Lanata investiga las raíces del problema más viejo de la Argentina: “Está oxidada, la corrupción es su óxido”

En su nuevo libro, el periodista escribe una “historia de la corrupción argentina a través de cinco siglos, del Virreinato al Olivosgate”. Qué pasa “cuando la ley se transforma en una ficción que solo resulta útil a los tentáculos del poder”.

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En su nuevo libro, "Óxido", Jorge Lanata explica cómo fue cambiando la idea de corrupción en Argentina desde su fundación hasta hoy. (Gastón Taylor)
En su nuevo libro, "Óxido", Jorge Lanata explica cómo fue cambiando la idea de corrupción en Argentina desde su fundación hasta hoy. (Gastón Taylor)

“El inventor de la barrera siempre cobró peaje”, escribe Jorge Lanata en su nuevo libro, Óxido, una extensa investigación en la que el periodista intenta trazar una “historia de la corrupción argentina a través de cinco siglos, del Virreinato al Olivosgate”.

Para Lanata, la corrupción es el principal y más viejo problema del país, ese que la viene oxidando incluso desde antes de su fundación. “Esta es una selección de los hechos más notables de corrupción desde que Argentina no era tal hasta 2023 (...) Se observará que la ‘idea’ de corrupción cambió, y que el óxido que fue corroyendo nuestras tuberías se amplió y perfecciono poniéndose al abrigo de la impunidad”, escribe.

Aunque este problema parece estar “a la vista de todos”, Lanata aporta datos concretos que no dejan de alarmar, como que solo el 12% de los hechos de corrupción conocidos llegan a la Justicia y solo el 2% recibe algún tipo de condena. Así, el autor de libros como Argentinos y 56 sentencia: “No hay un país posible sin Justicia independiente”.

¿Cuál es el origen de la corrupción? ¿Es posible desterrar para siempre algo que forma parte del país incluso desde antes de que exista como tal? ¿Cómo fue cambiando a través de los distintos gobiernos? ¿Qué consecuencias tiene en los ciudadanos el hecho de que ya no existan funcionarios inocentes ni culpables, sino solo sospechosos? En Óxido, editado por Sudamericana, Lanata escribe una minuciosa historia de la corrupción que busca entender el pasado para alumbrar el futuro.

Así empieza “Óxido”, de Jorge Lanata

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Argentina está oxidada. La corrupción es su óxido. Óxido proviene del griego y significa ácido, es el compuesto químico que surge de la combinación del oxígeno y un metal. La oxidación sucede cuando un compuesto pierde uno o más electrones. Un buen ejemplo es la corrosión de las tuberías de agua: tienden a quebrarse en el tiempo y a contaminar el agua con pequeñas dosis de óxido. El óxido es un cáncer. El óxido se extiende, inadvertido. El 22 de junio de 1979, en los estudios de Reprise Records, Neil Young grabó un álbum titulado Rust never sleeps (El óxido nunca duerme). Young nunca imaginó que iba a contar la historia de un país.

Esta es una selección de los hechos más notables de corrupción desde que Argentina no era tal hasta 2023, año de publicación de esta primera edición. Se observará que la “idea” de corrupción cambió, y que el óxido que fue corroyendo nuestras tuberías se amplió y perfecciono poniéndose al abrigo de la impunidad.

Algo, sin embargo, se mantuvo invariable: el rol del Estado a la hora de diferenciar entre hijos y entenados: el inventor de la barrera siempre cobró peaje. Jueces venales completan el cuadro, sumándose a un Poder Judicial dependiente del Ejecutivo que lo convirtió en “tiempista”. No hay un país posible sin Justicia independiente.

Un análisis de las bases de datos del Observatorio de la Corrupción de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y de la Corte Suprema, firmado por Mariel Fitz Patrick, Sandra Crucianelli e Iván Ruiz, determinó que solo el 12 % de los casos de corrupción que tramitó la Justicia Federal de la Capital en los últimos treinta años llegó a juicio oral. De 1736 causas por delitos en la función pública iniciadas entre 1980 y 2022 (de las cuales el 78 % fueron abiertas a partir de 2013), solo el 6 % (25 causas) llegó a juicio. La mayoría de los casos culminó con el archivo (21 %) o el sobreseimiento (20 %) en la etapa de la investigación. Solo el 2 % llegó a una sentencia de culpabilidad. El promedio de duración de este tipo de causas está entre los seis y los diez años. En 2021 el Foro de Estudios sobre la Administración Pública (FORES) presentó a la OEA un informe titulado “Un país en estado de sospecha: la Argentina y la corrupción 2009-2021″. Sus conclusiones generales describen la situación judicial:

Jorge Lanata: "No hay un país posible sin Justicia independiente".
Jorge Lanata: "No hay un país posible sin Justicia independiente".

