Durante su mayor apogeo bajo el mando de Heriberto Lazcano Lazcano, alias ‘El Lazca’, Los Zetas fueron la organización criminal más sangrienta del país.
En la década de los 2000, esta célula se dedicó enfrentar al Cártel de Sinaloa para impedir su entrada a Tamaulipas y, mientras ampliaba su área de operaciones a base de violencia, premiaba a sus jefes de plaza.
Así lo narran testimonios retomados por el periodista Jesús Lemus Barajas en su libro Los malditos: crónica negra desde Puente Grande. Dentro de las celdas de aquella prisión, el reportero conversó con Juan Sánchez Limón, un exmilitar que fue jefe de Los Zetas en Guanajuato, San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco.
De acuerdo con lo que Sánchez Limón contó en una de sus pláticas, ‘El Lazca’ era un hombre que gustaba de consentir a sus hombres. “Es un tipo a toda madre [...] Es estricto pero benevolente”, aseguró.
La violencia que era capaz de ejercer, aunado a su cercanía con la gente, hicieron de ‘El Lazca’ un hombre a quien respetaban por igual civiles y servidores públicos, tanto así que a sus fiestas acudían elementos del Ejército.
Los festejos más recordados por Sánchez Limón eran las posadas y celebraciones decembrinas. “En la fiesta de fin de año siempre se daban incentivos y regalos a la gente que mejor había desempeñado su función”, sostuvo en una de las conversaciones.
Cuando Lemus lo cuestionó sobre la clase de incentivos que ‘El Lazca’ y sus socios repartían, el exjefe criminal dijo que los regalos iban desde relojes y carteras hasta pistolas o dinero en efectivo, “dependiendo de los trabajos que la persona llevó a cabo”.
Sin embargo, uno de los obsequios más ostentosos y característicos del cártel consistía en un medallón que era otorgado año con año a los jefes de plaza de cada región.
“Se les entregaba una medalla de oro, con una zeta en el centro. Es una medalla que se hace en un centenario y que tiene 19 diamantes dentro de las estrellas que rodean a la zeta, en alusión a cada uno de los 20 zetas que están en la estructura de mando del cártel”, explicó.
Debido a las dádivas de ‘El Lazca’, el Cártel de Los Zetas era percibido por sus integrantes como una organización “mejor que cualquier empresa”.
“Cada uno de los zetas tiene un sueldo seguro, vacaciones cada tres meses, servicio médico de primer para él y su familia, préstamos y seguro de vida por dos millones de pesos, más una pensión para la familia y los hijos, cuando se muere en combate o toca cárcel”, es como Sánchez Limón describió lo que era ser parte de dicho grupo criminal cuando Lazcano Lazcano estaba al frente.