El auge del consumo de contenidos digitales breves entre los jóvenes estudiantes en el país ha comenzado a transformar no solo la manera en que se entretienen, sino también sus prácticas educativas y culturales.
Las redes sociales que ofrecen videos cortos, recomendaciones personalizadas y una navegación constante están redefiniendo la relación con la información y el conocimiento, generando inquietudes sobre los impactos a largo plazo de estos hábitos.
La doctora Maricela Portillo Sánchez, especialista del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, señaló que estos cambios ya se perciben claramente en México y otros países.
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Entre las alteraciones más notorias destaca la disminución en la capacidad de atención sostenida, tanto en el aula como en actividades de ocio. Un ejemplo muy común, son los jóvenes que aceleran los audios, reproducen los videos a mayor velocidad o dividen su atención entre varias pantallas de manera simultánea.
Cambios en los procesos de atención y aprendizaje de los jóvenes
Diversos estudios han comenzado a mostrar cómo el uso intensivo de formatos digitales fragmentados dificulta mantener la concentración durante períodos prolongados.
La especialista aseguró que incluso ver una película o seguir una serie completa ahora requiere estímulos constantes para evitar la pérdida de interés. Este fenómeno no se limita al entretenimiento, sino que afecta la capacidad de los alumnos para sostener procesos largos de lectura, análisis profundo o construcción de argumentos en el entorno escolar o laboral.
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La modificación no solo recae en la cantidad de contenido consumido, sino en la manera en que se procesa. La exposición constante a información rápida puede generar dificultades para mantener la atención en una sola actividad y afecta la disposición para abordar tareas que demandan paciencia y concentración.
¿Cómo afectan los algoritmos a los estudiantes?
El funcionamiento de las plataformas digitales, basado en algoritmos que identifican las preferencias de cada usuario, contribuye a la formación de espacios donde predominan contenidos alineados con los intereses propios.
La académica explicó que esto puede derivar en las llamadas “cámaras de eco”, donde los jóvenes reciben únicamente información similar a la ya consumida y tienen escaso acceso a perspectivas distintas.
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La obtención de noticias, referencias culturales o recomendaciones a través de redes sociales y creadores de contenido se ha vuelto habitual entre las nuevas generaciones, desplazando a los medios tradicionales.
Portillo Sánchez advirtió que la ausencia de herramientas para distinguir entre fuentes confiables y datos no verificados puede tener consecuencias delicadas en temas de salud, bienestar emocional o material público.
A pesar de las consecuencias, la solución no está relacionada con prohibir el uso de dispositivos en escuelas. En cambio, se propone fortalecer la alfabetización mediática y digital.
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Enseñar a estudiantes, familias y docentes a comprender el funcionamiento de las plataformas, identificar información verídica y desarrollar hábitos críticos y conscientes ante el entorno digital.