♦ “La gran mayoría de las causas en donde se investigan hechos de corrupción no concluyen: los acusados son sobreseídos por prescripción, muerte del imputado, duración excesiva del proceso (más de 20 años) o porque las pruebas se degradan o erosionan.

♦ En estas condiciones, no hay funcionarios inocentes ni culpables: son sospechosos.

♦ La Argentina tiene un sistema normativo aceptable para combatir y reprimir la corrupción. Pero las reglas no se cumplen. Parecería que el país ha construido un sistema funcional a la corrupción, sea en forma deliberada, sea por omisiones o negligencias.

♦ La Auditoría llevada adelante por el Consejo de la Magistratura de la Nación respecto de las causas de corrupción en la Justicia Federal reveló problemas de recursos humanos, tecnológicos y funcionales que hacen casi imposible investigar y sancionar la corrupción en nuestro país.

♦ Las notorias demoras en la tramitación de los juicios reflejan una preocupación más por los aspectos formales que por un interés concreto en hacer avanzar las causas.

♦ Diferentes órganos del Estado se hacen juicio unos a otros por negarse unos a compartir información con otras instituciones estatales, con un notorio desinterés por el avance de las causas.

♦ Durante el período 2009-2016, los casos en donde se investigan hechos de enriquecimiento ilícito son aproximadamente 600, pero en el mismo período se registra solo una condena.

♦ Las causas prescriben pero ningún funcionario judicial ni del ministerio público es investigado o auditado por haber permitido la prescripción”.

Jorge Lanata: "¿La corrupción forma parte de la personalidad de una Argentina oxidada?". (Fraco Fafasuli).
Jorge Lanata: "¿La corrupción forma parte de la personalidad de una Argentina oxidada?". (Fraco Fafasuli).

Sucede frente a nuestros ojos: ¿queremos verlo? Deberíamos detenernos aquí en dos teorías psicológicas:

1. La disonancia cognitiva: el concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el psicólogo estadounidense Leon Festinger, en su obra A Theory of Cognitive Dissonance (Teoría de la disonancia cognitiva). Refiere a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, que presenta dos pensamientos en conflicto, o un comportamiento que entra en conflicto con nuestras creencias. Para dar un ejemplo clásico, en la fábula de Esopo “La zorra y las uvas”, cuando la zorra no logra alcanzar las uvas, decide que ya no las quiere. Festinger sostiene que si una persona que ha sido criada con valores pacifistas se enfrenta a una guerra, debe, para reducir las tensiones que se producen en su interior, justificar y revisar sus valores anteriores: la defensa de la Patria, evitar males mayores, etc.

2. El sesgo de confirmación: es una distorsión del pensamiento que representa la tendencia automática a buscar información que confirme las convicciones que ya tenemos. En los países anglosajones lo llaman cherry picking. En su libro de 2020 Por qué creemos en mierdas, el psicólogo sanitario y divulgador Ramón Nogueras afirma sobre el sesgo de confirmación: “Es la solución a la disonancia cognitiva y es lo que más importa cuando explicamos por qué creemos en mierdas y, sobre todo, por qué seguimos creyendo en mierdas, aunque nos demuestren que no son verdad”.

Consuelo de tontos

La historiografía (la Academia, bah) se ha resistido durante décadas a mencionar, siquiera, la palabra ‘corrupción’. La palabra, parece, es demasiado asertiva para quienes enarbolan una supuesta objetividad. Escribió Stephan Ruderer, profesor asistente en el Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile:

Debido a la dificultad para definir el término ‘corrupción’ y la carga moral que contiene, los historiadores se han mostrado reacios, durante mucho tiempo, de utilizarlo como categoría analítica. Una definición mínima, que hoy también es aceptada por la mayoría de los investigadores, se refiere al ‘abuso de un puesto público para el beneficio privado’ (Johnston 1996: 321-335). Fue la definición de James Scott la que abrió el campo de la corrupción a la investigación historiográfica. Scott destaca tres aspectos de la corrupción: abuso de un puesto público, discusión pública y existencia de reglas y normas establecidas, que se quiebran para beneficio propio (Scott 1972: 36-55). En este marco, el debate público adquiere un papel fundamental al definir corrupción como un ‘delito de percepción’; esta solo se vuelve tangible en la ‘comunicación sobre corrupción’ (von Alemann 2005: 14). Esto implica que el significado del término corrupción es algo cambiante, que depende del estado actual de las normas y reglas que rigen una sociedad.

