Los Ardillos: quiénes son sus enemigos y aliados en la guerra criminal de Guerrero

Mientras la violencia se intensifica y las comunidades indígenas sufren desplazamientos forzados, el grupo mantiene vínculos políticos que refuerzan su control

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Ilustración editorial conceptual que retrata a Celso Ortega Rosas y los hermanos Ortega Jiménez, líderes de Los Ardillos, en un fondo dramático con símbolos de conflicto y sangre. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los Tlacos declararon la guerra a Los Ardillos en junio de 2022 a través de redes sociales, tras disputarse el control de Petaquillas, un nodo avícola y de tránsito de drogas en Guerrero. Ese documento marcó el inicio formal de una guerra que, cuatro años después, desplazó a más de 800 familias y dejó 76 muertos en la Montaña Baja del estado.

Cómo se formó el mapa de enemigos

Los Ardillos nacieron como filial del Cártel de los Beltrán Leyva a principios de la década de 2000 en Quechultenango, Guerrero. Cuando esa organización se fragmentó tras la muerte de Arturo Beltrán Leyva en 2009, sus propias ramificaciones se convirtieron en competidoras: surgieron Los Rojos, Guerreros Unidos, el Cártel Independiente de Acapulco, el Cártel del Sur y, más tarde, Los Tlacos.

Los Rojos fueron los primeros rivales directos de Los Ardillos, con una disputa que entre 2014 y 2015 se centró en el control de la producción y venta de drogas, la extorsión, la piratería y el secuestro en los municipios de Chilpancingo, Tixtla, Chilapa y Eduardo Neri. El enfrentamiento llegó a su punto más visible el 9 de mayo de 2015, cuando 300 integrantes de Los Ardillos tomaron la ciudad de Chilapa, detuvieron a 11 funcionarios públicos y provocaron la desaparición de 16 personas.

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Los Tlacos: de autodefensa a enemigo número uno

Los Tlacos se constituyeron formalmente en mayo de 2017 como el brazo armado de la Policía Comunitaria de General Heliodoro Castillo, con Onésimo Marquina Chapa, alias “El Necho”, al frente. El grupo surgió para combatir a organizaciones como Guerreros Unidos, Los Rojos, Los Tequileros y La Familia Michoacana, pero con el tiempo se fusionó operacionalmente con fracciones de esos mismos rivales para controlar la producción de goma de opio y las extorsiones en campos mineros de la sierra.

A la zona acudieron más de mil agentes de seguridad (X/@ElObservadorNL)

El punto de quiebre entre Los Tlacos y Los Ardillos, según reportes periodísticos, fue la jornada electoral del 6 de junio de 2021. Ese día, Evelyn Salgado Pineda ganó la gubernatura de Guerrero y Norma Otilia Hernández fue elegida alcaldesa de Chilpancingo; el obispo emérito Salvador Rangel declaró a Quadratín en 2023 que Los Tlacos habían apoyado activamente ambas campañas, lo que les permitió consolidar el control de las extorsiones a comerciantes y transportistas en la capital del estado.

Los Ardillos interpretaron ese avance como una amenaza directa a su hegemonía regional y respondieron con una contraofensiva. En 2022, las disputas por Petaquillas generaron escasez de alimentos básicos y varias muertes, dado que ese municipio concentra una parte importante de la producción avícola que abastece a Guerrero.

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La tregua que no duró

En febrero de 2024, el padre Filiberto Velázquez, director del Centro de Derechos Humanos “Minerva Bello”, confirmó un acuerdo de paz entre Los Tlacos y Los Ardillos. El pacto establecía que cada grupo respetaría los negocios ilícitos del otro en Chilpancingo, particularmente el transporte público y la venta de carne de res, cerdo y pollo.

La tregua se rompió en abril de 2025 con un enfrentamiento en Tecoanapa, región de la Costa Chica, que dejó 11 muertos según la agencia EFE. En septiembre de ese año, nuevos roces en la Sierra de Chilpancingo derivaron en bloqueos de la Autopista del Sol durante seis horas.

