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El día que 30 marinos detuvieron a “El Grande” en un fraccionamiento de lujo en Puebla sin disparar un tiro

Sergio Villarreal Barragán pasó de agente de la PGR a jefe de sicarios del Cártel de los Beltrán Leyva. Su captura en 2010, sin resistencia y sin armas, abrió una segunda vida como testigo colaborador que años después llevaría al banquillo a Genaro García Luna

Arresto de Sergio Villarreal Barragán (Infobae)

La Marina Armada de México detuvo a Sergio Villarreal Barragán, alias “El Grande”, el 12 de septiembre de 2010 en un fraccionamiento residencial de Puebla, sin que el capo opusiera resistencia.

El operativo puso fin a la carrera de uno de los principales operadores del Cártel de los Beltrán Leyva, un hombre que había pasado de agente de la Procuraduría General de la República (PGR) a jefe de sicarios, y cuya captura se convirtió en el cuarto golpe mayor al crimen organizado en menos de un año durante el gobierno de Felipe Calderón.

A continuación, así fue el proceso de su arresto.

El operativo en el fraccionamiento Puerta de Hierro

El arresto ocurrió en una residencia del fraccionamiento residencial Puerta de Hierro, en la zona conocida como La Angelópolis, en Puebla de Zaragoza. Las acciones de la Marina iniciaron a las 10 de la mañana y concluyeron a las tres de la tarde, según consignó El Economista en su cobertura del día.

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El operativo incluyó 30 infantes de marina, cinco vehículos artillados y un helicóptero, de acuerdo con lo reportado por The Guardian. Los elementos de élite tomaron el control del suburbio con fuerzas adiestradas para el combate urbano, aunque el propio detenido no presentó ningún tipo de confrontación.

Villarreal Barragán se encontraba desarmado y acompañado únicamente de dos personas cuya identidad no fue revelada de inmediato por las autoridades. Los tres fueron detenidos al salir de la residencia sin oponer resistencia, según confirmó el entonces vocero de seguridad, Alejandro Poiré, citado por la BBC.

Sergio Enrique Barragán, ex operador de los Beltrán Leyva, también testificó contra "El Chapo" Guzmán. (Foto: SAÚL LÓPEZCUARTOSCURO)

A partir de las cinco de la tarde, los tres detenidos fueron trasladados vía aérea en un helicóptero de la Secretaría de Marina Armada de México (Semar) hacia la Ciudad de México, donde quedaron bajo vigilancia de la fiscalía federal.

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Por qué “El Grande” no disparó un solo tiro en Puebla

La rendición sin resistencia sorprendió a los propios agentes, dada la reputación de violencia de Villarreal Barragán y su posición como jefe de sicarios del Cártel del Pacífico Sur. Los reportes oficiales, recogidos por Infobae, señalan que su estrategia consistía en evitar cualquier enfrentamiento armado para acogerse como testigo colaborador.

Meses después de su captura, el capo ya se había comprometido a cooperar con la extinta PGR, según documentó El País. Ante la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) recibió el nombre clave de “Mateo” como testigo protegido, y rindió una declaración extensa que generó escándalos repetidos en esos años.

La PGR ofrecía una recompensa de 30 millones de pesos a quien aportara datos para su captura, equivalente a USD 2,3 millones según la cotización de la época, de acuerdo con El Economista. Esa cifra reflejaba el peso que las autoridades atribuían al personaje dentro de la estructura del crimen organizado.

Sergio Villarreal fue extraditado a EEUU luego de su captura en México por la Marina (Foto: Archivo)

De la Policía Ministerial de Coahuila al Cártel de los Beltrán Leyva

Villarreal Barragán nació el 21 de septiembre de 1969 en Torreón, Coahuila, e inició su carrera en la Policía Ministerial de ese estado y en la PGR, según consigna su ficha en Wikipedia. Su apodo proviene de su estatura: 2,03 metros de altura, que en el argot del crimen organizado lo convirtieron en “The Big One”.

Su trayectoria dentro del narcotráfico lo llevó sucesivamente por el Cártel de Juárez, el Cártel del Golfo, Los Zetas y el Cártel de Sinaloa, hasta consolidarse como operador de los Beltrán Leyva, de acuerdo con la reconstrucción publicada por Sin Embargo. Tras la muerte de Arturo Beltrán Leyva en un tiroteo con la Armada en diciembre de 2009, apoyó a su hermano Héctor en la disputa interna contra Édgar Valdez Villarreal “La Barbie”.

Un mes después de la captura de Valdez Villarreal, la Marina lo detuvo a él también en Puebla. En 2011 fue trasladado al penal de Puente Grande, Jalisco, tras una orden de detención con fines de extradición, y en mayo de 2012, ya durante el final del sexenio de Calderón, fue extraditado a Estados Unidos acusado de tráfico de drogas, asociación delictiva y lavado de dinero.

El testigo que declaró contra García Luna y “El Chapo”

Desde su celda en una prisión de Texas, Villarreal Barragán construyó una segunda vida como testigo protegido del gobierno estadounidense. El 23 de enero de 2023 se convirtió en el primer testigo en declarar en el juicio contra Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública, ante la Corte del Distrito Este de Nueva York.

Un individuo con las manos esposadas a la espalda viste una camiseta gris oscura, parado frente a un fondo azul con inscripciones blancas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese estrado, afirmó haber visto “en varias ocasiones” al exfuncionario para pagarle sobornos de parte del Cártel de Sinaloa, según recogió El País. Señaló que los enviados del cártel se reunían cada mes con García Luna en el estacionamiento de la plaza comercial Persiur, al sur de la Ciudad de México, donde le entregaban maletas con dólares.

De acuerdo con su testimonio, Arturo Beltrán Leyva entregó sobornos de entre USD 1 millón y USD 1,5 millones mensuales a García Luna entre 2001 y 2006, cuando este dirigía la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) durante el gobierno de Vicente Fox. El analista Raymundo Riva Palacio señaló, citado por Infobae, que ese testimonio ha sido criticado por contradicciones y falta de pruebas directas.

Villarreal Barragán también testificó contra Joaquín “El Chapo” Guzmán y, en 2018, declaró ante la Corte de Distrito Norte de Chicago que García Luna y Luis Cárdenas Palomino, extitular de la División de Seguridad Regional de la Policía Federal, colaboraban para el Cártel de Sinaloa y los Beltrán Leyva. En 2024, su testimonio volvió a generar controversia al afirmar que ese cártel ofreció apoyo a campañas políticas y mantuvo contactos con la DEA.

Narcocracia: el libro de Anabel Hernández que lo devuelve al centro del debate

En agosto de 2026, el nombre de “El Grande” regresó a la conversación pública con la presentación de Narcocracia, el nuevo libro de la periodista Anabel Hernández editado por Grijalbo. La obra articula el testimonio de Villarreal Barragán para examinar cómo la delincuencia organizada penetró las estructuras políticas, empresariales y sociales del país durante tres décadas.

A través de entrevistas extensas, Hernández documenta las relaciones entre líderes del narcotráfico y representantes de distintos sectores, según describe Infobae en su cobertura del 25 de agosto de 2026. Los especialistas advierten que la complejidad de los intereses en juego y los beneficios que Villarreal Barragán obtuvo como testigo protegido obligan a leer su relato con reservas.

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