Las obras de remodelación, operativos y restricciones vinculadas al Mundial 2026 han transformado la vida cotidiana en Santa Úrsula, Tlalpan, Coapa y los barrios aledaños al Estadio Azteca.
Vecinos, comerciantes y trabajadores comparten el mismo diagnóstico: el evento internacional opera como un catalizador de molestia, incertidumbre y desplazamiento, donde la promesa de modernización se enfrenta a otra realidad.
Las cifras sobre movilidad, comercio y seguridad, así como el número de personas desaparecidas y las intervenciones urbanas, emergen en los testimonios de quienes experimentan el costo social de la fiesta mundialista.
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Modernización “para la foto” y desgaste para el vecino
La remodelación del Estadio Azteca y su entorno ha dejado marcas visibles en Santa Úrsula. Sofía, quien vive a unos cuantos pasos del recinto, señala: “Se han arreglado banquetas, calles y áreas públicas, incluso crearon nuevas instalaciones para lo que antes eran los puestos de arriba del puente. La zona está recibiendo más atención en la fachada”.
A pesar de este embellecimiento, la percepción dominante entre los residentes es que las obras responden más a la imagen que exige el torneo que a las necesidades de quienes habitan la zona: “Esto, como imagen, lo están viendo las personas que van a venir al Estadio, pero no se considera del todo a los que estamos aquí día con día”.
El escepticismo sobre los beneficios es generalizado: “Totalmente pienso que va a haber una falta de mantenimiento en todo lo que se hizo cuando esto acabe. En cuanto la banqueta vuelva a estar mal, no va a haber un gramo de cuidado, tampoco van a haber más flores”, sentenció Sofía.
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Magda, otra residente, reconoce que algunas calles “quedaron preciosas, era necesario arreglar los baches y la iluminación”, pero desconfía de la continuidad: “Lo importante no es que estén ahorita, sino que sigan con ese proceso, porque tanto gasto para no dar mantenimiento es una tristeza”.
Por otro lado, Rafael, vecino de la comunidad advierte que los arreglos que se hacen ahora “debieron haberse hecho hace mucho tiempo” y que la gestión ha sido deficiente.
El desgaste del entorno se refleja en el ruido continuo de la maquinaria, el polvo que invade las viviendas y la sensación de vivir en un lugar en “obra perpetua”.
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Entrar a casa, el nuevo reto para los vecinos del Azteca
Santa Úrsula y sus alrededores han visto cómo los tiempos de traslado se multiplican y los trayectos sencillos se convierten en toda una odisea.
Mayela describe el cambio: “Los traslados de cinco o diez minutos ahorita los estamos haciendo en media hora o cuarenta y cinco minutos”.
Los vecinos deben anticipar salidas, reorganizar sus rutinas y, en muchos casos, pedir permisos en el trabajo para evitar quedar atrapados en los operativos.
El control de accesos mediante tarjetones o códigos QR añade una capa de dificultad. Sofía narra: “Es muy incómodo pensar que para entrar a tu propia casa tengas que cumplir con requisitos adicionales".
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Además añadió un relato amargo vivido en el partido de leyendas entre México y Brasil: “Tuvimos que dar una vuelta bastante grande porque no nos dejaban pasar. El policía no quiso ni ver la INE y fue hasta que otro se apiadó y nos lo concedió”.
Magda compartió que la relación con la autoridad es nula: “La información no ha llegado correctamente. Nadie se acerca, ni policías ni la delegación. Hay que salir a buscar la información por cuenta propia”.
Rafael compartió el comentario al señalar: “No tengo ninguna buena expectativa por parte de las autoridades, no están coordinados. Por tanto, me voy a ir de la ciudad ahora en los partidos del Mundial. No quiero ni siquiera estar presente”.
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El resultado de todo esto es una comunidad que se ve obligada a suspender o reorganizar su vida diaria para sortear las restricciones.: “Mi familia ya está pidiendo esos días para no ir a trabajar, porque sentimos que no hay manera de que podamos salir de aquí. Detenemos toda nuestra vida para que ocurra el evento”, comparte Sofía.
Los ensayos mundialistas que anticipan el desgaste
Los ensayos previos a la Copa del Mundo, como los partidos de la Liga MX, el amistoso entre México y Portugal y el partido de leyendas, han funcionado como pruebas de lo que ocurrirá durante el torneo.
Sofía explica: “Cada vez que hay un partido importante la dinámica del lugar cambia por completo. Desde varias horas antes comienzan los cierres de calles, hay un buen de personas transitando y es muy complicado pasar”.
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Además añade: “Estos partidos previos sí han funcionado como una especie de prueba para los vecinos, porque nos han permitido dimensionar lo que va a representar el Mundial”.
Mayela, quien es aficionada, reconoce el cambio de perspectiva: “Como aficionada sí me gusta, pero como vecina del Estadio Azteca no tanto“.
