Las luchas internas de los cárteles mexicanos, como la que vive actualmente el Cártel de Sinaloa, influyeron de manera directa en la reducción de incautaciones de fentanilo en la frontera con Estados Unidos, según la Evaluación Anual de Amenazas de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos (Annual Threat Assessment of the U.S. Intelligence Community), publicada el 18 de marzo de 2026 por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI).
En el informe, la ODNI reporta que los cárteles mexicanos, en particular el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), siguen siendo los principales productores y proveedores de fentanilo y otras drogas sintéticas que ingresan a Estados Unidos.
El informe documenta que las muertes por sobredosis de opioides sintéticos cayeron casi un 30% entre septiembre de 2024 y septiembre de 2025, sumando más de 38,000 fallecidos en ese periodo, mientras que las incautaciones de fentanilo en la frontera con México disminuyeron 56% desde el inicio de la administración de Donald Trump.
El documento atribuye este descenso a dos factores principales: el aumento de la presión antidrogas por parte de los gobiernos de Trump y Claudia Sheinbaum, así como por las guerras internas entre cárteles.
Las disputas por rutas y territorios han provocado fragmentación, menor coordinación logística y una reducción en la capacidad operativa de los grupos criminales para mover grandes cargamentos de droga. La desconfianza entre células, la dispersión de recursos y la priorización de la consolidación interna han limitado el tráfico internacional.
Según la inteligencia estadounidense, los cárteles han enfocado esfuerzos en sobrevivir, defenderse o atacar a sus rivales, dejando en segundo plano el envío de grandes volúmenes de droga a Estados Unidos.
Sin embargo, el informe subraya que la reducción coyuntural de las incautaciones no significa precisamente una disminución permanente de la producción del fentanilo, y mucho menos que los cárteles hayan abandonado dicho negocio.
Organizaciones buscan nuevas vías ante la presión bilateral
El informe identifica que, aunque los puertos oficiales de entrada en la frontera México-Estados Unidos siguen siendo los principales puntos de cruce, los cárteles han comenzado a buscar rutas alternativas, como la frontera con Canadá, donde las incautaciones de fentanilo aumentaron de 2 a 77 libras (0,9 a 34,9 kilogramos) en tres años.
El endurecimiento de los controles sobre precursores químicos, especialmente tras el acuerdo de Busan de octubre de 2025 que llevó a China e India a restringir la exportación de estos insumos, ha forzado a los cárteles a buscar nuevas fuentes.
Para mantener la producción, recurren a intermediarios en otros países, adquieren sustancias no reguladas, reetiquetan insumos y disfrazan cargamentos para eludir controles internacionales.
La presión sobre las rutas tradicionales también ha impulsado alianzas con organizaciones criminales en Colombia, Ecuador y Brasil, con el objetivo de diversificar el flujo de cocaína y otros estupefacientes hacia mercados europeos y latinoamericanos, reduciendo la dependencia del mercado estadounidense. Hay una tendencia clara a buscar rutas menos vigiladas, incluyendo vías por Centroamérica, el Caribe y la costa del Pacífico.
El reporte advierte también sobre la diversificación de actividades ilícitas. Frente a las dificultades para traficar drogas, los cárteles han fortalecido otros delitos como la extorsión, el secuestro, el tráfico de armas y la explotación sexual. Además, han incrementado el control y la extorsión de las rutas migratorias, cobrando cuotas más altas a migrantes que buscan cruzar la frontera, lo que ha vuelto este negocio aún más lucrativo.
El caso del Cártel de Sinaloa
Uno de los ejemplos más claros de guerra interna es el actual conflicto dentro del Cártel de Sinaloa entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza.
La ruptura se hizo evidente el 9 de septiembre de 2024, casi dos meses después de la supuesta traición contra Ismael “El Mayo” Zambada García.
Según una carta difundida por Zambada tras su llegada a Estados Unidos, fue secuestrado y entregado por una maniobra atribuida a Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo”. En su audiencia de culpabilidad, Guzmán López también confirmó dicha versión.
Este episodio detonó una ola de violencia en zonas clave de Sinaloa, así como en otros estados como Durango. Esta fractura ha debilitado la estructura unificada del cártel y ha afectado su eficiencia del tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Otros grupos, como el CJNG, aprovecharon el conflicto para intentar expandirse en territorios dominados históricamente por Sinaloa, sin embargo, su futuro también se ha vuelto incierto tras la captura y posterior deceso de su líder, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, durante un operativo en Tapalpa, Jalisco, el pasado 22 de febrero.