Durante 105 días cada año, comprendidos entre el 30 de abril y el 13 de agosto, ocurre en diversas regiones de México un fenómeno astronómico que los antiguos mexicanos llamaban “cuando el señor anda derecho”.
Durante este periodo, los rayos del Sol inciden de forma vertical sobre ciertas latitudes, lo que permite, según la cosmovisión mexica, que Tonatiuh —el Sol— fertilice a Tlalli-Tonantzin-Coatlicue, la Tierra. Este ciclo, conocido en la actualidad como paso cenital del Sol, marca los días en que el astro atraviesa el cenit y representa la mayor recepción de energía solar a lo largo del año.
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El camino cenital del Sol durante el año y su relación con la cultura mexicana
Entre el 30 de abril y el 13 de agosto, se distribuyen ocho trecenas (períodos de trece días) que suman 104 días. El Sol se desplaza primeramente hacia el norte, rumbo al Trópico de Cáncer, alcanzando su punto máximo durante el solsticio de verano. Cumplido este trayecto, Tonatiuh inicia su regreso hacia el sur, hasta completar el ciclo cenital el 13 de agosto, cuando la inclinación de los rayos deja de ser perpendicular.
En el territorio de la uey Tenochtitlan, hoy Ciudad de México, este fenómeno se observa dos veces al año: el primer paso cenital suele ocurrir entre el 16 y 17 de mayo y el segundo entre el 25 y 26 de julio. Los antiguos mexicas llamaban a estos dos días “cuando el sol devora su sombra”, pues al mediodía los objetos pierden su sombra debido a la dirección completamente vertical de los rayos solares.
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Estas fechas varían dependiendo de la latitud. En ciudades como Monterrey, Chihuahua o Tijuana, situadas al norte del Trópico de Cáncer, el Sol nunca alcanza el cenit. En cambio, en sitios cercanos al ecuador como Oaxaca o las montañas de Chiapas, los pasos cenitales ocurren en fechas distintas, y siempre dos veces al año, a medida que Tonatiuh recorre su ciclo anual entre los trópicos.
Las evidencias arqueológicas: Monte Albán, Xochicalco y Teotihuacán
Los antiguos mexicanos dejaron registros de sus observaciones y conocimientos astronómicos en edificaciones y orientaciones arquitectónicas. Tal es el caso del Edificio P en Monte Albán, Oaxaca; las estructuras de Xochicalco en Morelos; y los alineamientos en Teotihuacán, Estado de México. Todas muestran, según los estudios arqueoastronómicos, alineamientos precisos con respecto al orto o mediodía solar en fechas de paso cenital, equinoccios y solsticios.
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Estos vestigios evidencian que la observación sistemática del movimiento solar fue fundamental en la cosmovisión prehispánica. Además, influyó en el desarrollo de calendarios agrícolas y rituales asociados a la fertilidad y los ciclos de la naturaleza.
Cómo observar el paso cenital en la vida cotidiana
Observar los desplazamientos del Sol durante el año no está reservado a los científicos. Cualquier persona, al igual que los antiguos astrónomos aztecas y mayas, puede identificar los puntos por donde sale y se pone el Sol en el horizonte. El 21 de marzo, durante el equinoccio de primavera, Tonatiuh sale exactamente por el este y se pone por el oeste. A partir de ese día, el orto y el ocaso se desplazan hacia el norte, hasta alcanzar su posición más septentrional cerca del 21 de junio, solsticio de verano. En esa fecha, el Sol parece permanecer unos días en ese punto extremo, de ahí el significado etimológico de solsticio: “el Sol se detiene”. Tras el solsticio, Tonatiuh comienza a regresar hacia el sur, hasta el 23 de septiembre, equinoccio de otoño, cuando vuelve a salir y ponerse por los polos cardinales. Finalmente, el 22 de diciembre, en el solsticio de invierno, la posición del orto y ocaso solar alcanza el extremo sur.
