De las motonetas y el reguetón a las marcas exclusivas: así se creó el “ala fresa” de la Unión Tepito

Desde el corazón de la CDMX se forjó un nuevo estereotipo de “narco tepiteño”, pero al mismo tiempo un grupo de La Unión Tepito se abrió paso entre el exclusivo mundo del glamour y los centros nocturnos exclusivos

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Ésto cobraba la Unión Tepito a los dueños de antros de CDMX (Infobae)
Ésto cobraba la Unión Tepito a los dueños de antros de CDMX (Infobae)

En la segunda década del nuevo milenio comenzó a surgir una nueva imagen de narco mexicano alejado del estereotipo norteño; atrás quedaron las botas vaqueras, los sombreros y los bigotes de los capos que dominaron el tráfico de drogas desde 1970 hasta el año 2000 para dar paso a un nuevo grupo de narcomenudistas, extorsionadores y sicarios abordo de motonetas que ‘patrullaban’ las calles de la Ciudad de México bajo el resguardo de La Unión Tepito.

Se trató de un nuevo estereotipo de narco chilango: con gorras, mariconeras y tenis Jordan era común ver a jóvenes cometer delitos y a otros tantos adoptar esa moda mientras viajaban en sus motonetas y escuchaban reguetón; sin embargo, una célula de La Unión Tepito también se separó de este cliché.

La nueva imagen de los narcos chilangos funcionaba para una parte de la vida criminal de la Ciudad de México, pero para tener el control total hacía falta inmiscuirse en los círculos más elitistas y en los lugares de moda dónde las dosis de droga triplicaban su precio.

En los bares de las colonias Coapa, Narvarte, San Ángel y Polanco no entraban las mariconeras ni los tenis Jordan, pero sí lo hacían las camisas Gucci, Dolce & Gabbana y Louis Vuitton; La Unión Tepito lo sabía y por eso se creó el “ala fresa” del Cártel Chilango.

El Pistache fue detenido en 2018 en Santa Fe (Foto: Twitter@marcosaariel)
El Pistache fue detenido en 2018 en Santa Fe (Foto: Twitter@marcosaariel)

Los fresas de la Unión Tepito

El periodista Antonio Nieto recopiló en su libro “El Cártel Chilango” a algunos de los principales integrantes del “ala fresa” de La Unión Tepito, la cual estaba comandada por dos personajes que se abrieron paso entre el glamour de los círculos más herméticos de la vida nocturna de la Ciudad y el Estado de México.

El principal líder de esta facción fresa fue David García Ramírez, alias “El Pistache”, un personaje con gusto por las marcas de lujo detenido en 2018 y señalado como operador de La Unión Tepito en las colonias Polanco, Condesa, Roma, Juárez y en Ciudad Satélite y Naucalpan; lo acusaron de extorsión a empresarios y restauranteros, de narcomenudeo, de explotación sexual y de trata de personas.

Junto a “El Pistache” también capturaron a Daniel Eduardo León, “El Tiger”; era su mano derecha y según la investigación de Antonio Nieto, estaba obsesionado por todas las prendas de la marca Gucci que tuvieran estampado un tigre; también destacan otros cabecillas identificados como Víctor Vázquez Alor, Eduado Clemente Zaleta “El Bandido”, Jorge Noriega “El Mitzuru”, Axel Espinoza García “El Axel” y Mauricio Peralta Ahuatzi “El Pata Negra”.

Foto:captura especial
Foto:captura especial

La ropa de marca le abrió las puertas a La Unión Tepito

Vestir con ropa cara no sólo les abrió las puertas de los centros nocturnos más exclusivos, también les permitió tener acceso a una clientela que pagaba hasta el tiple por la misma dosis que se vendía en zonas populares.

De la mano de “El Pistache” algunos lugartenientes de La Unión Tepito se mudaron a colonias más exclusivas de la Ciudad de México y convivieron diariamente con influencers, youtubers y actores; “El Alor”, por ejemplo, se camuflaba como uno más de los habitantes de la colonia Narvarte, en sus redes presumía el estilo de vida relajado y fiestero.

Una muestra del estilo de vida que manejaba “el ala fresa” de La Unión Tepito era el propio hogar de sus líderes, pues “El Pistache” y “El Tiger” vivían en High Park Santa Fe, uno de los complejos departamentales más lujosos de la ciudad.

Antonio Nieto reveló que ambos criminales solían acudir a comercios recién abiertos para “tantear” el terreno y saber si podría ser fructífero el negocio; solían acudir en compañía de mujeres voluptuosas y dejaban propinas exageradas para llamar la atención de los propietarios; pedían cangrejo y sushi con bebidas energetizantes; cuando no “trabajaban” iban de shopping a boutiques exclusivas en compañía de modelos -algunas eran sus novias-, de scorts o de participantes de reality shows televisivos.

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