precisar el contexto de esa historia: Maximiliano llegó a México invitado por un grupo de conservadores mexicanos con respaldo militar francés, y su llegada al trono estuvo respaldada por un plebiscito ampliamente considerado manipulado por historiadores, no por un proceso democrático genuino. Su gobierno terminó en 1867 con su fusilamiento, ordenado por las fuerzas republicanas de Benito Juárez.
Con ese antecedente como chiste, Fehlinger asegura: “Gracias por todo, Trump —estás haciendo que México parezca más europeo cada día”, en referencia a los aranceles impulsados por el presidente estadounidense. En sus mismos mensajes reconoce que México ya es miembro de la OCDE y socio comercial de la UE, y que su propuesta del “EU50” —México y Canadá con euro, Schengen y libre comercio— es “una visión política más que algo posible bajo las actuales normas de adhesión a la UE”, ya que el artículo 49 del TUE limita la membresía a un “Estado europeo”.
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Lo que sí está pasando: Canadá y su nuevo estatus
La propuesta no surgió en el vacío. Este 17 de septiembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, invitó a Canadá durante su discurso sobre el Estado de la Unión a convertirse en el primer “miembro asociado” del bloque, una figura completamente nueva cuyos detalles —incluido si Canadá tendría derecho de voto en instituciones europeas— aún están por definirse.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, celebró la invitación ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, pero fue enfático: “Canadá no está en posición, ni pretende, convertirse en miembro de pleno derecho de la Unión Europea”, afirmó. Es decir, ni siquiera Canadá busca la membresía completa que el “EU50” de Fehlinger imagina.
El anuncio no pasó inadvertido para Washington. El presidente Donald Trump insinuó que permitir que Canadá se convierta en miembro asociado de la UE podría ser considerado “un acto hostil”, y amenazó con responder con más aranceles contra el bloque europeo.
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Lo que dicen los tratados europeos
El punto que el propio activista admite es clave: según el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea (TUE), solo puede solicitar el ingreso a la UE “cualquier Estado europeo” que respete los valores democráticos del bloque. Esto excluye, por definición geográfica, a países como México y Canadá, salvo que se modificara el tratado mismo, algo que exigiría el acuerdo unánime de los 27 Estados miembros.
Mientras que dentro del artículo 10 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) dicta que países miembros pueden invitar por acuerdo unánime a cualquier otro Estado europeo que pueda contribuir a los principios del Tratado y a la seguridad de la zona del Atlántico Norte, pero la propuesta requiere el consenso de todos los aliados.
Relevancia del acuerdo comercial entre la UE-México
La Unión Europea y México formalizaron durante el mes de mayo la renovación de su acuerdo comercial, que dejará libre de aranceles al 99% de los productos intercambiados y exigirá ajustes en las cadenas de transporte, refrigeración, certificación y despacho de mercancías agroalimentarias durante los próximos siete a 10 años.
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El pacto, firmado en la Ciudad de México por las autoridades de ambas naciones, actualiza el convenio vigente desde 2000. Su calendario de disminución de impuestos comenzará cuando entre en vigor y reducirá gradualmente las tarifas que aún limitan el comercio en sectores específicos.
México es el segundo mayor importador de productos agroalimentarios europeos en América Latina, con compras anuales superiores a 2,700 millones de euros, de acuerdo con datos de la Comisión Europea de 2024; el mercado mexicano reúne a 131 millones de consumidores.
Los exportadores europeos enfrentaban gravámenes de entre 20% y 100% en ciertos segmentos, por lo que su eliminación ampliará el acceso a productos que hasta ahora llegaban al país con mayores costos.
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Siguiendo con este tema, el país busca eliminar este impuesto hasta 20% aplicado a la pasta, chocolate y la confitería, y de hasta 45% a los huevos.
Las mercancías avícolas, con tasas que actualmente pueden alcanzar 100%, también quedarán incluidos en la apertura gradual, los plazos para retirar estas barreras se extenderán entre siete y 10 años desde el inicio de vigencia del pacto.
Asimismo, la parte europea eliminará los aranceles para 13,000 toneladas de carne porcina, 20,000 toneladas de distintos tipos de quesos y 13,000 toneladas de preparados lácteos. Los tres rubros enfrentan actualmente una tasa de 45%.
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El acuerdo incorpora mecanismos sanitarios para acelerar el acceso de exportadores, donde más compañías de carne porcina y avícola podrán operar mediante un sistema de preinscripción y aceptación de productos procedentes de zonas libres de plagas ya reconocidas.
El resumen
Ni México ni Canadá están, hasta el momento, en un proceso de adhesión a la Unión Europea. Lo que existe es, por un lado, una oferta a Canadá de un estatus asociado sin precedentes y aún sin definir, y por otro, una modernización comercial y política ya firmada entre México y el bloque europeo. La propuesta de integrar a ambos países a la UE, el euro y la OTAN —bajo el nombre “EU50”— proviene de un activista sin cargo oficial en ninguna de esas instituciones, y él mismo reconoce que se trata de una visión que chocaría con los tratados vigentes.
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