Líderes de Los Ardillos (Tomada de X/@HEARST_BB)

Los aliados políticos del grupo

La red de Los Ardillos no solo opera con armas. Bernardo Ortega Jiménez, hermano de los presuntos líderes Celso y Antonio Ortega Jiménez, fue presidente municipal de Quechultenango entre 2002 y 2005, y diputado local del PRD en dos periodos: de 2005 a 2008 y de 2012 a 2015. Él ha negado vínculos con la organización criminal.

En el ámbito municipal, Mercedes Carballo Chino, presidenta municipal de Chilapa para el periodo 2024-2027, es cuñada de Celso Ortega Jiménez, el presunto líder operativo del grupo. Irving Said Ortega Carballo, secretario privado de la alcaldía e hijo del mismo Celso Ortega Jiménez, completa ese entramado dentro del gobierno local.

El secretario de Seguridad Omar García Harfuch confirmó en mayo de 2026 que el asesinato del alcalde de Chilpancingo Alejandro Arcos Catalán, hallado decapitado el 6 de octubre de 2024, ocurrió en Petaquillas, zona de influencia directa de Los Ardillos. Según el consultor en seguridad pública David Saucedo, el crimen coincide con el modus operandi del grupo y se vincula a la disputa por el control del Ramo 33, el fondo federal que en Chilpancingo asciende a 357 millones de pesos anuales.

Otros grupos en el tablero

La Familia Michoacana también figura entre los rivales de Los Ardillos en la zona serrana del centro de Guerrero, donde disputa territorios tanto con Los Tlacos como con otras facciones. El Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa mantienen células en municipios como Chilapa, aunque su relación con Los Ardillos no ha sido documentada con la misma profundidad que la guerra con Los Tlacos.

El conflicto tomó relevancia nacional luego de las acusaciones de pobladores de la sierra de Guerrero. Crédito: Crédito: Jesús Aviles - Infobae México

El analista Falko Ernst, del International Crisis Group, explicó en 2023 que la contracción del mercado de la heroína obligó a grupos medianos como Los Ardillos a buscar nuevas fuentes de ingreso, entre ellas la minería de oro y plata en la sierra. Esa diversificación generó nuevos frentes de conflicto con actores locales que antes no eran competidores directos.

Qué hacer si se está en una zona de riesgo

Las autoridades federales y organizaciones de derechos humanos han emitido orientaciones para las comunidades que conviven con este tipo de conflictos. A continuación, las recomendaciones documentadas:

  1. Registrar y denunciar. Comunidades como las del CIPOG-EZ han documentado ataques con video y comunicados públicos, lo que permitió visibilizar el asedio de mayo de 2026 ante el Congreso Nacional Indígena y la presidencia.
  2. Activar redes de alerta temprana. Las comunidades de Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán alertaron a otras localidades antes de que Los Ardillos llegaran a Alcozacán el 11 de mayo de 2026.
  3. Contactar a organismos de derechos humanos. El Centro de Derechos Humanos “Minerva Bello” actuó como mediador en la tregua de 2024 y como canal de denuncia ante instancias nacionales.
  4. Exigir presencia del Estado. El CIPOG-EZ dirigió sus demandas directamente a la presidenta Claudia Sheinbaum y al Ejército Mexicano, al señalar que las fuerzas federales no se presentaron durante el ataque a Alcozacán.
  5. Evitar desplazamientos solitarios. El alcalde Arcos Catalán viajó sin escolta a Petaquillas el día de su asesinato, según confirmó García Harfuch; las autoridades recomiendan no transitar sin acompañamiento en zonas de disputa activa.

El estado actual del conflicto

El 12 de mayo de 2026, el gobierno federal tomó el control operativo de Chilapa tras días de violencia. Las fuerzas federales reforzaron la zona, aunque el CIPOG-EZ acusó que la presencia del Ejército y la Guardia Nacional había servido, en sus palabras, “únicamente para simular mediáticamente un supuesto control de la región”.

La guerra entre Los Ardillos y Los Tlacos sigue sin resolución estructural. Mientras el Estado mantenga una presencia débil en La Montaña y la Montaña Baja de Guerrero, ambos grupos conservan el margen para imponer su propia ley sobre comunidades indígenas que ya no tienen a quién más recurrir.