En este sentido, la incertidumbre persiste: “No siento que se pueda comparar a cómo van a ser en realidad los juegos importantes. Va a ser todavía más gente, más tráfico, más policías...”, anticipa Sofía.
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La inseguridad y el aumento de “viene vienes”
El crecimiento de las tarifas, la apropiación de espacios y la seguridad se convierten en una preocupación central: “Los viene viene son muy agresivos. Usan las entradas de nuestras casas. Si uno les dice que se quiten, se ponen violentos, nos amenazan y ese es nuestro mayor problema”, apunta Mayela.
Rafael, por su parte, relata que el desorden afecta tanto a residentes como a comerciantes establecidos. El ruido nocturno, la basura y la ocupación de espacios públicos por puestos improvisados se suman al clima de saturación.
Los vecinos denuncian la incapacidad de las autoridades para ordenar el espacio público y prevenir incidentes, lo que alimenta la sensación de inseguridad.
Protestas y fichas de búsqueda no se detienen por la fiesta mundialista
A medida que la Copa Mundial se acerca, el entorno del Coloso de Santa Úrsula se ha convertido en escenario de diversas manifestaciones sociales.
El 9 de mayo, madres y colectivos de búsqueda llenaron muros y vallas del estadio con fichas y retratos de personas desaparecidas. Colocaron mensajes como “La pelota vuelve a casa… ¿y los nuestros cuándo?” y denunciaron la falta de avances en las investigaciones.
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Magda califica como vergonzoso que la ciudadanía tenga que recurrir a este tipo de acciones: “Es vergonzoso que tengamos que recurrir en este momento tan importante para que volteen a vernos. Si esto con tiempo se hubiera hablado, no habría necesidad de recurrir a este tipo de presión”.
Rafael considera legítimo que los colectivos utilicen la visibilidad del evento para exigir atención: “Está bien, porque no hay otra forma para que les hagan caso”.
Las cifras son contundentes: en México hay más de 130 mil personas desaparecidas y un promedio de 45 casos diarios sin resolver. De esta manera, la tensión entre la imagen oficial y la realidad social se vuelve visible en cada ficha pegada y cada marcha realizada frente al estadio.
El comercio desplazado busca sobrevivir al Mundial
Antonio, vendedor de alimentos en la zona, representa a quienes han perdido su lugar de trabajo tradicional por las obras para el Mundial.
Antes, su puesto se ubicaba en el puente central que conectaba el Estadio con el CETRAM Huipulco, donde la clientela era constante y las ventas mejores. “Sí nos iba mejor allá arriba. Nos ha afectado mucho”.
El efecto en las ventas es directo: “Ahora la mayoría de los clientes sólo compran para llevar. Antes sí comían allá arriba. Nos ha afectado en ganancias y en el tiempo de llegada al trabajo por las obras”.
La reubicación fue abrupta y decidida por la alcaldía: “De un día para otro nos dijeron que ya no podíamos trabajar ahí, que al día siguiente no podríamos abrir".
Además señaló que, junto a otros, primero fue desplazado hacia Acoxpa, proceso que implicó costos y traslados gestionados por los propios dueños de los puestos.
Así, los comerciantes desplazados esperan que el Mundial reactive las ventas en las nuevas instalaciones, aunque la incertidumbre es palpable: “Vamos a estar allá adentro, en el mercado que hicieron para todos los que estaban arriba. Esperemos que sí suban algo las ventas”.
Expectativas y preocupaciones sobre el legado del Mundial 2026
El futuro del barrio tras el Mundial 2026 concentra las mayores incertidumbres entre los vecinos de Santa Úrsula Coapa.
El escepticismo predomina sobre la posibilidad de que las mejoras urbanas y la reorganización de espacios públicos se mantengan una vez que termine el evento. Sofía anticipa un deterioro de lo recién instalado: “A ver cuanto les dura”, sentencia.
En algunos casos, los vecinos proponen que la propia comunidad asuma parte de la conservación de jardines y espacios públicos, aunque reconocen que la responsabilidad principal es de las autoridades.
Para otros, como Rafael, el pesimismo es absoluto: “Lo que pasa con todas las obras de cuando se acaban los Juegos Olímpicos o cualquier evento internacional: van a quedar como monumentos inútiles y como elefantes blancos que no se acabaron de construir”.
En este sentido, la incertidumbre sobre el legado del Mundial 2026 se traduce en la expectativa de que las mejoras no sean sólo para la audiencia internacional, sino que efectivamente beneficien a quienes permanecerán después de la fiesta.
El temor es que el olvido y la falta de mantenimiento devuelvan a Santa Úrsula a su desgaste cotidiano, dejando a los vecinos con la memoria de un evento que transformó su entorno por un tiempo, pero no su vida a largo plazo.