México recibirá 13 partidos del Mundial 2026 en Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México. Pero según un análisis de la revista británica The Economist, el verdadero desafío del país no está en los estadios, sino en la narrativa política que rodea al torneo: cualquier tropiezo —por mínimo que sea— podría convertirse en munición para el presidente estadounidense Donald Trump.
“La preocupación es que se conviertan en agua para el molino del argumento del señor Trump de que México no puede controlar su propio territorio”, advierte la publicación en su más reciente edición.
Los cárteles, paradójicamente, no son el mayor peligro
La revista señala que los grupos criminales tienen pocos incentivos para atacar el torneo. Un atentado en un estadio provocaría una respuesta no solo de México, sino posiblemente de Estados Unidos, lo que sería perjudicial para sus negocios. En cambio, se espera que operen de forma discreta a través de fraudes, prostitución y otras actividades ilícitas.
PUBLICIDAD
Eduardo Guerrero, de la consultora Lantia, con sede en Ciudad de México, es citado en el texto como uno de los analistas que respaldan esta lectura.
El gobierno mexicano desplegará alrededor de 100 mil elementos entre soldados, policías y guardias de seguridad privada, además de tecnología de vigilancia y perímetros de seguridad en estadios y zonas de aficionados.
Otros riesgos sobre la mesa
The Economist enumera una serie de amenazas menos espectaculares pero igualmente disruptivas:
- Drones no autorizados cerca de recintos deportivos
- Protestas magisteriales: el 1 de junio, fuerzas de seguridad usaron gas lacrimógeno contra maestros del CNTE que exigen aumentos salariales en CDMX; el gremio planea más movilizaciones durante los partidos
- Colectivos de búsqueda que planean usar la vitrina del Mundial para visibilizar la crisis de personas desaparecidas
- Infraestructura limitada: el aeropuerto capitalino fue remodelado, pero sigue siendo insuficiente para la demanda que generará el torneo
El contexto político que lo complica todo
El análisis llega en medio de una escalada de tensión bilateral. El 30 de abril, fiscales estadounidenses imputaron al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa. Adicionalmente, autoridades de EE.UU. habrían revocado visas a otros dos gobernadores de Morena.
PUBLICIDAD
The Economist recuerda también el incidente del 19 de abril en Chihuahua, cuando dos funcionarios estadounidenses —ampliamente reportados como agentes de la CIA— murieron en un accidente tras una operación antidrogas, episodio que llevó a la presidenta Claudia Sheinbaum a advertir a Washington contra operaciones no autorizadas en territorio mexicano.
El beneficio económico que está en juego
Pese al tenso contexto, el torneo representa una oportunidad económica significativa. La consultora Deloitte estima que el Mundial aportará 2,730 millones de dólares a la economía mexicana —equivalente al 0.14% del PIB anual— y generará más de 100 mil empleos temporales.
Para la economía más débil entre los tres países sede, el torneo es también una ventana para proyectar una imagen distinta al exterior. El problema, advierte The Economist, es que esa imagen depende en buena medida de que nada salga mal.
PUBLICIDAD