Construir y mantener un matrimonio puede ser complejo por lo que no es raro que académicos de todo el mundo se interesen en la unión conyugal. La decisión de compartir la vida junto a una persona puede ser motor de alegría y felicidad, pero también puede generar lo contrario cuando no se toman en cuenta los principios básicos para la convivencia sana y respetuosa.
En este sentido, el académico Salvador Echeagaray, Director del Departamento de Filosofía en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), decidió unirse a los esfuerzos para entender a las parejas y compartió un decálogo de reflexiones sobre las virtudes fundamentales para sostener un matrimonio sólido y dichoso. En Infobae México utilizamos la herramienta de inteligencia artificial Chat GPT para resumir sus reflexiones que a continuación enlistamos.
Matrimonio feliz, vida feliz
Echeagaray inicia señalando la importancia que tiene la amabilidad en la relación conyugal. Según él, los buenos modales y la atención mutua son esenciales para mantener la felicidad en la vida en pareja. Acciones pequeñas como dar los buenos días y buenas noches, pedir por favor y dar las gracias, así como estar atento para ayudar en todo momento, contribuyen significativamente a la armonía.
El respeto es el segundo pilar clave en el camino hacia la felicidad matrimonial, según el filósofo y enfatiza la necesidad de evitar a toda costa los insultos, las críticas destructivas y las descalificaciones. Y si bien reconoce que es importante la disertación, propone que frente a alguna diferencia o desagrado estas se expresen con tacto y se busque predicar con el ejemplo en lugar de caer en conductas dañinas.
El tercer lugar en su lista de virtudes lo ocupa la alegría. Para el académico, mantener un ambiente jovial y contagiar el buen humor entre la pareja es una herramienta fundamental para superar las dificultades y disfrutar de la compañía mutua especialmente frente a las adversidades de la vida.
La fidelidad, como cuarta virtud, es considerada esencial. El filósofo subraya la importancia de mantener el corazón y el cuerpo enfocados en la pareja, evitando así dividir los afectos y dañar la relación con infidelidades que, aunque puedan ser tentadoras, solo conllevan dolor y sufrimiento a todos los implicados, incluidas las personas con quien se fue infiel.
La laboriosidad ocupa el quinto puesto. El académico alude al dicho popular de “Cuando la necesidad entra por la puerta, el amor sale por la ventana”, y puntualiza que el esfuerzo y el trabajo constante son esenciales para asegurar la estabilidad económica en el matrimonio y evitar situaciones de precariedad prolongadas.
La comunicación asertiva es la clave
El perdón, el sexto aspecto vital, es exaltado como una virtud indispensable para la felicidad de la pareja. Comienza esclareciendo que nadie es perfecto y, por ende, perdonar y pedir perdón son actos necesarios para liberar al corazón de resentimientos y deseos de venganza que solo obstaculizan la armonía entre los cónyuges.
La sinceridad es la séptima virtud en torno a la cual el filósofo reflexionó. Considera que la transparencia en la comunicación fortalece los lazos afectivos y promueve la honestidad, además insiste en que se deben evitar las mentiras, deslealtades y dobles moralidades.
En el octavo puesto se encuentra una virtud que debe ser desarrollada todos los días: la paciencia. Reconoce que todos tienen hábitos que pueden resultar irritantes, pero insiste en la necesidad de ser pacientes y no permitir que los defectos de la pareja afecten negativamente la relación.
La justicia forma parte del sistema de valores de nuestra sociedad, por lo que no es raro que también deba ser aplicada a la relación marital. El académico incita a las parejas a reflexionar si se otorga al compañero de vida el lugar que le corresponde frente a los demás y si se respetan los derechos y deberes como pareja y como personas adultas responsables, aludiendo a la importancia de mantener un equilibrio en la relación.
La caridad, última en la lista, es presentada como el acto entre feligreses de amar al otro por amor a Dios, especialmente cuando el enamoramiento inicial ha cedido paso a una etapa más tranquila. Según Echeagaray, amar con buena voluntad es esencial para encontrar la paz y la satisfacción en la vida en pareja y en general.
El filósofo concluye enfatizando que estas 10 virtudes no sólo son parte fundamental para el mantenimiento de la felicidad matrimonial, sino que también contribuyen a la plenitud en todos los aspectos de la vida.