Los tianguis más raros de México no se limitan a frutas y verduras: entre autopartes rescatadas del desecho, rituales de amor con toloache y vinilos de metal underground, estos mercados callejeros son uno de los documentos culturales más vivos del país. Desde Iztapalapa hasta Tonalá, cada uno tiene una lógica propia que lleva siglos funcionando.
El término viene del náhuatl tianquiztli, que significa “mercado”. Antes de la llegada española, ciudades como Tenochtitlán, Texcoco y Tlaxcala ya organizaban sus tianguis por especialidad de producto, con jueces que regulaban precios y resolvían disputas. Esa lógica —instalarse en días fijos, desmontar al terminar la jornada, agruparse por giro— persiste intacta.
El Salado: autopartes, tecnología de los 90 y ropa de paca desde las 3 a.m.
En el límite entre la alcaldía Iztapalapa y el municipio de Nezahualcóyotl opera uno de los tianguis más singulares de la Ciudad de México: El Salado. Se instala cada miércoles desde las 3 a.m. y se extiende desde la salida del Metro Acatitla hasta el Faro de Oriente, a lo largo de la Calzada Ignacio Zaragoza, la Avenida Octavio Paz y la Avenida Texcoco.
PUBLICIDAD
Su especialidad más llamativa es la venta masiva de autopartes: transmisiones, motores, espejos, carrocerías y refacciones de todo tipo conviven con laptops de segunda mano, servidores genéricos y tecnología de los años 90 que en otras zonas de la ciudad ya fue desechada. También hay ropa de paca, objetos de colección y mercancía que circula fuera de cualquier canal formal.
Estudios de la Facultad de Economía de la UNAM describen este tipo de comercio periférico como un amortiguador ante crisis económicas: permite la circulación de capital en comunidades de bajos ingresos y extiende el ciclo de vida de objetos que el mercado formal ya descartó. El Salado es, en ese sentido, un archivo material de la ciudad.
El mercado de los brujos: nueve pasillos entre la Santa Muerte y el toloache
El Mercado de Sonora abrió el 23 de septiembre de 1957 en la colonia Merced Balbuena, sobre la Avenida Fray Servando Teresa de Mier, como parte de un proyecto para reubicar el comercio informal de La Merced. Con más de 400 locales divididos en nueve pasillos, hoy es uno de los mercados más reconocidos internacionalmente por su oferta esotérica.
PUBLICIDAD
Los primeros tres pasillos se dedican a alfarería, cerámica y talavera. Del cuarto al séptimo dominan los juguetes, piñatas y disfraces. Los dos últimos son los más inusuales: hierbas medicinales traídas de Xochimilco, Milpa Alta, Puebla y el Estado de México; animales vivos —perros, gatos, iguanas, serpientes, hurones y, de forma polémica, especies exóticas—; amuletos, veladoras, figuras de la Santa Muerte, orishas y artículos de santería cubana.
Unos 2,000 practicantes acuden cada fin de semana a contratar limpias, lecturas de tarot, amarres y rituales. En sus pasillos conviven el catolicismo colonial, el chamanismo prehispánico, la santería afrocaribeña y el sufismo. El toloache —planta con propiedades narcóticas y psicoactivas— se vende en casi todos los puestos de la sección mágica, siempre con advertencia sobre sus efectos.
El Chopo: Patrimonio Cultural Inmaterial donde los metaleros son los marchantes
El Tianguis Cultural del Chopo nació en 1980 en las instalaciones del Museo Universitario del Chopo de la UNAM y con el tiempo fue desplazado a la vía pública. Hoy opera cada sábado en la calle Juan Aldama, en Buenavista, cerca de la Biblioteca Vasconcelos y del Metro Buenavista.
PUBLICIDAD
Es el único tianguis del país especializado en contracultura urbana: vinilos de rock, punk, metal y gótico; fanzines y publicaciones independientes; chamarras de piel, parches, corsetería, máscaras y figuras de colección que no circulan en tiendas convencionales. “Aquí puedes encontrar toda clase de artículos y prendas que no vas a ver en otro tianguis. Es como un museo vivo”, declaró Pepe Sol, vendedor de artesanías de bambú desde 1981, al diario El Universal.
En septiembre de 2023, el Chopo fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, reconocimiento que destaca su papel como canal de distribución soberano para la producción cultural independiente de las últimas cuatro décadas.
Tonalá: artesanías con raíces en el Valle de Atemajac
El Tianguis Artesanal de Tonalá, en Jalisco, tiene su origen en los intercambios que los pueblos tonalteca, tecuexe y coca realizaban en la gran plaza de Tonallan antes de la conquista española. Hoy se instala los jueves y domingos de 7 a.m. a 4 p.m. sobre la Avenida Tonaltecas y algunas calles del centro de Tonalá.
PUBLICIDAD
La oferta proviene principalmente de talleres familiares e industriales de la zona: vidrio soplado, muebles tallados, artículos de decoración, cerámica y dulces regionales. Tiene reconocimiento nacional e internacional, aunque en años recientes también han proliferado puestos de comida y mercancía de piratería.
Los colosos: 600 años de historia y medio millón de visitantes cada domingo
El tianguis de Chilapa de Álvarez, en Guerrero, es considerado el más antiguo del continente americano: tiene aproximadamente 600 años de antigüedad y opera los domingos con una extensión de 5 kilómetros cuadrados. Ofrece textiles, cerámica de barro, canastos de fibra de palma y máscaras tradicionales de la región.
En la Ciudad de México, el tianguis de San Felipe de Jesús —conocido como “la Sanfe”— reúne cada domingo a unos 30,000 comerciantes y medio millón de visitantes a lo largo de casi 7 kilómetros en la alcaldía Gustavo A. Madero. Comenzó hace más de 40 años con solo 17 vendedores de herramientas.
PUBLICIDAD
En Guadalajara, El Baratillo lleva operando desde 1570. Cada domingo ocupa más de 50 cuadras de la calle Juan R. Zavala con alrededor de 10,000 puestos que van desde ropa y bicicletas hasta herramientas y antigüedades. Se instala desde antes del amanecer y cierra a las 3 p.m.