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“Ser migrante y sentir que no encajas”: Rosa Ramírez relata su experiencia como mexicana-iraní en EEUU en ‘Material inflamable’

La escritora conversó con Infobae México sobre los temas que nutrieron su primera novela, como la discriminación, las adicciones y la salud mental

Material inflamable es una novela que explora la vida de una joven estudiante mexicana en una universidad en Massachusetts. A través de una narrativa fragmentada e introspectiva, la protagonista reflexiona sobre su identidad, sus raíces familiares, sus relaciones personales y su lucha interna con la salud mental y la adicción. Foto: Cortesía

La experiencia migrante, la discriminación, las adicciones, la salud mental y la resistencia frente a la asimilación atraviesan Material inflamable, la primera novela de Rosa Ramírez Mazaheri, publicada por Editorial Almadía.

La obra sigue a una joven mexicana que estudia en una universidad de élite en Massachusetts, Estados Unidos, donde debe encontrar su lugar dentro de un entorno marcado por las diferencias sociales, el privilegio y la sensación de no pertenecer. Mediante una estructura fragmentaria, la narración transita entre la realidad, la memoria y el delirio.

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En entrevista exclusiva con Infobae México, la autora explicó que el libro nació a partir de sus diarios personales, poemas y apuntes. Aunque comparte experiencias con la protagonista, Ramírez recurrió a la ficción para expandirlas y construir una historia que representa las vivencias de numerosas personas migrantes.

Foto: Cortesía

De los diarios personales a una novela sobre quienes no encajan

Antes de escribir narrativa, Rosa Ramírez se había dedicado principalmente a la poesía. Fue durante su maestría en escritura creativa en español en la Universidad de Iowa cuando comenzó a explorar otros géneros y encontró en sus antiguos diarios el punto de partida de Material inflamable.

“Definitivamente tengo una cercanía muy profunda con el personaje en cuanto a los paralelos de nuestras vidas y las experiencias. Cuando primero empecé a escribir Material inflamable, estaba partiendo de unos diarios míos, de muchos años”, relató.

La autora reunió experiencias personales, poemas y apuntes acumulados durante distintas etapas de su vida. Después utilizó la ficción como una herramienta para jugar con las fronteras entre lo vivido y lo imaginado.

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Su intención original no era publicar una novela. Ramírez ingresó al programa de la Universidad de Iowa con un manuscrito de poesía, pero un taller de ficción la llevó a recuperar los diarios que había escrito durante sus años universitarios y un viaje a La Habana.

“Me agarré de los diarios más que nada por la costumbre de poeta que tenía yo de partir de mis propias experiencias, de partir del yo. Era lo que me nacía más fácil”, explicó. Al releer esos materiales después de varios años, encontró el impulso para contar la historia.

La experiencia retratada, sin embargo, rebasa el terreno autobiográfico. La escritora reconoció en sus recuerdos una vivencia compartida por migrantes y estudiantes que ingresan a instituciones educativas de élite, pero sienten que no pertenecen a esos espacios.

“Me di cuenta de que lo que me interesaba platicar era una experiencia no solo mía, sino de muchísimas migrantes que sienten que no encajan en estas universidades de élite (…) Yo creo que es importante hablar sobre estos temas, no solo de la discriminación, pero del efecto que puede tener en la salud mental, especialmente para las mujeres", señaló.

Una protagonista migrante que se niega a pedir permiso

Uno de los propósitos centrales de la novela fue abordar la discriminación y sus consecuencias sobre la salud mental, particularmente entre las mujeres migrantes. Para hacerlo, Ramírez decidió alejar a su protagonista de una representación pasiva o construida únicamente alrededor del sufrimiento.

“Me importaba contar una historia y cuidar mucho el querer evitar la victimización, y que fuera una personaja muy triunfante, que se resiste por completo a la asimilación”, afirmó.

La identidad mexicana-iraní y fronteriza de la autora no solo influyó en los temas de la novela, sino también en su lenguaje, sintaxis y forma de mirar el mundo. Ramírez señaló que no habría podido escribir el libro de la misma manera sin sus experiencias como migrante ni la convivencia con otras personas que atravesaron luchas similares.

La frontera entre México y Estados Unidos aparece así como un territorio físico, cultural y lingüístico. En la voz de la protagonista conviven expresiones sinaloenses, mazatlecas y fronterizas que se apartan deliberadamente de una narrativa uniforme.

“Mi identidad como una mujer fronteriza es lo que más atraviesa el libro. Es un lenguaje que es sinaloense, que es mazatleco, pero que es fronterizo también”, explicó.

Esta identidad se convierte en una forma de resistencia frente a las presiones de adaptación dentro de un espacio privilegiado. La protagonista no intenta suavizar su personalidad para ser aceptada ni adopta el comportamiento que los demás esperan de ella.

Salud mental y adicciones sin moralejas

La protagonista de Material inflamable atraviesa episodios relacionados con el consumo de sustancias, la inestabilidad emocional y el delirio. Rosa Ramírez buscó presentar estas experiencias sin prejuicios, pero también sin romantizar la autodestrucción.

Para la escritora, los padecimientos y las adicciones no pueden separarse de las condiciones sociales en las que viven los personajes. Por ello, la novela aborda el consumo como un síntoma de circunstancias familiares, económicas y culturales más amplias.