Jorge Lanata: "Solo el 12 % de los casos de corrupción que tramitó la Justicia Federal de la Capital en los últimos treinta años llegó a juicio oral. Solo el 2 % llegó a una sentencia de culpabilidad".
Jorge Lanata: "Solo el 12 % de los casos de corrupción que tramitó la Justicia Federal de la Capital en los últimos treinta años llegó a juicio oral. Solo el 2 % llegó a una sentencia de culpabilidad".

Si las respuestas son cambiantes, habrá que recurrir a la filosofía, esto es, a las preguntas permanentes. ¿La corrupción forma parte de la personalidad de una Argentina oxidada?

Empecemos por ethos: la palabra proviene del griego y significó, primitivamente, estancia, lugar donde se habita. En la tradición aristotélica llega a significar modo de ser y carácter, pero no en el sentido pasivo de temperamento como estructura psicológica, sino en un modo de ser (activo, no estático) que se va adquiriendo e incorporando a la propia existencia. El segundo significado de la palabra ethos es hábito, costumbre. Así, el término fue empleado en el mundo helénico con dos significados: a) con eta (e larga), ethos tiene relación con el concepto de carácter; y b) con épsilon (e breve), ethos denota el concepto de costumbre. Sin embargo, en el paso del griego al latín se debilitó uno de sus significados, ya que en latín solo existe una palabra para expresar los dos significados de ethos: este término es mos (en plural, mores, de donde viene la palabra moral) y significa costumbre.

La moral es un conjunto de juicios relativos al bien y al mal, destinados a dirigir la conducta de los humanos. La ética, por otro lado, es una reflexión sobre la moral. La ética, como filosofía de la moral, se encuentra en un nivel diferente: se pregunta por qué consideramos válidos unos y no otros comportamientos. Heráclito, uno de los más importantes filósofos presocráticos, en el año 500 a. C. advirtió en el ethos una cualidad casi mágica que resulta aún hoy, sin embargo, del todo real. “El ethos es el daimon del ser humano”, escribió en su aforismo 119. La traducción más llana sería: “La casa es el ángel protector del ser humano”.

Pero, aunque en aquellos buenos viejos tiempos las diferencias entre filosofía, poesía y ciencia no eran tan notables, Heráclito no se refería al daimon (“ángel protector”) como una metáfora: el ethos, la casa, no estaba constituido solamente por cuatro paredes y un techo, también formaban parte de ella las relaciones de sus habitantes entre sí, las tradiciones y los sueños. Aquella amalgama que hacía del ethos una verdadera casa era fruto de la presencia del daimon, un ángel bienhechor. Sócrates llamó “voz interior” al ángel de Heráclito, pero guardando el mismo sentido. “Una voz profética dentro de mí —definió— proveniente de un poder superior. Una señal de Dios”. Aunque sonara místico, nada estaba más cerca de lo concreto: se referían así a la conciencia, al sentimiento íntimo de lo justo.

Una nación, entonces, no podría sino estar compuesta de ciudadanos, vinculados por la lealtad y una memoria común, basada en la reciprocidad.

Ernest Renan va más allá al proponer que “una nación es un alma, un principio espiritual”; en ella se deben “haber hecho grandes cosas juntos, querer hacerlas todavía. Se ama en proporción a los sacrificios soportados, a los males sufridos. La existencia de una nación es (perdónenme esta metáfora, pide Renan) un plebiscito todos los días, del mismo modo que la existencia del individuo es una perpetua afirmación de vida”.

¿Qué sucederá, entonces, cuando esa visión trascendente se nubla, cuando esos vínculos del saber íntimo del bien y el mal se tuercen, cuando el sentido de pertenencia histórica recíproca deja de percibirse como un valor, cuando la ley se transforma en una ficción que solo resulta útil a los tentáculos del poder?