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El ciclo se repite cada año y fue observado con gran precisión por astrónomos mesoamericanos, quienes usaron elementos del paisaje —montañas, árboles o construcciones— para marcar las posiciones extremas e intermedias del recorrido solar. Estas marcas fueron utilizadas para orientar edificaciones y proyectar las fechas clave del año agrícola y ritual.
Dualidad cenital: dos pasos al año por la verticalidad del Sol
A diferencia de los solsticios o equinoccios, el paso cenital tiene una naturaleza dual. Se registra dos veces al año en las regiones situadas entre los trópicos: la primera en la marcha ascendente del Sol rumbo al norte tras el equinoccio de primavera y la segunda en su regreso hacia el sur después del solsticio de verano.
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El orto del Sol cenital se ubica siempre entre el punto de salida solar del equinoccio y el punto extremo del solsticio de verano, dependiendo de la latitud. Así, la fecha exacta del paso cenital varía según la ubicación geográfica. Por eso, no es igual en la Ciudad de México que en otras regiones como Guadalajara o San Cristóbal de las Casas. Al norte del Trópico de Cáncer, el Sol nunca alcanza el cenit y, por lo tanto, no existe dicho fenómeno.
Experiencias de observación en la vida moderna
La observación directa del paso cenital puede realizarse desde el hogar. Hay quienes, como relata un testigo en la Ciudad de México, han marcado en el antepecho de una ventana las posiciones del Sol en el horizonte a lo largo del año. El 22 de diciembre, durante el solsticio de invierno, el Sol se pone en un punto extremo del horizonte; los equinoccios ocurren cerca del extremo opuesto, mientras que el solsticio de verano rebasa incluso el campo visual de la ventana.
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A través de este seguimiento visual, se comprende que los pasos cenitales también pueden identificarse individualmente. El experimento de la ventana es accesible y permite a cualquier persona observar los movimientos anuales del Sol. Esto sensibiliza sobre el fenómeno cenital y refuerza la relación entre astronomía y vida cotidiana, una constante desde la época prehispánica.
El conocimiento ancestral y su vigencia en la astronomía actual
El estudio del paso cenital ilustra cómo la astronomía precolombina integró conocimiento empírico y observación sistemática. Los antiguos mexicanos no solo reconocieron solsticios y equinoccios; identificaron fechas clave como el paso cenital, ausente en textos de astronomía contemporánea escritos en países al norte del Trópico de Cáncer, donde este fenómeno no es observable.
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La ausencia del Sol cenital en latitudes superiores hace que buena parte de la literatura astronómica moderna omita su registro y sus efectos, a diferencia de los antiguos pobladores de Anáhuac que lo emplearon para organizar la vida agrícola y ceremonial.
El cálculo actual de las fechas de paso cenital requiere considerar la latitud precisa. Para quienes no disponen de tablas modernas, sigue siendo posible observar directamente el fenómeno, como lo hicieron los mexicas y mayas, comprobando en qué días a mediodía los objetos dejan de proyectar sombra.
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Los días de máxima energía solar: sentido ritual y biológico
Los días de paso cenital representan los momentos de mayor energía solar para las latitudes de Anáhuac, pues los rayos inciden directamente y sin inclinación. De acuerdo con la visión mexica, esos son los días en que Tonatiuh “devora su sombra” y fertiliza a la Tierra, motivo por el cual se realizaban homenajes y rituales asociados a la vida, producción agrícola y el orden cósmico.
La persistencia de este conocimiento y su valor científico y cultural demuestran la vigencia de la astronomía prehispánica y su aportación a la comprensión del entorno natural para las generaciones actuales.
- El paso cenital del Sol ocurre dos veces al año en cada punto entre los trópicos y define el periodo de mayor energía solar en la región.
- Los antiguos mexicanos diseñaron edificios, marcadores y rituales para registrar el fenómeno, base de su organización agrícola y ceremonial.
- La fecha exacta del Sol cenital varía según la latitud: en la Ciudad de México sucede entre el 16-17 de mayo y el 25-26 de julio, mientras que al norte del Trópico de Cáncer nunca ocurre.