UNAM explica cómo funciona la felicidad en el cerebro

Investigaciones recientes han identificado que las sensaciones agradables se originan en regiones cerebrales específicas, desplazando la idea tradicional de que el corazón es el centro de las emociones positivas

La ciencia confirma que la felicidad se origina en el cerebro, específicamente en el circuito de recompensa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ciencia ha desmentido la antigua creencia de que la felicidad se asienta en el corazón: en realidad, reside en el cerebro.

El hallazgo del circuito de recompensa, constituido por núcleos y regiones cerebrales precisas, es fundamental para entender cómo sentimos placer y bienestar, y revela además los sofisticados mecanismos detrás del apego y la fidelidad. Así lo explicó Herminia Pasantes, investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, en diálogo con el medio UNAM Global.

El circuito de recompensa es el responsable de la felicidad

El circuito de recompensa cerebral, formado por el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, resulta clave para experimentar placer y bienestar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El descubrimiento del circuito de recompensa, conocido como circuito mesolímbico cortical, partió de un error técnico durante experimentos con ratas en laboratorio.

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Investigadores, utilizando un aparato estereotáxico para insertar electrodos sin dolor en el cerebro de los animales, detectaron que las ratas activaban compulsivamente una palanca tras recibir una autoestimulación cerebral, incluso cuando ya no obtenían una recompensa externa. Al ubicar los electrodos en zonas distintas, esa compulsión desaparecía, lo que condujo a identificar las regiones específicas responsables del placer.

La estructura de este circuito está formada por el área tegmental ventral, localizada en el mesencéfalo, y el núcleo accumbens, un pequeño grupo neuronal del tamaño de un frijol. Ambas regiones se mantienen en permanente comunicación y, cuando se producen estímulos placenteros, las neuronas del núcleo accumbens liberan dopamina, el neurotransmisor central en la experiencia de placer.

Como expuso Pasantes a UNAM Global, “la liberación de dopamina refleja la felicidad generada por cualquier cosa, incluso las drogas actúan en ese circuito”. La percepción consciente de esa felicidad se da en el lóbulo frontal, más concretamente en la corteza prefrontal del cerebro humano.

La magnitud del placer experimentado puede medirse por la cantidad de dopamina liberada en el cerebro. Pasantes detalló a UNAM Global que un nivel basal de dopamina se puede considerar como 100. En condiciones cotidianas, la comida eleva esa cifra a 150, los videojuegos a 175, el sexo a 200 y drogas como las anfetaminas pueden dispararla hasta entre 1 mil y 1 mil 300.

Otro neurotransmisor, la serotonina, también interviene en las emociones placenteras. Parte de este efecto tiene lugar en el intestino, el cual contiene una vasta red neuronal encargada de gestionar serotonina, aunque su aporte a la felicidad es menor comparado con el cerebro. En cambio, el accionar del corazón durante una emoción intensa no es autónomo, su aceleración es resultado de instrucciones provenientes del cerebro.

La oxitocina es la molécula cerebral que sostiene la fidelidad

La oxitocina, sintetizada en el hipotálamo, es fundamental para el apego emocional y la fidelidad en relaciones duraderas, según estudios. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además del circuito de recompensa, el cerebro cuenta con otros mediadores químicos responsables de diferentes tipos de felicidad.

La oxitocina, sintetizada en el hipotálamo, regula la felicidad ligada al apego emocional y a las relaciones duraderas. Según Pasantes, esta hormona es crucial en el vínculo entre madres e hijos y se la ha relacionado experimentalmente con la monogamia en mamíferos.

Un ejemplo documentado por la investigadora son los ratones de la pradera de Montana, que forman parte del escaso 3% de las especies biológicas monógamas. Estos animales presentan una densidad significativamente mayor de receptores de oxitocina en el cerebro en comparación con especies promiscuas.

Pasantes subrayó en UNAM Global que “es una prueba muy clara de que la oxitocina sí se relaciona con la fidelidad. Por esta razón, las parejas que han compartido muchos años probablemente mantienen una unión cerebral cimentada en la actividad de esta molécula, reconocida como la molécula de la fidelidad.

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