“Era claro que nunca se suprimiría el narco”: la postura que Rubén Rocha Moya mostró en sus libros sobre los cárteles

El gobernador separado del cargo de forma momentánea nació en Badiraguato, lugar de origen de Joaquín El Chapo Guzmán, El Mayo Zambada, Rafael Caro Quintero, los Beltrán Leyva, entre muchos otros, fue maestro y rector de la Universidad de Sinaloa

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La ilustración conceptual representa un expediente judicial de EE.UU. contra Los Chapitos, implicando al gobernador Rubén Rocha Moya y una red de funcionarios, en un caso de crimen organizado con alcance internacional. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En medio de las acusaciones de Estados Unidos a diversos funcionarios de tener nexos con narcos como los hijos de Joaquín Guzmán Loera, “Los Chapitos”, se destaca la postura del gobernador de Sinaloa separado del cargo de forma momentánea Rubén Rocha Moya respecto a los crimen organizado en diversos de sus libros.

Sin embargo uno de ellos fue clave en mostrar iuna postura abierta, clara y diversa. En 2013, publicó la novela El Disimulo. Así nació el narco, una obra de poco más de 200 páginas en la que traslada a la ficción su lectura sobre el origen del narcotráfico en la sierra de Badiraguato y la manera en que los sobornos, la tolerancia de autoridades y la vida rural quedaron atravesados por ese negocio.

El libro apareció en diciembre de ese año y forma parte de una producción de más de 10 títulos firmados por el hoy gobernador con licencia de Sinaloa, profesor de formación y licenciado en Derecho. Entre esas publicaciones también figuran Fraude a la democracia: las elecciones en Sinaloa; Elogio de Sinaloa: señas y reseñas de libros y autores; Pedagogía del anhelo: una vida en las normales rurales; Tultita y cinco años de lucha popular en Guamuchil; La reforma educativa: un reporte desde el Senado; Caña Quemada: relatos de a vida en el noroeste mexicano; y La Coco.

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La novela sitúa su trama en Chepederas, un pueblo ficticio inspirado en Badiraguato, Sinaloa. Desde ese escenario, Rocha Moya reconstruye el paso de una comunidad campesina a un entorno dominado por la siembra de marihuana, la vigilancia armada y el pago por mirar hacia otro lado.

"El disimulo: así nació el narco" es un libro que escribió Rubén Rocha Moya donde asegura que, pese a que la novela es ficción, todo lo que está escrito tiene una referencia real a lo que vivió al nacer en Badiraguato, cuna sde los narcos más poderosos

“Estaba claro que los inmejorables niveles de entendimiento con los gobiernos jamás serían suficientes, porque las campañas internacionales antidrogas reducían y complicaban la tarea de los narcos, pero también era claro que, con todo, nunca se suprimiría el narcotráfico, por lo que la clave consistía en aplicar el ingenio, pagar el disimulo, operar en las nuevas circunstancias y más allá de éstas”, refiere un pasaje del libro.

Rocha explica desde la ficción, basado en “hechos reales”, que el narco, como el agua, siempre encuentra su cauce en ambientes corruptos. “Aplicar ingenio” y “pagar el disimulo” son la base de su supervivencia y expansión.

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La novela ubica en Badiraguato el origen social del narco

En el texto, el autor retoma recuerdos vinculados con su etapa como maestro rural en Batequitas, su comunidad natal, para describir lo que considera el arranque del cultivo y tráfico de drogas ilegales en la región. La obra plantea que esa actividad cambió la vida diaria de jornaleros, rancheros y familias enteras.

Chepederas aparece como un lugar serrano donde la cosecha de marihuana requiere mano de obra voluntaria y forzada. El libro describe que jornaleros y rancheros eran contratados u obligados a participar, mientras los pagos ilícitos sostenían la continuidad del negocio.

Estos son algunos de los narcos que nacieron en Badiraguato. (Foto: Jovani Pérez | Infobae México)

Uno de los pasajes de la novela dice: “Por esas fechas es cuando registraba Chepederas, el Aguaje y los ranchos asociados, el mayor número de jornaleros contratados voluntarios u obligados, eso sí, todos con su paga para la cosecha de mariguana, unos acuartelados en los cerros, otros en barrancas, islotes, y también varias partes planas, que con el descaro y el disimulo se sembraron.”.

Esa escena muestra uno de los ejes del libro: la normalización del delito dentro de la economía local. La narración presenta una red donde la producción ilegal no opera escondida de todos, sino protegida por acuerdos tácitos, miedo y dinero.

Rocha Moya sostiene en otro tramo de la obra que el narcotráfico sobrevive al adaptar sus métodos a las campañas antidrogas y a sus arreglos con el poder. El pasaje más citado del libro señala: “Estaba claro que los inmejorables niveles de entendimiento con los gobiernos jamás serían suficientes, porque las campañas internacionales antidrogas reducían y complicaban la tarea de los narcos, pero también era claro que, con todo, nunca se suprimiría el narcotráfico, por lo que la clave consistía en aplicar el ingenio, pagar el disimulo, operar en las nuevas circunstancias y más allá de éstas”.

