Ayuno prolongado: ¿qué tan bueno o malo es para el hígado?

Aunque muchas personas recurren a tomar cambios en la frecuencia de su alimentación, es importante considerar la supervisión de un profesional

Los efectos del ayuno prolongado sobre la salud hepática. Foto: (Jesús Tovar Sosa/Infobae)

El ayuno intermitente y otras prácticas de restricción alimentaria han ganado popularidad en los últimos años como estrategias para perder peso o “desintoxicar” el organismo. Sin embargo, cuando el ayuno se extiende de forma prolongada o se realiza sin supervisión médica, puede generar efectos negativos sobre distintos órganos, entre ellos el hígado, uno de los principales responsables del metabolismo y la regulación energética del cuerpo.

El hígado cumple funciones esenciales: procesa nutrientes, produce bilis para la digestión de grasas, almacena glucógeno (reserva de energía) y participa en la eliminación de toxinas.

Durante periodos breves sin alimento, el organismo utiliza las reservas de glucosa almacenadas en el hígado para mantener estables los niveles de azúcar en sangre. No obstante, cuando el ayuno se prolonga más allá de lo que el cuerpo puede compensar con normalidad, comienzan a activarse mecanismos metabólicos que pueden resultar perjudiciales.

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La realización de restricciones alimentarias intensas, sin la orientación de un especialista, incrementa el riesgo de acumulación de grasa y otras alteraciones metabólicas que afectan el correcto funcionamiento del órgano encargado del metabolismo y la desintoxicación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los principales efectos del ayuno prolongado es el aumento en la movilización de grasas desde el tejido adiposo hacia el hígado. En condiciones normales, este órgano procesa los ácidos grasos y los convierte en energía. Pero cuando el flujo es excesivo, puede acumularse grasa en las células hepáticas, favoreciendo el desarrollo de esteatosis hepática, también conocida como hígado graso.

Paradójicamente, aunque el hígado graso suele asociarse al sobrepeso y la obesidad, también puede aparecer en personas que experimentan pérdida de peso rápida o desnutrición severa. La reducción brusca de calorías altera el equilibrio metabólico y puede generar inflamación hepática.

Además, el ayuno extremo puede provocar deficiencias de vitaminas y minerales esenciales para la función hepática. Nutrientes como la vitamina B12, el hierro y ciertos aminoácidos son fundamentales para los procesos de desintoxicación y producción de proteínas en el hígado. Su carencia sostenida puede comprometer la capacidad regenerativa del órgano.

Otro riesgo es la alteración de los niveles de glucosa y cetonas en sangre. Cuando el cuerpo agota sus reservas de glucógeno, comienza a producir cuerpos cetónicos como fuente alternativa de energía. Si bien este proceso es natural, en ayunos prolongados puede desestabilizar el metabolismo, especialmente en personas con enfermedades previas como diabetes o trastornos hepáticos.

Un cambio drástico en los hábitos nutricionales puede conducir a desequilibrios metabólicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que las dietas extremadamente restrictivas pueden generar complicaciones metabólicas si no se realizan bajo supervisión profesional. Por su parte, la American Liver Foundation señala que tanto la malnutrición como la pérdida de peso acelerada pueden afectar negativamente la salud hepática.

Los síntomas de daño hepático pueden incluir fatiga persistente, náuseas, dolor en la parte superior derecha del abdomen, coloración amarillenta en piel y ojos (ictericia) y alteraciones en análisis de laboratorio. En casos graves, la inflamación sostenida podría evolucionar hacia fibrosis o cirrosis.

Especialistas recomiendan que cualquier cambio significativo en la alimentación sea evaluado por un profesional de la salud, particularmente en personas con antecedentes de enfermedad hepática, diabetes o trastornos alimentarios. El equilibrio nutricional, más que la restricción extrema, es clave para mantener un hígado saludable.

Si bien el ayuno puede formar parte de prácticas culturales o estrategias médicas específicas, prolongarlo sin control puede representar un riesgo real. La salud hepática depende de una alimentación adecuada, hidratación suficiente y seguimiento médico cuando se adoptan cambios drásticos en la dieta.

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