“Fieras familiares”, una historia de amor a los animales, del zoólogo mexicano Andrés Cota Hiriart

Con este título, el autor fue uno de los finalistas del I Premio de No Ficción Libros del Asteroide. Una verdadera oda a los animales y su importancia como parte del entorno natural

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El mexicano que sobrevivió al ataque de una pitón de cuatro metros es el autor de "Fieras familiares", título publicado por Libros del Asteroide. (FRANCESC MELCION).
El mexicano que sobrevivió al ataque de una pitón de cuatro metros es el autor de "Fieras familiares", título publicado por Libros del Asteroide. (FRANCESC MELCION).

¿Qué hay que hacer si una serpiente pitón intenta mordernos? ¿O si hay un cocodrilo cruzando el camino? ¿Cómo identificamos un ajolote? ¿Qué carajos es un tarsio? El mexicano Andrés Cota Hiriart, zoólogo, naturalista y escritor, se dedica a responder estas y otras preguntas en su libro “Fieras familiares”, publicado en 2022 por la editorial española Libros del Asteroide.

Son alrededor de 296 páginas en las que el autor relata varias de sus vivencias junto a exóticos animales, los cuales lo han acompañado a lo largo de casi toda su vida, desde que era un niño interesado por la naturaleza, hasta que se convirtió en zoólogo y decidió hacer de su casa un resguardo improvisado de animales.

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Muy joven, Cota Hiriart se dedicó a viajar por el mundo, con el fin de visitar sitios como las islas Galápagos, Borneo, Sulawesi y la isla Guadalupe, entre otros, en la búsqueda de la fauna salvaje más insólita: insectos, reptiles, anfibios, ajolotes, orangutanes, dragones de Komodo, tarsios y leones marinos. Todos en sus hábitats naturales. Y son estos, precisamente, de los que se ocupa el mexicano en este libro, a lo Gerald Durrell, en cuyas páginas las memorias y las anécdotas personales se funden con precisión con la divulgación científica.

Portada del libro "Fieras familiares", de Andrés Cota Hiriart. (Libros del Asteroide).
Portada del libro "Fieras familiares", de Andrés Cota Hiriart. (Libros del Asteroide).

En “Fieras familiares”, título finalista del I Premio de No Ficción Libros del Asteroide, el zoólogo mexicano deja a los lectores la cara más honesta de su pasión por la naturaleza y reflexiona en torno a la indiscutible responsabilidad que tenemos los seres humanos con el planeta y su conservación. Las que reunió aquí, apunta la editorial, son unas memorias salvajes y cautivadoras que nos enseñan a respetar la vida que nos rodea y a dejarnos maravillar por su asombrosa riqueza.

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Con buen tino, Cota Hiriart analiza la forma en que llegó a desarrollar, por ejemplo, su primera afición herpetológica, que lo llevó a coleccionar desde peces beta hasta tortugas japonesas y cangrejos, culebras de agua, salamandras y basiliscos. La afición lo condujo a tener a una boa constrictor de treinta kilos y cuatro metros de largo como su compañera de habitación durante más de quince años.

Teniendo una madre alérgica a los perros y a los gatos, siendo un niño, el autor se hizo de otras “mascotas”, y eso ayudó a que sus aficiones crecieran casi al punto de convertirse en una adicción. De repente, ya no solo estaba interesado, sino que necesitaba tener cerca a estos animales.

En el libro, el autor cuenta que todo inició con los ajolotes, por el aspecto que tienen. Le hacían pensar en bestias de alguna película de ciencia ficción o una historia de Julio Verne. Estos animales lo ayudaron a superar etapas difíciles de su vida escolar, cuando otros chicos lo hacían sentir mal. “No sé cómo será para el resto, pero mi memoria suele anclarse en las fieras con las que interactué en cada momento específico de mi vida; y es bien sabido que, aunque las impresiones sobre uno mismo se alteran con el tiempo, los tótems son inamovibles”.

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Después vinieron otros animales, como la pitón albina, que bautizó Güera Rodríguez, en honor a su madre, y los escorpiones emperador, las boas arcoíris, los camaleones de cuatro cuernos, y los cocodrilos de río. En un momento, Cota Hiriart se atrevió a llevar varios de ellos en su equipaje, cada vez que viajaba, y en más de una ocasión temió que lo acusaran de tráfico de especies.

Con el correr de las páginas, atravesando historias fascinantes cargadas de humor y brillantez, el autor mexicano se ocupa de analizar la estupidez humana en relación con la poca conciencia que tenemos respecto a la fauna salvaje que nos rodea, lo realmente valiosa que es y la manera como nos hacemos los de la vista chica, el permanente daño que les seguimos haciendo, aun sabiendo que estamos mal, y la manera en que nos sentimos los dueños de absolutamente todo.

“Viendo cómo marchan las cosas actualmente en el medio silvestre (sin ir más lejos, el lago de Pátzcuaro se ha reducido a menos de la mitad del tamaño que tenía aquel día en el que estábamos recolectando ajolotes), no me extrañaría que Agustín hubiese sufrido un infarto. Quizá su corazón se detuvo cuando talaron buena parte del bosque al que llegan anualmente las mariposas monarcas o debido al ecocidio generado por la industria del aguacate. Quién sabe, tal vez ni siquiera llegó a ver eso. Tal vez lo desaparecieron, como a tantos otros ambientalistas, por defender la tierra; una práctica habitual en este país” - (p. 30, “Fieras familiares”).

El libro incluye una jocosa y muy útil guía para sobrevivir al ataque de una anaconda en la selva, que en realidad no se parece en nada a lo que pasan los actores de la película. Cota Hiriart aclara que dicha guía solo funciona en caso de un ataque furtivo y nocturno, porque si a la serpiente gigante le da por desplomarse sobre una persona desde la copa de un árbol, no hay posibilidad alguna de escape. “Cualquier lucha cuerpo a cuerpo, tratándose de un ejemplar de proporciones considerables, lleva implícita tu derrota”, explica.

Pues bien, el viaje que propone “Fieras familiares” es uno atípico en más de un sentido, pero sí que adquiere relevancia, nos interese o no el reino animal, en tiempos donde parece que, de pronto, alguna bestia nos devora de a pocos, y es la misma que acaba con todas estas especies. Nadie más que nosotros mismos.

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