El regreso de la Copa del Mundo a México ha generado un ambiente muy distinto al de ediciones realizadas en los años 1970 y 1986. Para muchas personas, la emoción característica de este evento deportivo se ha sido opacada por barreras de acceso y económicas, así como transformaciones en las principales ciudades del país que continúan complicado la vida cotidiana.
El Dr. Jorge Negroe Álvarez, académico de la Universidad Iberoamericana, advirtió que el Mundial 2026 podría convertirse en un torneo donde la afición mexicana quede marginada. Según su análisis, las estrategias oficiales no han logrado que la población sienta esta fiesta del futbol como propia, a pesar de campañas y símbolos vinculados con la nostalgia.
Marginación y exclusividad del acceso al Mundial en México
La experiencia de asistir a un partido en México 2026 se ha transformado en una tarea casi imposible para la mayoría. “No es un Mundial para la gente que ama el futbol. Es para quienes pueden pagarlo”, declaró el especialista, asegurando que este problema se encuentra relacionado con el alto costo de las entradas y a la complejidad del proceso de compra.
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Los sistemas digitales, la venta limitada y la especulación dio como resultado que muchos aficionados se sientan frustrados. Incluso los llamados Fan Festivals, que buscan ofrecer una experiencia colectiva, presentan restricciones y registros previos, lo que refuerza esa sensación de exclusión.
Otro ejemplo, es el evento del Zócalo capitalino, el cual estará condicionado por sorteos y controles, dejando fuera a quienes esperaban una celebración abierta.
En décadas pasadas, comprar un boleto era un trámite sencillo y directo. Hoy, la digitalización, la reventa y las limitaciones generan una distancia marcada entre la Copa del Mundo y la sociedad.
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Impacto urbano y quejas ciudadanas previas a la Copa del Mundo 2026
Más allá de las entradas, la vida diaria de quienes residen cerca de los estadios donde se llevarán a cabo los partidos de fútbol se encuentra afectada por las obras de remodelación, incrementado el malestar entre los vecinos y creando una percepción de que el evento complica más de lo que aporta.
“Para quienes viven cerca del estadio, el Mundial ha significado más tráfico, más cierres, más dificultades para regresar a casa y ningún beneficio directo”, afirmó Negroe Álvarez.
La incomodidad para este sector de la población no solo es logística. Se prevé que durante el torneo se podrían intensificarse las protestas sociales.
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Diversos colectivos ya aprovechan la atención internacional para visibilizar demandas históricas y problemáticas locales, utilizando el Mundial como escaparate.
Mientras tanto, la derrama económica prometida se percibe incierta. El aumento en los precios de servicios afecta principalmente a los residentes locales, mientras la llegada de turistas extranjeros podría ser menor de lo esperado.
Para muchos, la compra del álbum del Mundial representa el único acercamiento posible al torneo, en medio de una sensación colectiva de lejanía.
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