En los últimos años, las inyecciones para perder peso, especialmente aquellas basadas en semaglutida —un medicamento originalmente diseñado para tratar la diabetes tipo 2—, se han convertido en una tendencia impulsada por celebridades y redes sociales.
Su popularidad creció por las promesas de pérdida rápida de peso, pero detrás de esta moda hay riesgos que no deben ignorarse.
La semaglutida actúa como un agonista del receptor GLP-1, retrasando el vaciamiento gástrico y generando saciedad. Esto permite reducir la ingesta calórica y, con ello, favorecer la pérdida de peso.
No obstante, su eficacia depende de que el tratamiento sea parte de un plan integral supervisado por especialistas.
“Si no se acompaña de cambios sostenidos en el estilo de vida, hay un alto riesgo de rebote al suspenderlo”, advirtió el doctor José Antonio Castañeda, cirujano bariátrico y metabólico.
Un estudio publicado en Diabetes, Obesity and Metabolism refuerza esta advertencia: al año de suspender la terapia, los pacientes recuperaron en promedio dos tercios del peso perdido, incluso manteniendo intervención nutricional.
No es para todos y no es estética
De acuerdo con guías internacionales como las de la FDA y la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad, estos fármacos están indicados únicamente para personas con un índice de masa corporal (IMC) mayor a 30, o superior a 27 si presentan comorbilidades como hipertensión o diabetes. Su uso por motivos meramente estéticos carece de sustento médico.
Aun así, cada vez más personas los consumen sin ser candidatas, influenciadas por tendencias en TikTok o Instagram. “Hemos visto pacientes que los usan sin prescripción y presentan náuseas, vómitos o incluso pancreatitis. Al no recibir seguimiento, abandonan abruptamente el tratamiento y experimentan reganancia de peso”, señaló Castañeda.
Efectos secundarios y falsificaciones
Entre los efectos adversos más comunes se encuentran náuseas, estreñimiento, fatiga, mareos y, en casos graves, pancreatitis o alteraciones digestivas severas. A esto se suma un riesgo sanitario creciente: la venta de versiones falsificadas de Ozempic, que no garantizan seguridad ni eficacia.
Un abordaje integral es clave
“La obesidad es una enfermedad crónica y compleja. Ni las inyecciones ni la cirugía bariátrica son soluciones mágicas; son herramientas que deben usarse con criterio médico y acompañadas de cambios en el estilo de vida”, concluyó el especialista.
El mensaje es claro: antes de dejarse llevar por modas, es fundamental acudir con profesionales y entender que perder peso de forma segura requiere compromiso, supervisión y un enfoque integral.