El centro del poder político en México se encuentra, desde hace siglos, residiendo detrás de los muros del Palacio Nacional, el primer edificio erigido tras la caída de Tenochtitlan. Dicha obra arquitectónica ha sufrido diversas modificaciones desde su creación, por lo que actualmente no se ve igual que hace 150 años.
La actual residencia del presidente de México está asentada sobre los terrenos que alguna vez albergaron el palacio y los jardines del emperador Moctezuma, los cuales fueron utilizados para construir una nueva fortaleza al estilo europeo.
Las Nueve Casas de Moctezuma maravillaron a Hernán Cortés a su llegada en 1519, por lo que —tras derrotar al imperio mexica— ordenó levantar en dicho lugar una nueva sede del poder. En 1529 el rey de España se la regaló al colonizador y en 1562 se convirtió en el palacio real, residencia del virrey, luego de que Martín Cortés —hijo de Hernán— lo vendió a la corona. Desde entonces, dicho lugar ha concentrado el poder por siglos.
No obstante, en la actualidad es posible conocer cómo lucía el gran palacio hace casi dos siglos. Existen algunas fotografías del palacio que corresponden al siglo XIX, en el que México se consolidó como una nación moderna.
Las imágenes fueron capturadas por el geógrafo de origen húngaro y pionero de la fotografía, Pál Rosty, quien visitó la Ciudad de México entre 1857 y 1857, dejando registro de cómo lucía la capital del país y otros lugares de la región en aquel entonces.
En su afamada fotografía de Palacio Nacional se observa que la estructura no contaba con el tercer piso —el cual fue mandado a construir a finales de la década de 1920 por Plutarco Elías Calles—, mientras que en donde actualmente se encuentra la Campana de Dolores había un gran reloj.
La campana, la que Miguel Hidalgo tocó originalmente la madrugada del 16 de septiembre de 1810, fue trasladada desde Guanajuato a Palacio Nacional por órdenes del entonces presidente Porfirio Díaz.
En tanto, dicha fotografía coincide temporalmente con la promulgación de la Constitución de 1857, la cual precedió a la actual Carta Magna que rige el país. Fue en consecuencia de dicho documento que comenzó la guerra de Reforma, en la que liberales y conservadores se disputaron el control del país y que culminó con la llegada de Benito Juárez al Ejecutivo.
El paso del tiempo por Palacio Nacional
Luego de que el hijo de Cortés y La Malinche vendió el palacio a la corona, se convirtió en la sede de la administración de virreinato. Ahí vivieron casi todos los virreyes, con excepción del primero y del último, previo al comienzo de la guerra de independencia.
En 1692 el edificio sufrió un gran incendio, provocado a causa de diversos disturbios por la crisis alimentaria en la ciudad. Tras reconstruirse y ampliarse a sus actuales dimensiones, cinco años después volvió a ser la residencia oficial del virrey. Esa fue la última modificación que sufrió previo a la construcción del tercer piso, ya durante el México postrevolucionario.
Durante muchos años fue el centro de convivencia de la élite española que gobernó la colonia. En su interior se celebraron bodas y diversas fiestas, contaba con una sala teatral, una cárcel y hasta con una plaza de toros, mandada a hacer por el virrey Fray García Guerra.
Tras albergar tianguis, puestos, pordioseros y perros callejeros en algunos de sus patios, el virrey Juan Vicente Guemes “limpió” el interior del recinto. El Palacio fue entregado a Agustín de Iturbide en 1821, quien estableció el primer imperio mexicano. En 1864, con el arribo de Maximiliano de Habsburgo se instaló el segundo imperio.
Tras su fusilamiento, Benito Juárez retomó la presidencia de México en 1867 y tomó el Palacio Nacional como residencia oficial, donde murió entre sus paredes en 1872.