Esta infografía detalla la conexión histórica de Badiraguato, Sinaloa, con importantes líderes del narcotráfico y contrasta esta narrativa con la compleja realidad social y la vida cotidiana de sus habitantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La frase “pagar el disimulo” resume la idea central de la novela. El relato presenta una forma de simulación instalada, según la obra, desde mediados del siglo pasado en Sinaloa: se transgrede la ley mediante pagos, favores y permisividad institucional para fingir que nada ocurre.

El libro retrata miedo, control territorial y cambios en la vida campesina

La historia también se detiene en las consecuencias directas sobre la población. En la novela se explica que nadie podía acercarse a las zonas de pisca porque podía ser acusado de “fisgón” o “soplón”, con riesgo de amenazas, tortura o asesinato.

Otro fragmento del libro lo describe así: “Eran tiempos en que los rancheros, mejor decidían acuartelar sus vacas, sólo que en sus corrales, para evitar la campeada, pues andar en las lomas y barrancos donde pastaban los animales como nunca se había convertido en algo muy peligroso, hasta mortal”.

El monumento de bronce dedicado al exgobernador con licencia de Sinaloa fue financiado con recursos municipales, mientras avanza un proceso legal internacional que involucra presuntos delitos relacionados con narcotráfico. (Infobae-Itzallana)

Ese retrato desplaza la atención del capo hacia la comunidad. La novela no se concentra solo en las bandas criminales, sino en la vida del campesino frente al narco, en la mujer que entra en ese mundo, en la oralidad de la sierra y en la relación con gobiernos y policías permisivos.

Rocha Moya ha explicado que el libro parte de referencias reales y de hechos que vio o escuchó. Según sus propias declaraciones recogidas en el texto fuente, sostuvo que “no hay ficción que supere la realidad, todo lo que está ahí tiene una referencia real”.

También afirmó que su intención fue examinar el narco en su origen, su cultura y sus tradiciones. En esa misma línea, señaló que el proyecto surgió de una deuda personal con los habitantes de Badiraguato, además del interés por dejar por escrito una memoria antes de que se perdiera.

La obra adopta un tono costumbrista y toma como punto de partida a una familia pacífica que termina trastocada por el fenómeno criminal. A partir de ese núcleo, el libro contrasta la vida antes y después de la expansión del narcotráfico en la sierra.

Badiraguato, el municipio de Sinaloa donde nacieron los capos Joaquín "El Chapo" Guzmán, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero (Foto: AFP)

Badiraguato aparece como telón de fondo de la historia criminal

El peso simbólico de la novela también proviene del origen de su autor. Rubén Rocha Moya nació en Badiraguato, municipio de la sierra de Sinaloa que durante décadas ha sido identificado como uno de los principales semilleros del narcotráfico en México.

El texto fuente menciona que en esa zona nacieron Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, Ernesto Fonseca Carrillo “Don Neto”, Juan José Esparragoza Moreno “El Azul”, Rafael Caro Quintero y los hermanos Beltrán Leyva. También incluye a Ismael “El Mayo” Zambada García, Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal y Pedro Avilés Pérez.

Esa concentración de nombres criminales se asocia con la ubicación geográfica del municipio dentro del Triángulo Dorado, la región montañosa compartida por Sinaloa, Chihuahua y Durango. Esa condición favoreció durante décadas el cultivo de marihuana y amapola, según el texto fuente.

Dentro de ese paisaje, El Disimulo. Así nació el narco no presenta a Badiraguato como una abstracción, sino como una comunidad marcada por costumbres, habla local y estigmas. Rocha Moya sostuvo que buscó destacar esa dimensión porque, según dijo, se suele asumir que si ahí nació el narco, entonces todo el mundo pertenece a ese ámbito.

Antes de esta novela, el autor ya había tocado el tema en Caña Quemada, publicado en 2012. Después decidió retomar sus apuntes para escribir una obra de largo aliento y dar forma literaria a una realidad que, según expuso, conocía bien.

El propio Rocha Moya explicó que optó por la vía narrativa porque le permitía recrear esa realidad. También precisó que la trama general aborda el modo de operar de las bandas del narcotráfico, junto con varias historias destinadas a mostrar cómo cambió la vida en la región.

El libro alcanzó su segunda reedición pocos meses después de su lanzamiento, según el texto fuente. Esa recepción acompañó una obra que el autor describió como un registro de memoria más que como una investigación formal sobre el fenómeno criminal.

• Rubén Rocha Moya publicó en 2013 la novela El Disimulo. Así nació el narco, centrada en el origen del narcotráfico en la sierra de Badiraguato.• La obra describe siembra de marihuana, trabajo forzado o pagado, sobornos y miedo social bajo la idea de “pagar el disimulo”.• El telón de fondo es Badiraguato, municipio ligado históricamente a figuras del narco y ubicado en el Triángulo Dorado.