La lucha libre en México se une al rechazo a ICE: Brody King y el lado político del ring

Un luchador desafía a la autoridad migratoria y el público responde con consignas políticas. El fenómeno trasciende fronteras y resuena entre la afición mexicana

(Infobae-Itzallana)

De acuerdo con un reportaje de The Atlantic, el 4 de febrero de este año, en el Pearl Theater de Las Vegas, algo inusual interrumpió una pelea de lucha libre profesional: la multitud comenzó a corear, de forma espontánea y sostenida, “Fuck ICE”. La transmisión iba en vivo por TBS, sin censura.

El hombre en el centro del ring era Brody King, un luchador imponente de 6 pies 5 pulgadas, cubierto de tatuajes y conocido tanto por sus llaves como por sus posturas políticas. King ha luchado en México portando una playera de “Abolish ICE” y ha recaudado fondos para organizaciones de apoyo a migrantes. Esa noche, según The Atlantic, “lució como Popeye después de tomarse su lata de espinacas”, listo para pelear contra algo más grande que su rival en el ring.

La vinculación entre público, luchadores y causas migratorias redefine el sentido del ring, evidenciando su capacidad para canalizar demandas sociales y resignificar identidades entre fronteras cada vez más tensionadas

¿Qué tiene que ver México con todo esto?

Mucho. La lucha libre profesional tiene una raíz profundamente latinoamericana, y King lo sabe. The Atlantic documenta que el luchador se ha presentado en el Arena México portando mensajes contra las redadas migratorias, en un gesto que no pasa desapercibido para los aficionados de este lado de la frontera.

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La conexión es directa: miles de mexicanos y latinos en Estados Unidos han sido afectados por las políticas agresivas de deportación del gobierno de Trump. Que un luchador estadounidense lleve esa bandera —literalmente en su ropa— dentro de uno de los recintos más icónicos de la lucha libre mexicana, convierte al ring en algo más que entretenimiento.

Una audiencia que no se queda callada

Lo que hace poderosa esta historia, según The Atlantic, es que los fans de la lucha libre no son espectadores pasivos. Son parte del espectáculo. En St. Paul, Minnesota —una de las ciudades más afectadas por las redadas del ICE— la gente fue a la función con playeras de “Abolish ICE” y con historias personales a cuestas.

Un aficionado identificado como John le contó al medio que un conocido suyo, “un hombre de familia con hijos y trabajo”, había sido detenido y golpeado por agentes del ICE. Otro, Brandon Bjerke, trabajaba en el suburbio donde una fotografía viral mostró a un niño de 5 años siendo detenido por la agencia.

La vinculación entre público, luchadores y causas migratorias redefine el sentido del ring, evidenciando su capacidad para canalizar demandas sociales y resignificar identidades entre fronteras cada vez más tensionadas. (Cortesía CMLL)

El final que nadie transmitió

La noche en St. Paul terminó con un sabor agridulce. King salió al final, intervino para apoyar al héroe y los gritos de “Fuck ICE” retumbaron con más fuerza que nunca. Pero para entonces, la transmisión en vivo ya se había cortado. Nadie fuera de la arena lo presenció.

The Atlantic sugiere que AEW optó por restringir ese momento al público presente, evitando que llegara a la audiencia nacional. Más que un descuido, parece una forma de contener el mensaje, como si la verdadera resistencia sólo pudiera expresarse fuera del alcance de las cámaras.

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