Build A Rocket Boy despide a 170 empleados tras la actualización más reciente de MindsEye

El despido, motivado por supuestos ataques y un fracaso comercial, expone tensiones y vigilancia dentro del sector

Mindseye

El estudio Build A Rocket Boy, responsable del controvertido juego MindsEye estrenado en 2025, atraviesa una crisis sin precedentes en la industria de los videojuegos, después de que fuentes confirmaron que cerca de 170 empleados han sido despedidos en la última semana. Esta decisión se produce semanas después de la polémica actualización Blacklisted, inspirada en supuestos ataques y sabotajes contra el estudio y su juego, mientras las tensiones entre la dirección y el equipo de desarrollo aumentan debido a denuncias legales y acusaciones cruzadas.

Historial de despidos y ruptura con la editorial original

La noticia de los 170 despidos recientes se suma a otras dos rondas de despidos en marzo y el verano pasado, lo que deja al estudio con aproximadamente 80 empleados, una reducción significativa respecto a sus tiempos de mayor plantilla. Algunos empleados, como James Tyler y Tom Cross, confirmaron su situación en LinkedIn, mientras que el equipo social de MindsEye también anunció en Discord su desvinculación inmediata de la empresa.

Estas acciones han generado una percepción de inestabilidad persistente, especialmente tras la ruptura en marzo de Build A Rocket Boy con IO Interactive, la empresa que originalmente iba a publicar MindsEye y que decidió cancelar el esperado contenido descargable relacionado con la franquicia Hitman.

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Contexto de sabotaje y presunto espionaje corporativo

Las tensiones y sospechas internas se han intensificado en los últimos meses. Tras la separación de IO Interactive, el CEO de Build A Rocket Boy, Mark Gerhard, declaró en varias ocasiones que MindsEye fracasó comercialmente debido a sabotaje y espionaje organizados en su contra. Gerhard aseguró que la investigación interna ha encontrado evidencia abrumadora de espionaje organizado, actualmente en proceso de posible acción judicial, razón por la cual no se han divulgado más detalles hasta el momento.

A finales de abril, la controversia aumentó con la revelación de que empleados demandaron al estudio por el uso de software de vigilancia como Teramind AI, sin claridad sobre la naturaleza, almacenamiento o manejo de los datos recopilados a los trabajadores. Este temor a una cultura interna de control y falta de transparencia se ha convertido en tema de debate dentro de la industria y entre equipos de desarrollo de videojuegos, generando malestar y desconfianza entre los empleados que aún permanecen en la empresa.

MindsEye, de Build A Rocket Boy.

Reacciones, consecuencias y repercusión en la industria

El impacto de la crisis de MindsEye y la situación interna de Build A Rocket Boy se extiende más allá del propio estudio, sirviendo como ejemplo de los riesgos de gestión y comunicación en proyectos altamente visibles. Chris Wilson, exlíder de animadores, respondió a las insinuaciones de sabotaje interno: “El equipo de desarrollo lo dio todo para hacer algo muy especial. Jamás intentaríamos sabotear ni destruir nuestra propia compañía”, afirmó al tratar las acusaciones de la dirección.

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El público también ha reaccionado ante esta situación. Aunque MindsEye fue duramente criticado en su lanzamiento -obteniendo apenas 39 puntos en Metacritic en su versión para PC-, las reseñas recientes en Steam muestran una mejoría relativa, subiendo de una recepción mixta a mayormente positiva. Sin embargo, la mejor disposición de algunos jugadores no ha evitado la ola de despidos ni ha restaurado la confianza de inversores, comunidad y desarrolladores. Muchos empleados despedidos han recurrido a redes profesionales y sociales en busca de nuevas oportunidades laborales, lo que evidencia la creciente precariedad laboral incluso en proyectos de gran envergadura dentro de la industria.

Diversos actores de la industria indican que el caso de Build A Rocket Boy y MindsEye podría sentar un precedente para la discusión sobre vigilancia digital, condiciones laborales y la relación entre editoras y estudios independientes. La ausencia de comunicados oficiales y la continua publicación de contenido relacionado con la crisis, como la campaña Blacklisted, mantienen abierto el debate sobre una posible recuperación y el futuro del estudio.