Con el fin de acercarse a la comprensión de un conflicto que parece no tener fin, el renombrado escritor peruano Mario Vargas Llosa emprendió un viaje junto a su hija Morgana a Israel y Palestina en el año 2005.
Su objetivo era entender las implicaciones de la decisión del entonces primer ministro israelí Ariel Sharon de desalojar los asentamientos en Gaza. Lo que presenció y experimentó el nobel peruano durante este viaje quedó plasmado en el libro Israel-Palestina: paz o guerra santa, una obra que arroja luz sobre los oscuros rincones de este conflicto que ha perdurado por generaciones.
En su libro, Vargas Llosa ofrece una crónica descarnada de la situación en la región, sin miedo a denunciar las políticas anexionistas de Israel en los territorios ocupados, así como las violaciones de derechos humanos y la confrontación visceral que prevalece entre los extremistas de ambos lados.
El autor presenta una visión equilibrada, reconociendo tanto los logros como los problemas de Israel. Él ve a Israel como un estado moderno y democrático, pero no se ahorra cuestionamientos respecto a las prácticas discriminatorias contra los árabes israelíes y la influencia de la ultraderecha en la política interna.
En su viaje, Vargas Llosa descubre una voz crítica dentro de Israel, personas que cuestionan la política exterior del gobierno y que ven la importancia de buscar una solución pacífica, pues no todos los israelíes apoyan ciegamente las acciones de su gobierno.
El libro también ofrece una visión de la Franja de Gaza, donde miles de palestinos viven en campos de refugiados, luchando contra el hambre, la enfermedad y la desocupación. Estas personas, según Vargas Llosa, han aprendido a desconfiar tanto de Israel como de la Autoridad Palestina y han depositado sus esperanzas en Hamás, el grupo armado islámico que promete borrar a Israel del mapa.
El autor no se limita a hablar sobre Israel, sino que se sumerge en la realidad de los territorios palestinos ocupados. Describe con detalle el impacto del muro en Cisjordania, una estructura que, en lugar de proporcionar seguridad, parece alimentar la violencia y la hostilidad. Vargas Llosa denuncia las restricciones de movimiento, la separación de familias y comunidades, y la opresión que sufren los palestinos en su día a día.
Uno de los momentos más conmovedores de estas páginas es el relato sobre Hebrón, una ciudad que vive bajo una ocupación civil y militar. El odio de los colonos judíos hacia los árabes crea un ambiente de constante violencia. A través de testimonios de víctimas de ambas partes, el autor destaca la irracionalidad de este conflicto y cómo la violencia a menudo surge de la frustración y la miseria.
Vargas Llosa entrevista a figuras clave en el conflicto, como Simon Peres y Amos Oz, quienes comparten sus perspectivas sobre la situación y la importancia de reconocer un estado palestino. También destaca la voz de Ilan Pappe, un judío que se opone a la política anexionista de Israel y aboga por una solución pacífica. El peruano plantea la preocupación de que las negociaciones fracasen y que el conflicto se radicalice aún más, con consecuencias más allá de la región. También insta a Estados Unidos, el principal aliado de Israel, a ejercer su influencia para fomentar soluciones negociadas.
El libro de Mario Vargas Llosa, si lo vemos hoy, nos propone una mirada cruda y honesta al conflicto Israelí-Palestino, no muy distinta a lo que sucede en estos días. Más que antes, estas páginas se convierten en un llamado para dejar de mirar hacia otro lado e intervenir en un conflicto sustentado en el fanatismo que ha dejado cicatrices profundas en la historia de ambas naciones.