El mito que asocia la ausencia de hijos con un mal estado de salud en las mujeres ha sido un tema de análisis por Yubia Amaya, investigadora de la Facultad de Medicina de la UNAM.
De acuerdo en estudios científicos recientes, la especialista aseguró que no existe un vínculo comprobado entre no ser madre y el deterioro físico o mental en la vida adulta.
El trabajo está basado en una revisión de datos de más de 100 mil personas mayores procedentes de 20 países, incluido México. Publicada en Journals of Gerontology: Social Sciences, reveló que la creencia tradicional carece de sustento, ya que hasta el momento no hay relación entre la falta de procreación e indicadores de bienestar.
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Influencia del entorno laboral y social en la maternidad
Más allá de la biología, la especialista destacó que las condiciones laborales y las expectativas sociales tienen un peso considerable en la decisión de las mujeres respecto a la maternidad.
Dentro de la investigación se introduce el término “revolución de género incompleta” para explicar cómo, a pesar de los logros educativos y profesionales, persisten restricciones que obligan a las mujeres a priorizar entre el desarrollo profesional y la familia.
En sectores como la medicina, todavía existe desaprobación ante el embarazo durante etapas de formación avanzada. Según Amaya, algunas empresas incluso condicionan la permanencia laboral a la firma de compromisos de no gestación por un periodo determinado.
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Estas restricciones limitan la autonomía de la población femenina para decidir cuándo tener hijos, y en muchos casos, les llevan a postergar o incluso renunciar a la experiencia materna.
El impacto de estas presiones va más allá de la vida individual, pues modifican los patrones de natalidad y plantean nuevos desafíos para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
Factores de estilo de vida y su efecto en la fertilidad
La investigadora también enfatizó dentro del documento que el estrés cotidiano, junto con hábitos como la mala alimentación y el consumo de sustancias nocivas, afecta la capacidad reproductiva tanto de mujeres como de hombres. Subrayó que el aumento del cortisol perjudica la calidad de óvulos y espermatozoides, siendo la infertilidad un fenómeno compartido por ambos géneros.
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Durante mucho tiempo, esta responsabilidad recayó casi exclusivamente en las mujeres, pero los datos actuales muestran que el problema se distribuye en partes iguales. Además, la decisión de no tener hijos puede ser fruto de una elección personal o de circunstancias fuera del control de la persona, como dificultades biológicas o pérdidas familiares.
Asimismo, las diferencias entre países en la proporción de adultos sin hijos pueden explicarse por factores sociales, culturales y económicos. Por ejemplo, mientras en Suecia un 16.3 % de los adultos opta por no tener descendencia, en México la cifra es del 4.4 %. Acceso a anticonceptivos, oportunidades laborales y apoyo en esta etapa son algunas de los factores que influyen en estas tendencias