Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió a un cuestionamiento sobre cuál considera el momento más complicado de su segundo año de gobierno. La mandataria señaló que la relación con Estados Unidos ha sido, en sus palabras, “compleja”, aunque afirmó que su administración ha buscado mantener un vínculo cordial con ese país pese a las dificultades.
Aranceles y primeros choques: el origen de la tensión
Sheinbaum recordó que, desde el arranque de la segunda administración del presidente Donald Trump, su gobierno enfrentó la amenaza de un arancel —del que dijo no recordar la cifra exacta, aunque mencionó una cercana al 30%— y que se lograron dos acuerdos: uno para posponer su aplicación por un mes, y otro para que solo los productos fuera del marco del tratado comercial vigente quedaran sujetos a gravámenes.
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Aranceles al acero y a los automóviles
La presidenta también identificó como momentos de tensión la imposición de aranceles al acero y a la industria automotriz por parte de Washington. Según explicó, actualmente el canciller Marcelo Ebrard se encuentra en Washington buscando un acuerdo en esta materia, en el marco de la negociación comercial entre ambos países.
La solicitud de extradición de sinaloenses
Sheinbaum mencionó, además, un episodio que —dijo— generó tensión con el gobierno estadounidense: el envío de una solicitud de detención urgente con fines de extradición para diez personas originarias de Sinaloa. De acuerdo con lo declarado por la mandataria, entre estas personas se encontraría un exgobernador o un gobernador con licencia del estado, sin que ofreciera mayor precisión sobre su identidad ni detalles adicionales del caso.
La presidenta no dio a conocer el estatus actual de dicha solicitud ni confirmó si esta prosperó, por lo que hasta el momento la información se limita a lo expuesto por ella misma en la conferencia.
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Sheinbaum subrayó que, ante este tipo de episodios, su gobierno ha optado por actuar con principios y con razón, evitando —dijo— reacciones impulsivas. Calificó estos hechos como situaciones de tensión más que como problemas de fondo para el país, y consideró que su administración ha logrado sortearlos.
Un fenómeno que no es exclusivo de México
México no ha sido el único país en tensar la cuerda con la Casa Blanca. Desde su regreso al poder, Donald Trump ha impuesto aranceles récord —los más altos desde la Gran Depresión, según Yale Budget Lab— a decenas de socios comerciales, generando fricciones con aliados históricos como la Unión Europea, India, Suiza y Brasil, además de una crisis diplomática con Canadá por el llamado “Greenland crisis”. Analistas y organismos como la OMC advierten que el impacto real de esta política arancelaria apenas comenzará a sentirse con fuerza en 2026.
A la par, la popularidad de Trump atraviesa uno de sus momentos más bajos: distintas encuestas (Reuters/Ipsos, Gallup, Pew Research) lo ubican entre 32% y 41% de aprobación, con una desaprobación que supera el 55-60% a nivel nacional. El desgaste incluye una caída sostenida incluso entre votantes republicanos, lo que ha encendido las alarmas de cara a las elecciones intermedias de 2026. En ese contexto, el pulso entre México y Washington se inserta en un tablero global donde la política comercial de Trump ha puesto a prueba a prácticamente todos sus socios, no solo a la relación bilateral con la presidenta Sheinbaum.
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