“Vidas paralelas”: un tributo a la curiosidad humana que descubrió el mundo (y el veterano de Malvinas que supo contarlo)

Diez historias únicas donde la realidad y la poesía aseguran una lectura excitante con nostalgia de gestas pasadas en el
primer libro del marino argentino Roberto Ulloa.

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Afuera, una nube apestosa de mosquitos. Adentro, Vidas paralelas. Historias de viajeros que se transformaron en leyenda. Esta obra, editada por Sudamericana, es el primer libro de Roberto Ulloa, y está prologado por Jorge Fernández Díaz. Son diez relatos épicos, fantásticos, hipnóticos donde hay hombres -de carne y hueso- que viajan a lugares recónditos del mapa en la eterna búsqueda de saber qué hay más allá de acá.

Pero no son tipos cualquiera. Son del siglo XIX y pertenecen a una estirpe extinguida. Casi, casi, como los dinosaurios. Sus proezas quedaron en la historia, esa que Ulloa se encargó de rescatar, tal vez como un enorme homenaje a quienes nos antecedieron en la conquista de los mares, los continentes, los territorios y el alma humana, que no es otra cosa que el mundo entero..

Cierto es que en esos viajeros -que tienen algo de Simbad el Marino, mezclado con James Cook y Fernando de Magallanes- el autor también va deshojando el misterio de cómo encontrarse a sí mismo, mientras se navegan océanos revueltos, se exploran tierras inhóspitas y se juega a correr -un poquito más- la línea del horizonte . Según Víctor Heredia, “dicen que viajando se fortalece el corazón”, y algo de eso hay.

“Solo una vez avisté la isla Elefante -escribe Ulloa-, alguien comentó que unos náufragos habían sobrevivido durante meses en esa piedra perdida en el helado mar de Weddell”. Así comienza el relato número ocho, titulado “La imprenta de Frank Wild”, que no solo sobrevivió cuatro meses en un témpano en medio de la Antártida, en condiciones infrahumanas, sino que además escribió y editó un libro “polar” -el primer libro impreso en esa tierra helada- con tapas de madera (de los cajones de provisiones) forradas con piel de foca de Weddell.

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Pero eso fue en 1907, mucho antes de la pretensión titánica de estos dos chiflados de atravesar el continente antártico desde el mar de Weddell hasta el de Ross. No llegaron. Pero al menos volvieron para contarlo. “Varios días navegaron hasta alcanzar la costa norte de la pequeña isla Elefante, quizás más hostil que el hielo. Ningún hombre había pisado antes esa costa yerma y Shackleton supo que nadie llegaría a rescatarlos”.

La aventura fue a bordo de la Endurance y la proeza se llevó a cabo entre 1914 y 1916, explica el novel escritor e hincha de Boca Juniors. Resulta inverosímil pensar que unos simples mortales del 1900 pudieran recorrer kilómetros de nieve como si nada, en donde el diablo perdió el poncho y con un frío polar capaz de quebrarte en dos. La perlita del asunto: ante la frustración de no poder avanzar más en la expedición, armaron un precario campamento que llamaron, nada más ni nada menos que Paciencia. ¿Me estás cargando? No. Le pusieron así. Los amo.

Y sí. Las andanzas de Wild y Shackleton son un tesoro. Pero de la antología de relatos de Roberto Ulloa, mi favorito es el número dos: “El otro jesuita”. Se trata del viaje evangelizador del padre Joseph-Marie Amiot a la China de la cual nunca regresó.

“Con la energía serena de quien se entrega a un propósito más grande que él mismo, Amiot comenzó una vasta obra de traducción en su claustro de la Iglesia Norte de Pekín”. Aquí la pelea era otra: traducir el nombre de Dios a una lengua imposible para poder predicar su Única Verdad en una cultura blindada, ajena e inquietante. ¿Quién ganó la pulseada? Léanla que no tiene desperdicio. Una verdadera alegoría de El arte de la guerra de Sun Tzu.

En fin. Así las cosas en la vida de los legendarios señores que le dieron tinta a la pluma de Roberto Ulloa, a quien -sin duda- le atraen mucho más los confines de la tierra y las leyendas misteriosas que la quietud mutante de alguna serie del streaming nuestro de cada día. “Ser marino- escribió Jorge Fernández Díaz en el prólogo- tuvo que ver con esa búsqueda (del autor) y escribir es solo la excusa para ver que hay más allá del horizonte”. Algo que evidentemente es el motor de este veterano de Malvinas que hoy se estrena como escritor.

Todos los relatos de Ulloa están muy bien documentados y revelan una investigación minuciosa que alienta la lectura y estimula la curiosidad por saber quiénes fueron estos personajes tan aguerridos y lanzados, que arriesgaron todo menos sus metas y objetivos. Y así, entre una página y la otra, aquello que dijo Víctor Frankl va queriendo: somos nosotros quienes, a través de nuestros deseos, proyectos o sueños, le damos sentido a nuestra vida. Son acaso ellos el único motor de nuestra existencia. Y al conocer a los viajeros de Ulloa, no queda duda alguna. Porque “una buena historia le da sentido a todo”, asegura el marino. Y es así.

Quién es Roberto Ulloa

♦ Nació en 1957, en la ciudad de Buenos Aires.

♦ Se graduó como Guardiamarina en la Escuela Naval y su primera navegación, a bordo del Destructor Bouchard, fue para recuperar las Islas Malvinas.

♦ Fue buzo táctico y Agregado Naval en Perú.

♦ Dirigió la Gaceta Marinera, publicación cuyo objetivo fue poner en valor el vínculo de la Armada con los argentinos.

♦ Actualmente es profesor universitario, padre de cuatro hijos y abuelo de dos nietos.