En los años ochenta, Parchís conquistaba con sus canciones a niños y familias en varias partes del mundo, marcando a toda una generación con su energía inconfundible.
Hoy, lejos de ese frenesí y de la vida bajo los reflectores, uno de sus miembros enfrenta un destino muy diferente: sobrevive cantando en cafeterías y pequeños foros, demostrando que, a veces, el éxito termina lejos de los finales de película.
Frank Díaz, quien fue integrante de Parchís en su época dorada, experimenta actualmente una rutina marcada por la austeridad y la reinvención, según contó a TvNotas.
Después de disfrutar las mieles de la fama, hoy gana lo suficiente para subsistir, enfrentando conciertos intimistas y una constante incertidumbre económica. Pese a todo, sostiene su pasión por la música y busca seguir adelante, aunque ya nada se asemeje a los días de euforia.
De llenar estadios a escenarios modestos
En la plática con dicha revista, la nostalgia es inevitable cuando Frank recuerda la etapa de mayor éxito con el grupo.Actualmente, el músico desarrolla su carrera de forma completamente independiente, sin contratos millonarios ni respaldo de disqueras.
“El 8 de mayo estaré en Toluca, en una cafetería. Es como una hora y cuarto de canciones, puro acústico, mi guitarra y yo. Es un proceso que saco dentro de mi humildad. No tengo apoyo de ninguna disquera”, relata, dejando claro que depende únicamente de su propio esfuerzo para continuar.
A pesar de sus años de experiencia, Frank admite que adaptarse al nuevo contexto le ha costado trabajo:
“Me pone muy nervioso, porque soy muy exigente conmigo mismo. Pretendo llegar a poca gente que le gusta la música, que quiera escuchar historias. Soy un músico precario que he tenido olvidada la guitarra durante casi 30 años”.
Incluso con la fama internacional en su pasado, reconoce cómo el tiempo y las circunstancias impactan. En este sentido relata a TvNotas que es una persona muy tímida y, por ende, subir al escenario sigue siendo todo un reto apra él porque no está acostumbrado a tocar en vivo.
Ya me cuesta mucho, porque suelo llorar y me cuesta mantener una hora de concierto sin hacerlo. Hablar de mi música es complicado y soy mal guitarrista”.