“Quería dejar el estigma de lado por completo. La protagonista puede identificar su locura y su relación con el consumo, pero no le interesa rectificarlo, no le interesa sanarse, no le interesa resolverlo. Ella simplemente es”, sostuvo.

La novela tampoco propone una trayectoria convencional hacia la sobriedad o la recuperación. La autora evitó ofrecer una moraleja porque consideró que esa decisión le permitía mostrar al personaje en toda su complejidad: fuerte e incluso desafiante, pero también vulnerable y consciente de que puede lastimar a otras personas.

Ramírez cuestionó además que la literatura haya permitido históricamente que los personajes masculinos sean atormentados, excesivos o autodestructivos, mientras las mujeres reciben un juicio más severo por ocupar esos mismos espacios.

“Los personajes masculinos y los hombres que son escritores tienen permitido mucho más. Se romantiza incluso más con los hombres, con los escritores alcohólicos o los personajes masculinos atormentados. Es hora de humanizar a las mujeres por medio de permitirles ocupar esos espacios y esos temas”, expresó.

El humor como refugio frente a la violencia

Aunque Material inflamable aborda experiencias dolorosas, el humor, el sarcasmo y la sátira desempeñan un papel fundamental. La protagonista se burla de las situaciones de violencia y discriminación porque esa es su manera de procesarlas y evitar que la rabia termine por consumirla.

“En vez de tratar de explicar lo que le está pasando, prefiere burlarse, hacer un chiste. Esa es la manera en la que se acerca a ese entorno para procesarlo”, explicó Ramírez.

El humor también permite que la novela tenga mayores matices. En lugar de detener constantemente la narración para explicar las injusticias que vive el personaje, la ironía revela el absurdo de los códigos sociales y las expectativas impuestas a las mujeres.

“Si dejas que te consuma esa furia y esa rabia por lo que está sucediendo, te sofocas un poco. Usar el humor fue importante para que fuera una historia más placentera, pero también más matizada”, agregó.

Los silencios y delirios que completan la historia

La estructura fragmentaria del libro surgió inicialmente de la experiencia de Ramírez como poeta y de la dificultad que representaba escribir una obra narrativa de largo aliento. Con el desarrollo de la protagonista, esos cortes adquirieron un valor propio.

En la novela no siempre queda claro cuánto tiempo pasó entre un episodio y otro. Esa incertidumbre reproduce la percepción alterada del personaje y obliga al lector a reconstruir lo que sucede en los espacios vacíos.

“Creo que se puede decir mucho con esos silencios. No sabemos bien la línea de tiempo porque ella tampoco la tiene super identificada”, comentó.

Una influencia importante fue Diario inconsciente, de Santiago Loza, obra que también aborda la enfermedad mental mediante fragmentos y pausas. Ramírez encontró en esa incertidumbre una herramienta para añadir tensión a la historia.

Los episodios delirantes, por su parte, exponen una faceta que la protagonista mantiene oculta cuando se encuentra frente a otras personas. Mientras en el exterior actúa con fuerza y rudeza para defenderse, en sus delirios deja ver su fragilidad.

“Los delirios funcionan mucho para mostrar otro lado de ella, la dualidad que lleva dentro y su vulnerabilidad”, explicó la autora.

Escritoras que enseñan a desobedecer

La formación literaria de Rosa Ramírez estuvo marcada por mujeres y personas queer de América Latina cuya escritura desafió las convenciones. Entre sus principales influencias mencionó a las cubanas Soledad Ríos, Georgina Herrera y Margarita Mateo Palmer, así como a Tatiana de la Tierra y Cristina Peri Rossi.

De Soledad Ríos destacó los textos híbridos, los silencios y la ambigüedad entre realidad y sueño. Su obra le permitió comprender que el lector no necesita recibir toda la información, sino que también puede construir el contexto a partir de los vacíos.

“Me enseñó mucho a dejar atrás la idea de que tienes que obedecer ciertas convenciones. En verdad no tienes que obedecer ninguna convención; la escritura no es para eso”, afirmó.

Ramírez también recuperó de Georgina Herrera la idea de las pequeñas revoluciones cotidianas y literarias. Desde los blancos manicomios, de Margarita Mateo Palmer, fue otro punto de partida para abordar la salud mental y construir uno de los personajes de la novela.

La autora consideró que actualmente existe un movimiento más intencional para colocar en primer plano las obras escritas por mujeres. Aclaró, sin embargo, que su presencia no es nueva, pues siempre han existido autoras relevantes, aunque durante mucho tiempo sus trabajos recibieron menor visibilidad.

“Definitivamente hay un gran movimiento de mujeres escritoras en este momento. La verdad, están sosteniendo la literatura”, afirmó. Para Ramírez, el acompañamiento y la colaboración entre autoras son indispensables para ampliar esos espacios.

“Todas tenemos un poquito de material inflamable”

Más allá de la migración, las adicciones o la salud mental, Rosa Ramírez busca que lectores con experiencias distintas puedan reconocerse en la fuerza interior de la protagonista.

“Todas y todes tenemos un poquito de ese material inflamable, de esa lumbre por dentro”, concluyó. “Podemos decir de vez en cuando: ‘¿Sabes qué? Sí soy inflamable y sí puedo ser quien soy, puedo sentirme empoderada, a pesar de las dificultades que tenga’”.

Así, la escritora definió ese “material inflamable” que llevamos dentro: una lumbre que puede representar la rabia, la identidad o el deseo de resistir, incluso frente a las circunstancias más adversas.

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